Escuelas Católicas

"Déjeme elegir Señor Ministro"

25.06.09 | 13:10. Archivado en Javier Poveda
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He de reconocer que nunca hubiera pensado escribir sobre “temas educativos”. No soy pedagogo, ni profesor, ni trabajo un centro educativo… Soy, desde hace dos años, padre de unos mellizos (niño y niña). Esa es mi actual “misión” educativa. Mi único currículo en esas tareas, si se puede considerar así, son los años de catequista y monitor con grupos de adolescentes. Por lo tanto, con humildad y sin recato, admito no ser un profesional en el asunto.

No obstante, mi relativamente reciente paternidad me ha ayudado a leer las noticias del mundo educativo con otra mirada. Será que la realidad personal conforma en cierta medida el modo de ver e interpretar lo que pasa a tu alrededor. Por eso me ha producido sorpresa el titular del diario Público (20 de junio de 2009) en una entrevista al ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que dice: “Algunas autonomías apuestan demasiado por la escuela concertada”.

Será ingenuidad de padre primerizo, pero me parece que quien apuesta por el modelo educativo… ¿no son los padres? Mi mujer y yo ya estamos pensando qué colegio podría ser el que más se adecue a nuestra visión de la educación, a nuestra opción de educación en valores, y conforme a nuestra profesión de fe. En este sentido, las “apuestas” de las administraciones deben estar condicionadas por las apuestas de los padres, y no al revés. El exceso de apuesta sólo sería criticable si no hubiese demanda de centros concertados. Y no es el caso. ¿Pretende entonces el Señor Ministro decidir en mi lugar?, ¿o debería favorecer mi opción por un determinado tipo de centro?

En la misma entrevista, dice el Ministro que “la educación es un bien público”, en lo cual todos estamos de acuerdo, para deducir inmediatamente “yo soy partidario de crear primero el colegio público y luego el concertado”, en lo cual yo al menos no estoy de acuerdo.

Y no lo estoy por una razón muy sencilla. Si en el futuro debo estar preparado a que todo el mundo opine sobre lo bien o mal que he educado a mis hijos (y tendré que estar preparado para oír que los padres hoy no educan o si, que los padres se desentienden o no, etc.) quiero poder elegir libremente el colegio en el que estudien mis hijos. Así de fácil, poderlo elegir yo de la manera más libre y responsable posible. Para ello, Señor Ministro, es necesario que usted no decida respecto de mis hijos aquello que no le compete. Igual que no puedo contar con usted para atenderles por la noche, o cuando están enfermos, o para decir que no vean la tele, o dónde vamos de vacaciones, o tantas cosas… en las cuales Usted no está, por favor, déjenos a mi mujer y a mí la libertad de elegir.

Tan legítimo es que un padre quiera llevar a su hijo a una escuela pública (y debe tener garantizado ese derecho) como que otro lo quiera llevar a una escuela católica concertada (en mi caso), ¿o hay ciudadanos de primera y de segunda para poder elegir? Si mi opción es la misma que la que usted piensa, tengo todo su apoyo, y si no…

Seguir pensando en clave de “subsidiariedad” para justificar la existencia de la escuela concertada (es decir, como la “pública” no llega a cubrir toda la demanda hay que tolerar como un mal menor la existencia de la “concertada”) es pensar, perdóneme señor Ministro, sin escuchar a la ciudadanía, tan reclamada para unas cuestiones y tan obviada para otras.

Todos los años las escuelas se someten a un referéndum… ¿vendrán padres a escolarizar aquí a sus hijos? Deje que ese proceso sea libre y democrático, como en las votaciones. No intente forzar el resultado decidiendo usted solito el resultado de esa elección. Eso, como ciudadano y demócrata sólo tiene un calificativo, que no hace falta verbalizar ¿verdad?

La clave, me parece señor Ministro, es que todos podamos ejercer el derecho a la educación de nuestros hijos en igualdad de condiciones, respetando la libertad de elección de centro. Y me parece que el prejuicio ideológico se mantiene a pesar de la discriminación que sufre la escuela concertada, porque al final, quieran o no, los padres buscamos lo que consideramos más adecuado para nuestros hijos, digan lo que digan los políticos (de uno u otro color), y en este caso coincida con su elección o no. Elija para su familia lo que considere oportuno, y déjeme que yo haga lo mismo con la mía. ¿O no somos todos iguales?

Javier Poveda González
Padre de familia


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