Escuelas Católicas

El don de la fe

20.11.09 | 09:10. Archivado en Pastoral, Ángel Moreno
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No querría caer en la dialéctica a la manera de lo que Nicolás de Cusa narra en la “Docta ignorancia”, cuando un teólogo y un ateo, después de estar demostrando cada uno sus puntos y razones para afirmar o negar a Dios, ninguno convenció al otro.

A poco que se escuchen los discursos ideológicos actuales, se puede observar cómo unos dicen: “Dios no existe”. Otros viven como si Dios no existiera, o afirman que aunque exista, no se ocupa del mundo. Los hay resentidos, escépticos, indiferentes. El universo tiene su autonomía. El ser humano posee su libertad, y desde estos principios, cabe plantear la historia y la sociedad de manera emancipada de Dios. Hay muchos que son ateos prácticos, otros se confiesan agnósticos frente a la realidad trascendente y sobre Dios.

La fe es un don, creer en Dios un privilegio. Sentir de compañero al Creador en la travesía de la existencia es una experiencia luminosa. Creer en Jesucristo, Dios hecho hombre, que por compasión por el ser humano ha tomado los sufrimientos y esperanzas de sus hermanos, es una suerte inmerecida. El que cree sabe que tiene un sello interior divino, una llamada identificadora, una posibilidad de sentir gozo y paz, plenitud y realización, según acierte a llevar a cabo la vocación personal.

A través de la historia ha habido muchos ejemplos paradigmáticos de hombres y mujeres que han alcanzado la plenitud por seguir el paradigma de Jesucristo y de María, su madre. Quienes lleven a la práctica, a la manera de Jesús y de su Madre, el plan que Dios tiene para ellos, harán un bien social, aunque sus vidas permanezcan anónimas o escondidas para muchos.

Dios tiene poder para acompañarnos sin limitar nuestra libertad. Es capaz de permanecer susurrando en el interior la llamada entrañable, de permitir procesos de ida y vuelta en cada ser humano, y de esperar paciente el reencuentro de la criatura con el Creador. Dios no limita; por el contrario, potencia y hace posible alcanzar las cotas más altas de plenitud. Dios ama, y nadie puede evitar que sea el Amor esencial.

Ángel Moreno Sancho
Capellán del Monasterio Cisterciense “Madre de Dios” en Buenafuente del Sistal


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