Con seis meses de retraso, y lo que es más significativo con un recorte sustancial en los recursos presupuestarios, el Gobierno ha presentado el Plan Anual de Cooperación para 2009. El recorte del presupuesto hace no sólo que no se iguale la cantidad consignada en 2008 sino que se reduzca su partida total en 200 millones de euros.
Sin duda alguna, es consecuencia de la crisis económica, tal y como se ha explicado por el Gobierno, el ajuste de las previsiones en materia de cooperación al desarrollo, de modo que la promesa electoral de llegar al 0,7% vuelve a posponerse. Estamos en el 0,5% del PIB destinado a Ayuda Oficial al Desarrollo.
Muchos, estoy convencido, podrán analizar la necesidad de esta medida. No podemos destinar recursos a terceros cuando estamos viviendo una situación de crisis acuciante en nuestro propio país. Es más, socialmente se acepta que destinemos miles de millones para poder rescatar cajas o bancos, o para planes de ayuda al consumo de vehículos, etc.
Brota una pregunta sencilla: ¿se podría haber arreglado el hambre y la muerte por pobreza en el mundo, con los recursos que ahora se han destinado a salvar el sistema financiero? La respuesta es sencilla, clara, poco demagógica y fácil de obtener. Sí.
¿Dónde está entonces el problema para que en las décadas anteriores no hayamos hecho nada? ¿Podemos considerar suficientes las políticas de ayuda al desarrollo? ¿No se tendrían que haber acompañado con reformas comerciales y arancelarias? ¿Hay voluntad real de conseguir que nadie muera por hambre o sed, o viva analfabeto o fallezca deshidratado por una diarrea?
Cuando los gobiernos, en general, todos, incluido el nuestro, y los de Europa, y Obama, todos, han sentido la necesidad de salvar el sistema económico, han obtenido ingentes recursos para ello. Evidentemente, recursos que no son gratuitos y que tendremos que pagar entre todos, pero se han movilizado los fondos, se han organizado planes de rescate y medidas de urgencia. Es más fácil movilizar a un gobierno para rescatar a un banco que para rescatar a seres humanos de la hambruna. Triste, pero real. Objetivo y nada demagógico. Sólo hay que hacer cuentas de las cifras que casi día a día se nos han ido ofreciendo sobre los recursos públicos destinados a parar la crisis.
Claro que podemos recortar la cooperación al desarrollo en tiempos de crisis. Es una respuesta sencilla de responder. Y no sólo eso. Sino que además demostramos de forma clara que lo que no hacemos por el hermano lo hacemos por salvaguardar el sistema económico que nos proporciona calidad de vida y comodidad, a las que no estamos dispuestos a prescindir, sea el precio que sea.
Y si eso significa, pasar una parte de la factura a los pobres entre los pobres, también. No es un problema de partidos, es un problema de “por quién tomamos partido”. Se parece, pero no es lo mismo.
Javier Poveda González
Director del Departamento de Cooperación y de Administración
Sábado, 18 de febrero
Escuelas Católicas
Francisco Baena Calvo
Religión Digital
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
FCJE
Josemari Lorenzo Amelibia