El documento de propuestas para un Pacto social y político en educación señala, como objetivo 3, la flexibilidad del sistema educativo, especialmente en los estudios postobligatorios. En este sentido, propone en el nº 39 lo siguiente: “Revisaremos la estructura del Bachillerato, para flexibilizar su organización y establecer los procedimientos necesarios para que el alumnado pueda superar todas las materias que lo configuran, incentivando la responsabilidad y el esfuerzo para la pronta superación de dificultades y el avance de los estudios”.
Esta propuesta puede pasar inadvertida entre la otras 135 que contiene el documento, la mayoría de las cuales son reflejo de la regulación ya existente en la LOE. Para comprender el significado del número 39, conviene recordar que hace casi un año el Tribunal Supremo anuló el precepto del Real Decreto de Enseñanzas Mínimas del Bachillerato que permitía pasar de 1º de Bachillerato con 3 ó 4 suspensos y ampliar la matrícula con 2 ó 3 materias de 2º curso. Aquella medida tenía como objetivo confeso, y así figuraba en el expediente administrativo, la organización flexible del Bachillerato. Es decir, organizarlo en tres cursos, en función del itinerario que se diseñara el propio alumno, rompiendo la estructura de curso de este nivel e implantando un sistema similar al universitario, en el que el alumno se matricula de asignaturas, sin más límites que las normas de prelación entre las mismas. El Tribunal Supremo consideró que esta forma de organización “flexible” vulneraba la LOE.
Aquella regulación, entre otras consideraciones de carácter legal, suponía un grave quebranto a los centros privados de Bachillerato. La organización de un Bachillerato con alumnos de primero, alumnos de medio primero y medio segundo, y alumnos de segundo se convertía en un verdadero galimatías que sólo podían afrontar los centros que tuvieran no menos de 10-12 unidades de Bachillerato. El resto se vería forzado a no permitir tal posibilidad a los alumnos puesto que era imposible configurar los horarios sin solapamientos para que todos asistiesen a sus respectivas clases.
En su momento el Ministerio y distintas comunidades autónomas consideraron que esta medida favorecía la permanencia en el Bachillerato. Se constataba que los alumnos de primer curso abandonaban cuando al tener más de dos suspensos se veían abocados a repetir todas las asignaturas, incluidas las aprobadas. De esta forma, al hacerlo más “digerible” se podría llegar a los objetivos de titulados de Bachillerato fijados en la agenda de Lisboa. Era el camino más corto. Pero a la vez, suponía implícitamente el reconocimiento de un fracaso: el de la insuficiente preparación de los alumnos de la ESO.
Ahora el Ministerio vuelve a la carga. Que el Tribunal Supremo no me da la razón, pues cambio la Ley. Y efectivamente el Parlamento puede darle la vuelta al calcetín del Bachillerato. Pero sería bueno que la propuesta se hiciera de frente y por derecho y no con los eufemismos utilizados en la propuesta nº 39 del documento. Si para 4º de la ESO se habla sin ambigüedades de dos itinerarios (Bachillerato y FP), sería muy deseable que el Ministerio dijera también claramente cómo quiere que sea el Bachillerato. A estas alturas no se puede firmar un pacto sin saber los conejos que andan escondidos en la chistera. Y éste, más que un conejo, es un tigre que puede terminar devorando a los centros privados de Bachillerato. Sería, entonces, una razón de más para concertar este nivel.
José A. Poveda González
Abogado de Escuelas Católicas
Martes, 29 de mayo
Escuelas Católicas
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo