Escuelas Católicas

Mi vida está vinculada a Haití. Aquí seguiré mientras Dios lo quiera.

05.03.10 | 09:05. Archivado en Cooperación
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Hola a todos,

He conseguido un módem y estoy casi en la calle, literalmente hablando. Tengo montones de mensajes de animo, de apoyo, de solidaridad. No puedo contestar a cada uno. A muchos de los que me escribís ni siquiera os conozco ni me conocéis, pero agradezco vuestra cercanía. Me emociona leeros y saber que tantas personas sois capaces de entender el dolor de esta catástrofe.

Me estoy tomando ahora la vida con más calma. Aunque realmente no sé si llamarlo calma o es que voy perdiendo fuerzas. Las urgencias del primer mes ya van pasando. La gente empieza a intentar hacer vida normal y eso, nos dicen, es buena señal. Aunque la ciudad sigue viéndose desolada, destruida y llena de organizaciones intentando ayudar.

A mí me está costando más. No sé cómo es vida normal para mí. Cada día hay algo diferente y se va haciendo camino al andar, como dice Machado. Me dedico más a logística, a hacer de enlace, a buscar alimentación, medicación y llevarla donde me lo piden, hago de chofer de los médicos para llevarlos a los hospitales donde trabajan, llevo a enfermos a hacer radiografías o análisis donde lo necesitan, busco especialistas que pueden tratar casos concretos y cosas por el estilo, de aquí para allá todo el día con el coche. Nada en concreto y todo en general. Donde me llaman voy y me siento útil porque puedo hacer cosas que los que vienen de fuera no pueden, tanto como traductora, como chofer, como mediadora. Y está bien, pero mi vida sigue en esa confusión de que no sé cómo va a seguir, a qué me voy a dedicar a partir de ahora, a quién, cómo, desde dónde...

Lo de tener casa propia, sé que va para largo, a parte de que me parece un lujo. Primero porque tengo miedo a entrar bajo techo todavía y segundo porque hasta que construyamos, hasta que decidamos dónde y para qué... Nos hace falta tiempo.

Los religiosos nos empezamos a reunir para hablar sobre esto mismo, cómo organizarnos, cómo llegar a la gente, dónde ubicarnos, para hacer qué... es un interrogante todavía, pero me consuela ver que más o menos todos estamos igual. Y lo más impresionante en este momento y en estas circunstancias es esto, que todos estamos igual. No ha tocado más a los pobres que a los ricos, todos estamos en la calle, sin saber, igual el Gobierno, que la Iglesia, que los religiosos, que el pueblo llano. Esto es una experiencia muy honda para mí. Y ahora más que nunca entiendo a Juan cuando escribe: “La Palabra se hizo carne y puso su tienda entre nosotros”. Ahora es tiempo, es la oportunidad de acampar entre el pueblo; no es que estemos con ellos, es que estamos como ellos y saber ésto me hace comprender más que nunca lo que sabía con palabras del misterio de la encarnación. Cuando yo decía que quería estar entre ellos, como ellos, con ellos... no sabía lo que me decía, ni lo que realmente suponía. Qué fácil era decirlo y qué difícil es vivirlo. Desde que he perdido mi casa, mi comunidad, mi trabajo, algunos amigos… qué distinto es leer la Palabra.

En el encuentro de religiosos del otro día constatamos la fragilidad psicológica en que está la gente ahora y la nuestra propia. Hemos de seguir acompañando al pueblo pero somos acompañantes heridos y debemos curarnos nosotros si queremos ayudar a los demás. Me cuesta reconocer mi fragilidad en este momento de tanta necesidad pero es así. He intentado seguir trabajando como todos los que están viniendo a ayudar, hacer lo que toca en estos momentos de tanto dolor y desorganización general... pero se me acaban las fuerzas y cada día me siento más débil. Necesito ayuda y la he pedido. Mi congregación me anima a ir a Estados Unidos a descansar, reponerme y curar un poco mi alma. Iré a ver a Viv, mi compañera de comunidad que se rompió el brazo en el terremoto, a mi provincial Eileen y a mi hermano Javier que va a venir a verme unos días. Estaré allí un par de semanas y volveré. Me dicen que debo hacer terapia. Todos los religiosos que hemos estado en el terremoto tenemos que hacer terapia y nos están animando a hacerlo y facilitándonos los medios para ello. Cada uno tiene una historia a cual más impresionante y más dura. Si las conociera todas no sé si podría digerirlo. Siento que absorbo todo el dolor que veo a mi alrededor y me pesa como una roca en mis espaldas. Tengo dentro todo lo que he visto y vivido, registrado en mi mente como a fuego. Aún tengo miedos, dolores de cabeza, palpitaciones, insomnio... como todos. Y no puedo ayudar a los otros si no me ayudo a mí misma.

Sé que es un privilegio que no tiene todo el mundo el poder ir a Estados Unidos para que me acompañen y me ayuden, pero creo que lo debo hacer. Me cuesta dejar esto, pero ahora estoy demasiado baja para seguir trabajando, no tengo fuerzas. Mi cabeza quiere pero mi cuerpo, mi ánimo, no me siguen. Así que posiblemente me vaya el próximo fin de semana.

Gracias de corazón a todos los que conociéndome o no, me habéis escrito y animado. No he podido leer todo porque no tengo Internet y cuando lo tengo me encuentro 200 mensajes y no tengo tiempo de leerlos todos con tiempo y calma, pero lo que sí sé es que tengo muchos amigos y muchas personas a mi lado y eso ha sido muy bonito e importante.
Gracias de verdad. Dije en mi otra carta que estaba derrumbada, pero no, no me derrumbo; quizá porque cada uno de vosotros “no me lo permite”.

Que nadie se preocupe. Seguiremos adelante. Mi vida está más vinculada a Haití y aunque no tengo ni idea de cómo, seguiré viviendo y trabajando por este pueblo, con este pueblo y como este pueblo. Aquí seguiré, mientras Dios lo quiera.

Un abrazo bien fuerte a todos

Gracias,
Isa Sola rjm


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Martes, 29 de mayo

    BUSCAR

    Los mejores videos

    Síguenos

    Hemeroteca

    Noviembre 2011
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    282930    

    Sindicación