En mi anterior comentario sobre el artículo “el cáncer de la enseñanza” de Don Carlos Fernández Liria difundido por el diario Público el pasado 9 de diciembre, señalaba que no menos grave me parecía su definición de la libertad de enseñanza: “el derecho de los hijos a librarse de los prejuicios y de la ideología de sus padres, gracias a un sistema de instrucción pública controlado por la sociedad civil mediante oposiciones y tribunales bien legislados”. Sólo le ha faltado decir que controlado por él mismo.
Parece sacado de la estrategia de Antonio Gramsci, uno de los fundadores del partido comunista italiano. Gramsci sostenía que ninguna ideología podía imponerse por la fuerza, sino a través de una mentalización previa, de la construcción de un nuevo pensamiento o sentido común de la gente. Para ello había que adueñarse de medios de comunicación, universidad, escuela y las artes. ¿Suena, verdad? ¿Qué obstáculos tiene este proceso? Gramsci señalaba al menos estos dos: la Iglesia Católica y la familia. Si hay que construir un modo de pensar en los nuevos valores revolucionarios, la familia, primera educadora del hombre desde su nacimiento y durante los primeros y cruciales cinco años de vida, constituye un estorbo. ¿Qué hacer? Pues presentarla como una institución del pasado, incapaz de educar. O bien, retirando a los niños desde su más temprana edad de la influencia de sus padres, mediante la educación masiva en la “nueva cultura”. O interviniendo en la educación de los aspectos fundamentales de su vida, desde la escuela y sin la participación de los padres. Procurando que, por ausencias de los padres ante compromisos laborales ineludibles, los niños queden bajo la influencia de la educación de los contravalores a través de la televisión. Desde la Teoría de Gramsci se entiende perfectamente la opinión de Don Carlos Fernández Liria.
Es más, se comprende por qué fue el guionista del programa infantil “La bola de Cristal”. En una entrevista publicada en “El Otro País” (nº 38. Julio 2007) Don Carlos Fernández declaraba lo siguiente: “Ni siquiera entendemos cómo llegó a ocurrir que el programa de La Bola de Cristal durara cuatro años (…) Por una parte, estaban unos guionistas que se habrían calificado a sí mismos gustosamente de marxistas leninistas y, por otro lado, estaba el ambiente semi-yuppie y chupi-guay de ‘la movida’, responsable de la música del programa y de su imagen más característica (…). Hubo que esperar bastantes años, para que apareciera la llamada “generación de La Bola de Cristal” y para que se demostrara que la audiencia de este programa había sido mucho más extensa, mucho más atenta e inteligente y mucho menos dócil de lo que en principio había parecido. El slogan de la Bruja Avería ‘Viva el mal, viva el capital’ comenzó entonces a resonar en todos los rincones de lo que más tarde se convertiría en el movimiento antiglobalización español, y el lenguaje de los electroduendes se convirtió en una especie de esperanto de la izquierda extraparlamentaria”.
En otro momento dice: Con el libro de Educación para la Ciudadanía (Akal) pretendemos, de alguna forma, repetir el experimento. Introducirnos en la enseñanza pública (…) Decirles la verdad sobre la atrocidad del mundo que habitamos, sobre el capitalismo y sus exigencias, sobre esa mascarada a la que llamamos democracia parlamentaria y sobre esa estafa a la que llamamos Estado de Derecho (…) los niños o los adolescentes que se formaron con La Bola de Cristal no han resultado ser los más adoctrinados, (luego adoctrinan) sino todo lo contrario, han resultado los más libres, (elemental) los más independientes (por supuesto) y los que desarrollaron un sentido más crítico frente a la realidad (…) es el efecto habitual cuando se dice la verdad. Eso fue lo que hizo La Bola y es lo que pretendemos hacer ahora con Educación para la Ciudadanía. Sin comentarios. Por cierto, creo que TVE repone el programa.
¿El cáncer de la enseñanza en España? La izquierda ha controlado la universidad, ha impuesto su modelo pedagógico (LODE, LOGSE, LOPEGCE, LOE), ha colonizado a través de los sindicatos la escuela estatal y convertido la enseñanza en campo de la lucha de clases (según Don Carlos en la actualidad existe en la enseñanza una revolución de los ricos contra los pobres). Autoproclamándose defensores de la enseñanza pública, trasladan a la sociedad una imagen completamente negativa de la misma, alejada a su vez de la realidad, pero que ahuyenta a una gran mayoría de padres, sobre todo cuando se empeñan en convertir, en algunos casos, a los centros públicos, a través de talleres de educación sexual, en un sucedáneo de “sex-shop”. Claro, nada mejor para tapar vergüenzas que inventarse un “enemigo”: la enseñanza concertada. Suprimida no habrá punto de comparación y así todos felices… en la miseria.
Añadía Don Carlos en su cancerígeno artículo lo siguiente: “Los hijos no tienen por qué cargar sin protección alguna con el peso de haber tenido unos padres talibanes o testigos de Jehová, o del Opus o de ETA.” La bajeza moral del profesor filósofo no puede ser más nauseabunda.
¿Qué es el cáncer de la enseñanza?, dices mientras clavas en mi pupila tu “artículo” azul. ¡Qué es el cáncer de la enseñanza! ¿Y tú me lo preguntas, Carlos?
José Antonio Poveda González
Abogado de Escuelas Católicas
Martes, 29 de mayo
Escuelas Católicas
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester