Una ilustre maestra, Doña Jimena Menéndez Pidal, cofundadora del Colegio Estudio de Madrid, me aseguraba, por su experiencia pedagógica, que se daba el caso de niños prodigio que de pronto se estancaban y niños de coeficiente intelectual normal, que poco a poco sobresalían. Investigados los expedientes, resultaba que los niños, incluso superdotados, que vivían en familias con problemas, sufrían el estancamiento, mientras que crecía la capacidad de aquellos a los que les rodeaba un clima familiar culto y armónico.
También me contaba que frecuentemente, al investigar las circunstancias familiares de algún niño que tenía una conducta extraña porque actuaba con violencia o no acudía a clase o se escapaba, se hallaba la coincidencia de que sufría problemas en su casa.
Me llegó a reconocer que lo más que la educación de un colegio modificaba la conducta de los niños era un 5%. La familia suponía un 85% en la determinación de la forma de ser de los muchachos, y el resto otros factores.
La restauración de las conductas pasa por normalizar la convivencia familiar. La familia supone un detonante en el descontrol del muchacho o una posibilidad única para su crecimiento y madurez.
Ángel Moreno Sancho
Capellán del Monasterio Cisterciense “Madre de Dios” en Buenafuente del Sistal
Martes, 29 de mayo
Escuelas Católicas
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Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
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