Escuelas Católicas

De puertas abiertas

30.11.09 | 09:10. Archivado en Manuel de Castro, Institucional
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Una de las señas de identidad de la escuela católica ha sido siempre que sus centros se constituyan en verdaderos focos de influencia educativa y participación, no solo para con los alumnos que en ellos se educan, sino para toda la zona o barrio en el que están ubicados. Nuestros centros han sido siempre y deben seguir siendo centros de puertas abiertas.

La denostada LOGSE (no todo lo en ella establecido fue malo) subrayó la necesidad de que la escuela abriera sus puertas al barrio para permitir una doble interacción: del centro hacia el exterior (los colegios no debían limitarse a educar a sus alumnos) y del exterior hacia el centro (lo que pasa fuera debe interesar al colegio. Los padres, las gentes del barrio deben tener acceso al colegio).

Tradicionalmente nuestros centros educativos han vivido esta interacción de manera espontánea y generalizada. Los colegios han sido foco de actividades culturales y deportivas para el barrio y sus puertas estaban abiertas hasta altas horas de la tarde, incluso domingos y festivos.

Con una cierta pena observo en algunos centros educativos católicos la tendencia a cerrar sus puertas pocas horas después de haber concluido la jornada escolar y que cada vez son menos los que las mantienen abiertas los días festivos poniendo a disposición del barrio sus instalaciones culturales y deportivas.
Precisamente cuando desde no pocas consejerías de educación de las comunidades autónomas se está promoviendo la apertura de los centros los fines de semana y durante las vacaciones, tal vez a causa de una sana competencia con los centros privados en la captación del alumnado, descuidamos lo que ha sido una de las señas de identidad de las escuelas católicas. Claro que hay razones objetivas que lo explican. No podemos olvidar que la tarea de atención del centro más allá de la jornada lectiva ha estado muy ligada a la actividad de los religiosos, que eran quienes más horas permanecían en el mismo. La disminución de fuerzas en las congregaciones no puede ser excusa para abandonar una de nuestras señas de identidad. De la misma manera que incorporamos a los laicos a las tareas directivas y de responsabilidad, deberíamos hacer lo propio cuando se trata de atender la actividad extraescolar de los colegios. Descargar esta responsabilidad en empresas cuyo objetivo fundamental y legítimo es el beneficio económico, debería hacerse con la necesaria cautela de manera que se asegure la orientación educativa y cristiana de todo lo que se ofrece.

Nuestros centros educativos han sido siempre y deben seguir siendo centros de “puertas abiertas”, y ello no sólo por razones de oportunidad, sino de identidad.

Manuel de Castro Barco


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