He podido leer con cierta… ¿sorpresa? no, no es verdad… no es sorpresa que el diario Público haga titulares como “El Estado paga la educación religiosa de un millón de alumnos” (Público, 7 de noviembre de 2009), digamos más bien que lo he leído con cierta ironía, por un lado, e incredulidad por otro.
Ironía porque no he podido evitar pensar en los miles de personas que dentro de la Iglesia se dedican al ministerio de la catequesis, de la iniciación en la fe. Si alguien tuviera que pagar ese servicio, no se cómo iba a ser posible. Como economista sólo pensar en traducirlo en costes, me produce un vértigo de miles de euros. Pero claro, si se habla según el titular del diario de que “el Estado paga la educación religiosa”, entonces yo pienso en el salario de los catequistas y en la subvención a Parroquias para el mantenimiento de locales, en materiales formativos, etc…
Ciertamente la ironía dura muy poco cuando uno ve de forma tan clara las ganas de manipular… y ahí es cuando paso a la incredulidad de pensar “¿pero alguien todavía puede intentar engañar de forma tan burda?”. El titular sería exacto y correcto si se suprimiera sólo una palabra, para quedar “el Estado paga la educación de un millón de alumnos”. Pues claro, y habría que añadir “dinero que sale del bolsillo de sus padres a través de los impuestos”. Desde que una ministra de cuyo nombre no quiero acordarme dijera que el dinero público no es de nadie… debe ser que alguien se lo ha creído. Pues no, el dinero público es de quien habiéndolo ganado con su esfuerzo, contribuye vía impuestos al bien común.
Claro está que la idea es vieja, pero no por ello deja de ser mentirosa: el negocio de la Iglesia en la educación. Da igual que esté demostrado por instancias de todo tipo (Defensor del Pueblo, Tribunal de Cuentas, Servicios de Auditoría de Cuentas, etc.) que la escuela concertada es más barata que la pública, sino que además ahora se quiere añadir que lo que se hace en esos centros no es “educación” sino “formación religiosa”. Quizás queriendo hacer de una parte (asignatura de Religión) el todo. Claro, que en esas cuentas entonces habría que meter también a la escuela de titularidad pública, ya que en esos centros hay también una mayoría de alumnos y familias que libremente eligen la asignatura.
El problema es el de siempre: no gusta la libertad. No gusta que los padres puedan elegir entre diversos tipos de centros, no gusta que los cristianos puedan elegir la formación religiosa conforme a sus convicciones… simplemente, como dice mi hija de dos años: “no gusta, papá”. Quizá con menos argumentos que los que tiene mi hija para decir la frasecita de marras.
Estamos en un callejón sin salida: hay personas, quizá autodenominados “ideólogos o ingenieros sociales”, que no soportan que haya padres de familia, tan normales, modernos, demócratas y cultos como ellos, que opten por llevar a sus hijos a las escuelas católicas. Lo sentimos, pero de momento no podremos hacer nada por darles gusto. Intenten hablar con los padres de ese millón de alumnos que dicen (que son alguno más…) y quizá con tiempo y paciencia logren convencerles de su error. Ánimo.
Javier Poveda
Director del Departamento de Cooperación y Administración de EC
Sábado, 18 de febrero
Escuelas Católicas
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Religión Digital
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