Acabo de regresar de una visita a un centro educativo católico en Kenitra, ciudad marroquí cercana a Rabat, donde los salesianos trabajan desde 1937, año en el que fundaron una pequeña escuela para niños. En la actualidad la obra cuenta con escuela (l’École D. Bosco), colegio (le Collège D. Bosco) y centro de formación profesional especializado en electricidad (le Juk Spel), organizados según el modelo educativo marroquí, muy similar al francés. En ellos se escolarizan cerca de 1.000 niños y niñas, todos ellos de religión musulmana. Desde el Departamento de Cooperación de FERE-CECA hemos conseguido que el Ayuntamiento de Madrid les financiara una buena parte de la construcción del colegio, así como un segundo pabellón para la formación profesional. La obra se completa con una diminuta parroquia a la que acuden los pocos cristianos que habitan por esa zona de una ciudad con más de 200.000 habitantes.
Al frente de toda la obra se encuentra un director general salesiano, Cristóbal López, pero la casi totalidad de los profesores son de religión musulmana. Hay libertad religiosa, aunque está prohibido hacer proselitismo en un país donde la religión musulmana es oficial y forma parte de la propia identidad nacional. Yo no diría que el proyecto educativo salesiano se aplique de manera parcial, sino de manera diferente. En la educación colegial están presentes la mayor parte de los valores de la tradición salesiana: la importancia de Dios en la vida, el sistema preventivo, el espíritu de familia, la centralidad de la persona del educando, las actividades de tiempo libre, el protagonismo de los jóvenes…
Podíamos decir que se trata de una gota de agua en el océano, de una presencia insignificante, pero significativa. Significativa porque, si bien es cierto que no se puede hablar de Jesucristo, ni de María Auxiliadora, ni realizar acciones directamente encaminadas a buscar la conversión de los alumnos, en realidad se está dando un hermoso y claro testimonio del Evangelio y de cómo pueden convivir las religiones desde el respeto. Así lo entiende la Iglesia católica marroquí que arropa y sostiene con mimo sus 15 escuelas repartidas por todo el país: Marrakech (1), Casablanca (5), Mohammedia (2), Rabat (3), Kenitra (4) y Meknes (1). He podido constatar una fuerte identificación con Don Bosco y su sistema educativo por parte de profesores y padres de familia. Cada mañana los alumnos participan en los “Buenos Días” (ese momento de saludo matinal, de reflexión y de oración) en el que muchas veces los protagonistas son ellos mismos. Las actividades extraescolares y de tiempo libre se prolongan a lo largo del fin de semana. Se palpa un ambiente de satisfacción generalizada y de familia.
Habrá quien pueda pensar que no merece la pena gastar fuerzas y energías en una obra como ésta. Para la Iglesia de Marruecos, para la Congregación Salesiana y, sobre todo, para los tres religiosos que en ella trabajan, un francés, un polaco y un español que han decidido consagrar su vida a Dios trabajando en la educación de jóvenes musulmanes, no cabe la menor duda de que merece la pena.
Manuel de Castro Barco
Miércoles, 15 de febrero
Escuelas Católicas
Josemari Lorenzo Amelibia
Desiderio Parrilla Martínez
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo
Rodrigo del Pozo Fernández
Sor Gemma Morató