Escuelas Católicas

Invitación contemplativa

30.09.09 | 09:05. Archivado en Pastoral, Ángel Moreno
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Venid, salgamos del campamento, de nuestras endogamias ensimismadas, de nuestras introversiones pesimistas, de nuestro activismo idolátrico, de todo lo que nos parece imprescindible. Dejemos de mitificar nuestras obras, salgamos de nuestra comunicación intranscendente, abandonemos nuestras palabras vacías. Salgamos a la tienda del encuentro, al recinto de la comunicación teologal, al lugar donde Dios ha prometido descender y dialogar con nosotros, donde podamos descansar de nuestros afanes pretenciosos, de nuestra inercia desesperanzada.

Venid, subamos al monte del Señor, para entablar relación con Él. Sabemos que Dios quiere encontrarse con nosotros. Él ha decidido invitarnos a su amistad. Por su Palabra sabemos que está dispuesto a desvelarnos su nombre, su identidad esencial.

¿Quién tiene a los dioses tan cercanos como lo está el Señor de nosotros? Descalcémonos, rindamos la mente, alertemos los cinco sentidos, estemos atentos, despiertos, vigilantes, austeros.

Él se ha revelado amigo de los hombres, compañero de camino, capaz de consolar la necesidad más profunda del corazón, de acoger todos los sentimientos. Él conoce el corazón humano y sondea las entrañas, no como juez inmisericorde, sino amorosamente.

Dios es capaz de embelesar, de mantener la atracción por su persona de día y de noche, y comunicar la noticia de la belleza que más necesitamos, la verdad de la misericordia por mil generaciones.

Dios es lento a la ira, rico en bondad, atrae hacia sí a los sencillos y humildes de corazón, a los que no se abstraen en sus razonamientos narcisistas, sino que lo buscan sinceramente.

Venid, postrémonos por tierra bendiciendo al Señor, Dios nuestro. Él ha querido esconder su presencia tras la nube, velar su rostro en el pan santo, permanecer como respuesta cotidiana a nuestra menesterosidad.

Acordémonos de quienes no tienen la noticia de la existencia divina, de quienes perecen en su ansiedad y desespero, de quienes van buscando a tientas, sin haber encontrado el sentido de sus vidas.

Roguemos al Dios de todos los hombres, a quien se ha revelado pan para saciar el hambre de la multitud, para que nadie perezca por falta de esperanza.

Delante de la presencia que llena nuestro interior dejemos balbucear el gemido orante de la alabanza, de la gratitud, de la intercesión, de la expiación, de la ofrenda gratuita del tiempo, del reconocimiento, de quien es el único Señor.

No tengáis miedo, hablad con Dios como entre amigos, abridle vuestra habitación más íntima y gustad la dulzura que deja sentir el huésped más entrañable, al mismo tiempo que exige la circuncisión del corazón.

Ángel Moreno Sancho
Capellán del Monasterio cisterciense "Madre de Dios" en Buenafuente del Sistal


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