Escuelas Católicas

La banalización de la sexualidad

24.07.09 | 09:05. Archivado en Asesoría, José Antonio Poveda
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Durante los últimos días hemos escuchado horrorizados cómo menores de edad son víctimas de terribles agresiones sexuales a manos de otros menores. Las reacciones desde distintas instancias, responsables políticos y medios de comunicación no se han hecho esperar. Por un lado, se abre el debate en torno a la Ley del Menor y su permisividad con quienes no parecen actuar como tales. Por otro, la sociedad se pregunta qué tipo de valores tienen nuestros jóvenes. En esta línea, me gustaría referirme a las declaraciones del Ministro de Educación, que ha pedido una reflexión sobre la “escala de valores” de los jóvenes y el modelo de sociedad que impera en la actualidad. El Ministro manifiesta lamentar los valores “tan dislocados” de los jóvenes que hacen que se cometan "atropellos" tan "graves" y reivindica los "criterios de igualdad" de la sociedad española ya que "siempre" son chicos los que cometen estas actuaciones. Doy por hecho que, con esta afirmación, el Ministro no reclama una inversión en los papeles agresor-agredido sino que, simplemente, denuncia la atrocidad de la agresión sexual.

Pienso que hay un factor muy importante que está en el origen de estos aberrantes comportamientos: la banalización de la sexualidad y la deficiente, por absolutamente incompleta, educación sexual. Por un lado, los patrones que se ofrecen a los jóvenes parten de la separación entre sexo y amor. Este, además, es un sentimiento efímero, que viene y se va, que sólo depende de lo que se siente en cada momento, desvinculado de todo atisbo de voluntad y compromiso. El sexo como puro divertimento, y el cuerpo como mero instrumento de satisfacción, despojado de cualquier significado antropológico más profundo, como don para el otro. Por otro lado, la educación sexual imperante responde a estos planteamientos mecanicistas, reducida a como evitar un embarazo, y eludiendo su íntima conexión con la dimensión espiritual del hombre y su afectividad.

Los mercaderes del templo han convertido el regalo de la sexualidad humana en una industria (la del sexo) que mueve miles de millones de euros y que necesita de estos planteamientos reduccionistas para obtener consumidores con los que tener engrasada su máquina de hacer dinero. No tienen reparos en intentar obtener más cuota de mercado extendiendo su producto a edades más tempranas. Para ello no dudarán en hablar de libertad y utilizarán cualquier medio (basta con ver algún capítulo de alguna serie de éxito televisivo) para extender una concepción de la sexualidad que favorezca su negocio. Por supuesto, denigrarán y ridiculizarán a cualquier persona o institución que trate de desenmascarar su farsa. En su intención no está por supuesto el promover estas agresiones, pero contribuyen a crear un clima que, combinado con otros factores, pueden propiciar estas conductas.

Sería demagógico afirmar que la LOGSE en la que estos agresores se educaron es la causa de estos comportamientos. Pero sí me parece que esta Ley, en vigor durante 16 años, no ha contribuido a contrarrestar la influencia que otros agentes educativos (veáse cine, video juegos, televisión, medios de comunicación, publicidad…) ejercen sobre la concepción de la sexualidad de nuestros jóvenes. Es más, los planteamientos educativo-sexuales realizados en muchos centros de la mano de los ejes transversales de la LOGSE, pueden haber ayudado a crear el caldo de cultivo que, unido a otras circunstancias, explicarían no sólo las razones de la violencia y las agresiones entre menores, sino también el índole sexual de las mismas.

Me gustaría creer que cuando el Ministro de Educación pide una reflexión sobre la escala de valores pudiera estar implícitamente reconociendo el fracaso de determinados planteamientos educativos y que quisiera un cambio de rumbo en este asunto. En este caso, no lo tendría fácil. Por un lado, los mercaderes tacharían de “reaccionaria” y similares cualquier atisbo de cambio. Por otro, la mera alusión a la educación sexual se calificaría como injerencia intolerable en la responsabilidad de los padres, desconfianza, por otra parte, absolutamente legítima visto el panorama precedente (para imponer la visión “progre”, mejor que no se les hable de nada).

Como Escuelas Católicas defenderemos el derecho y la misión de nuestros centros como colaboradores de los padres en la educación integral de sus hijos desde el Evangelio, lo que implica no sólo no excluir la educación sexual, sino abordarla en toda su plenitud y riqueza. Será nuestro grano de arena en la mejora de la sociedad.

José Antonio Poveda González
Abogado de Escuelas Católicas


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