Escuelas Católicas

La evangelización en la escuela, una reflexión necesaria

04.09.09 | 09:10. Archivado en Pastoral, Manuel de Castro
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Cuando los trabajos de cada día nos envuelven en un torbellino de actividad estresante, la proximidad de las vacaciones nos ofrece la posibilidad de elevar la vista por encima de tareas y programaciones a corto plazo y reflexionar sobre el sentido de lo que hacemos y la eficacia de nuestra acción educativa y evangelizadora en la escuela.

No es extraño escuchar a algunos responsables eclesiales lamentarse de la poca eficacia de la acción pastoral en la escuela. Se quejan de que, tras una larga estancia de muchos de los alumnos en nuestras escuelas católicas, no salgan mayoritariamente convertidos en buenos cristianos. Aunque la afirmación denota un desconocimiento notable de la realidad de la escuela católica y de los alumnos que acceden a la misma, nunca está de más preguntarse por la acción evangelizadora de la escuela y por los resultados que la actual forma de enfocarla está alcanzando. Y es que la evangelización en la escuela es una reflexión siempre necesaria.

Me propongo tan sólo aportar algunas reflexiones personales sobre este tema con la esperanza de que otras personas, sobre todo los titulares de los centros católicos, se animen a suscitar análisis más sosegados y exhaustivos en el seno de las propias comunidades educativas.

Comienzo por manifestar una convicción ya antigua que no podemos olvidar. La evangelización en la escuela es tarea de toda la comunidad educativa, pero para ello, se debe contar con un núcleo animador que puede ser la comunidad religiosa, el titular del centro, el responsable de la pastoral... No es de extrañar que así como antes se hablaba de “la pastoral en la escuela”, hoy prevalezca la expresión de “la escuela en pastoral”.

Y continúo con una pregunta: ¿no estaremos olvidando la centralidad de la persona de Jesucristo en el proyecto educativo cristiano? Nadie puede poner en duda que una de las tareas esenciales de la escuela católica es la de educar en los valores del Evangelio. A pesar de las diferencias con las escuelas no confesionales, hemos de reconocer que en ellas también se educa en no pocos de estos valores. Pero hemos de dar otro paso. La escuela católica debe preguntarse, además, por su capacidad para propiciar entre los alumnos un encuentro con Jesucristo que toque la vida, y por su capacidad para afrontar el diálogo entre la fe y la cultura.

Así lo señalan con claridad diversos documentos emanados de la Congregación para la Educación Católica. En ellos se afirma con claridad que “Jesucristo constituye el perfecto ejemplo de vida propuesto por la Escuela Católica a los jóvenes” (La escuela católica, 35). Y por eso mismo se llega a decir que “ella misma es, pues, lugar de evangelización, de auténtico apostolado y de acción pastoral, no en virtud de las actividades complementarias o paralelas o paraescolares, sino por la naturaleza misma de su misión, directamente dirigida a formar la personalidad cristiana” (Dimensión religiosa de la educación en la escuela católica, 33).

La consecuencia lógica que se deduce de todo ello es que “es evidente que un proyecto educativo, basado en una concepción que compromete profundamente a la persona, exige ser realizado con la libre adhesión de todos aquellos que toman parte en él: no puede ser impuesto, se ofrece como una posibilidad, como una buena nueva y, como tal, puede ser rechazado” (La escuela católica, 59).

Hoy es especialmente urgente abordar con valentía lo que constituye una de las tareas específicas de la evangelización escolar, la síntesis entre fe y cultura, entre fe y vida. Así se indica en el documento antes citado. “Las tareas (de la escuela católica) se polarizan en la síntesis entre cultura y fe, y entre fe y vida; tal síntesis se realiza mediante la integración de los diversos contenidos del saber humano, especificado en las varias disciplinas, a la luz del mensaje evangélico, y mediante el desarrollo de las virtudes que caracterizan al cristiano” (La escuela católica, 37).
Para ello debemos abandonar la reiterada costumbre de condenar la cultura. En una reciente entrevista el cardenal Claudio Hummes, prefecto de la Congregación del Clero, publicada en Ecclesia con ocasión de la celebración del Año Sacerdotal, afirmaba que “el reto es entender cómo ser sacerdote en este nuevo tiempo, no para condenar al mundo sino para salvar al mundo, como Jesús, que no vino para condenar al mundo sino para salvarlo”. Menos críticas, menos condenas y más ofertas de salvación.

Aún cuando la lectura de estos textos de la Congregación para la Educación Católica nos produzca un cierto desánimo al comprobar la enorme distancia que existe entre los ideales que estos nos presentan y la realidad sociológica de nuestras escuelas, y aunque en ellos no encontremos las respuestas a todos los problemas concretos que afectan a la misión de la escuela católica, no obstante siguen siendo punto de referencia obligado en cualquier reflexión sobre la misión evangelizadora de la escuela católica.

Manuel de Castro Barco
Secretario General de Escuelas Católicas


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