La lectura sapiencial de la Biblia es el tesoro que guarda el que cree, para poder reavivar la presencia de Dios. Es un gesto de delicadeza y obsequio hacia Él, gesto generoso, sobre todo cuando no se ve ni se percibe la presencia divina, que recompensa con el ciento por uno. La posible ofrenda que exige la atención de los sentidos se convierte en manantial interior de agua viva, en destello de luz en horas de oscuridad.
Leer las Escrituras de manera orante es la posibilidad de tener aceite suficiente en la alcuza para el momento necesario en el que el Señor quiera manifestarse, a la manera de la vírgenes sensatas del Evangelio.
Leer la Biblia con fe es guardar la clave para interpretar los acontecimientos de la historia de manera trascendente, y asegura que se podrá recordar en el momento preciso la dirección del camino e interpretar las señales de la vida de manera adecuada.
Al leer los textos sagrados es posible comprender que la propia historia obedece al plan de Dios, relacionarse con la persona de Cristo y posibilidad de conocerlo, ofrecimiento universal por parte del Espíritu.
Quienes han acertado en su camino recomiendan la lectura de los Libros Sagrados. Ha sido, a lo largo de los siglos, la práctica de los orantes y contemplativos, de los que han hecho de la Palabra de Dios su norma de vida. Es el secreto para mantenerse en fidelidad o poder retornar sin miedo al encuentro reconciliador.
Ángel Moreno Sancho
Capellán del Monasterio cisterciense "Madre de Dios" en Buenafuente del Sistal
Sábado, 18 de febrero
Escuelas Católicas
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni
Guillermo Gazanini Espinoza
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa