Sin duda, el fenómeno de la gripe A está calando a fondo en la sociedad española y en sus ciudadanos. La foto de todos, absolutamente todos los Consejeros y Consejeras de Sanidad, junto con la Ministra del ramo, esgrimiendo sonrisas solventes y generosas para respaldar y asumir una política común en torno a la pandemia, supone una rarísima excepción en un panorama político patrio caracterizado por la división, por la crispación, y por la particularidad territorial y partidista, caiga quien caiga.
Está claro que no hay como un buen virus “mal encarado”, de reacciones inciertas e impredecibles, para unir voluntades y hacer tabla rasa de diferencias aldeanas o presuntamente ideológicas. En cualquier caso, y aunque maldita sea la gracia que nos hace enfrentarnos con el bichejo... cabe decir eso de “no hay mal que por bien no venga”. Y es que, desayunarnos con una foto de catalanes, vascos, extremeños y madrileños, entre otros, todos sonrientes para hacer frente común a los dichosos microbios, nos reconforta y proporciona cierta esperanza en una clase política que, últimamente, estaba hecha unos zorros.
Pero dicho esto, y “viruses” al margen, cabe preguntarse... ¿Es tan difícil conciliar actitudes y voluntades políticas ante otros problemas de dimensiones igualmente descomunales? ¿Es necesario un bichejo, terrible es verdad, pero bichejo a fin de cuentas, para que los políticos prescindan de sus diferencias políticas y territoriales y analicen los problemas graves que afectan a la ciudadanía, desde una perspectiva profesional y técnica, intentando buscarles remedio?
Señores, no sólo de gripe A vive el consenso. Hay fenómenos, como el del deterioro de nuestro sistema educativo que, por desgracia, nos acechan con similar fiereza, y cuyos efectos nefastos se producen desde ya y a lo largo de un tiempo prolongado e incierto, produciendo un verdadero deterioro social: el fenómeno incesante y expansivo del fracaso escolar, la falta de motivación de los padres, la apatía de los escolares, la indefensión de los docentes, la falta de un lenguaje pedagógico ilusionante, las dificultades para ejercer la libertad de elección... son elementos que describen con detalle el estado de nuestra educación española. Un estado preocupante, que debiera generar una reacción profesional y solidaria como la que ha sido capaz de provocar el virus de la gripe A.
Señoras y señores políticos de arriba y de abajo; de la izquierda y de la derecha; del este y del oeste; Nuestra educación está aquejada de una gripe tan voraz como esta que, sin ser invitada, se ha presentado ante nosotros. Las autoridades sanitarias se han puesto en marcha con criterios muy elementales: argumentaciones técnicas, asunción de las mismas y unidad de acción. ¿Sería tan difícil dar entrada en el diagnóstico y propuestas de solución, a los técnicos educativos, y que las autoridades asumieran sus valoraciones y propuestas de mejora, uniéndose en combatir los efectos nocivos del fracaso escolar?...
La “gripe Z” de nuestra educación exige una reacción de las autoridades educativas. Ojalá algún día se reconozca esta afección y se provoque en este ámbito una foto como la analizada. Ojalá, aunque debo reconocer que no sé si lo verán mis ojos...
Emilio Díaz Muñoz
Secretario Autonómico de Escuelas Católicas de Madrid
Sábado, 18 de febrero
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