Hablar del “cheque escolar” es un tema recurrente todos los cursos. Algunas instituciones desempolvan el viejo concepto presentándolo como “panacea” de todos los males de nuestra educación y, especialmente, como remedio a las limitaciones actuales a la libertad de enseñanza. En este sentido, resultan significativas las iniciativas de algunas comunidades autónomas, consistentes en la financiación de los puestos escolares de primer ciclo de Educación Infantil a través de ayudas o cheques a las familias. También se sitúan en esta dinámica las ayudas para la adquisición de libros de texto o para el pago de comedor escolar. Y también puede interpretarse en estos términos algunas declaraciones que presentan la financiación de los Bachilleratos privados a través de esta fórmula.
La cerrazón es mala aliada. Nuestro actual sistema educativo y de financiación de la enseñanza es imperfecto y precisa correcciones y reformas. En este sentido se vienen pronunciando distintas organizaciones, entre ellas la propia FERE-CECA, que en su documento sobre Financiación de la Enseñanza, publicado en 2008, sugiere cambios significativos en la definición, articulación y cuantificación del régimen de conciertos educativos.
Ahora bien. Esta necesidad de reforma no debe llevarnos a un cambio radical, en el que el sistema educativo caiga en manos de un mercantilismo ajeno a los valores educativos. Un sistema que, a la postre, elimine en los centros y en la enseñanza en general los valores de integración y compensación, es decir, ponga trabas al ejercicio de la verdadera equidad. Hoy por hoy, el sistema de “cheque escolar” implica el castigo del mercado a los centros e instituciones más volcadas en la atención a los más desfavorecidos; supone la pérdida de la aspiración a la gratuidad del puesto escolar; establece el precio como elemento sustancial del contrato educativo; y para colmo, no resuelve el principal problema de la libertad de elección, es decir, qué ocurre cuando la demanda de plazas de un centro supera su propia oferta.
Sin duda, la figura del “cheque” plantea tales deficiencias y anomalías que su mero estudio por parte de las instituciones educativas, partidos políticos o administraciones públicas, supone asumir un riesgo innecesario, máxime cuando la figura, en su integridad, no sólo afecta al régimen de conciertos sino, incluso, a la propia identidad de los centros públicos.
Emilio Díaz Muñoz
Secretario Autonómico de Escuelas Católicas de Madrid
Viernes, 17 de febrero
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