El Presidente del Gobierno anunció en el Debate sobre el Estado de la Nación una serie de medidas dirigidas a sacarnos del atolladero económico en el que estamos inmersos. Del muestrario resultó especialmente llamativa la encaminada a dotar a los escolares de 5º de Primaria de centros públicos y concertados, de un ordenador portátil con el que podrán continuar trabajando, decía el Presidente, haciendo sus deberes en casa. La medida se completaba con pizarras digitales, conexión inalámbrica a Internet y formación adicional necesaria para el profesorado. Se desarrollaría en colaboración y con la financiación de las comunidades autónomas y pretendía, en años sucesivos, alcanzar el último curso de la enseñanza secundaria.
Siempre resulta alentador que se considere la educación como un factor esencial para afrontar la situación actual, aunque también es verdad que a la misma podemos haber llegado, entre otras razones, por la cuestionable calidad general de nuestro sistema educativo, como muestran distintos estudios internacionales y que pocos discuten. Asimismo, la extensión de la medida a los centros privados concertados supone un avance respecto de la frecuente exclusión que padecen a menudo estos centros en ocasiones similares.
Sin embargo, el contexto en el que se anuncia la medida y el desconocimiento que de la misma tenían tanto las comunidades autónomas como, lo que es más grave, el propio Ministerio, invita a pensar que el anuncio es más producto de la improvisación y el efectismo que del análisis sereno de los problemas educativos y de las medidas que requieren adoptarse. La incorporación de las nuevas tecnologías a las escuelas es buena. Además con ello se pretende que los alumnos “hagan deberes en casa”, lo que a más de uno le habrá parecido un horror (pobres niños, haciendo deberes). Pero las nuevas tecnologías no son un fin en sí mismo ni mejoran por si solas la calidad de la educación. ¿Qué queremos que los estudiantes aprendan con esos ordenadores? ¿Somos más exigentes? ¿Solucionan los problemas de convivencia? ¿Se esforzarán más los alumnos por tener un ordenador? ¿Se encuentra preparado el profesorado para aprovechar las posibles ventajas del empleo de las nuevas tecnologías? El déficit en matemáticas o en lengua no se soluciona por el mero de hecho de utilizar un ordenador. Las faltas de ortografía las puedo cometer escribiendo con lápiz o con teclado. ¿Los principales problemas de la educación residen en el posible déficit en nuevas tecnologías?
Las resoluciones del Congreso posteriores al debate han diluido, además, la propuesta inicial, sin cifras ni plazos concretos. Paralelamente, se ha publicado en el BOE la resolución de la Conferencia Sectorial de Educación por la que reparte 100 millones de euros entre las autonomías para la creación de plazas públicas en el tramo 0-3 y en la que, de nuevo, se margina a los centros privados en contra de las previsiones del Artículo 15 de la LOE. Para ésto no ha hecho falta ir al Congreso.
El Ministro de Educación ya ha dicho que “el encaje de la medida con los planes de las autonomías puede ser complicado”. Desde Cataluña dicen que la digitalización de las aulas comenzará en la ESO y en Valencia y Madrid señalan que no se ha contado con las comunidades autónomas para la adopción de una medida que requiere de su aportación económica.
En fin, visto el panorama, la calificación ya se anunció en el debate: 2.0… ¡A septiembre! Y esperemos que nuestros responsables políticos vuelvan a presentarse al examen de “educación” con los deberes bien hechos, con o sin ordenador.
Jose Antonio Poveda González
Abogado de Escuelas Católicas
Martes, 29 de mayo
Escuelas Católicas
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola