
Pasados ya unos días desde que se hiciera pública la sentencia del Tribunal Supremo que rechazaba la posibilidad de que alumnos con tres y cuatro asignaturas pendientes de 1º de Bachillerato pudieran cursar asignaturas de 2º, nos parece un buen momento para una reflexión más pausada sobre el tema.
Manuel de Castro y José A. Poveda nos ofrecen dos análisis complementarios de un tema que no debería caer en saco roto, puesto que es necesario abordarlo para alcanzar la ansiada calidad educativa que necesitamos y merecemos.
El Bachillerato, Asignatura pendiente
La reciente sentencia del Tribunal Supremo, en la que se estimaba el recurso contencioso-administrativo interpuesto por FERE-CECA contra el Artículo 14.2 del Real Decreto 1467/2007, en el que se establecía que los alumnos con tres y cuatro asignaturas pendientes de 1º podían, además de éstas, cursar algunas materias de 2º, ha puesto el dedo en la llaga sobre las deficiencias de nuestro actual Bachillerato.
Independientemente de que el recurso haya sido interpuesto fundamentalmente por las dificultades insalvables que los colegios iban a encontrar para combinar el horario de las asignaturas suspendidas por estos alumnos con las que libremente eligieran de 2º, no deja de poner de manifiesto una insatisfacción generalizada sobre el actual diseño de nuestro Bachillerato. Tanto los profesores de los colegios o institutos que preparan a los alumnos para la universidad como los de la propia universidad coincidimos en afirmar que con el actual ordenamiento del Bachillerato es imposible alcanzar los objetivos asignados al mismo.
Y es imposible alcanzarlos porque un Bachillerato de dos años es a todas luces insuficiente y porque el deseo de elevar las cotas de graduados no puede llevarnos a bajar los niveles de exigencia hasta el punto en el que actualmente se encuentran.
Pero volvamos a la sentencia del Tribunal Supremo. ¿La posibilidad que se daba a los alumnos con tres o cuatro suspensos de 1º de cursar algunas asignaturas de 2º era una medida de mejora del Bachillerato? Quienes han aplaudido el fallo adujeron dificultades organizativas, bajada de la calidad, maquillaje estadístico, Bachillerato a la carta, curso puente ficticio. Quienes lo criticaron lamentan que se haya perdido la oportunidad de introducir una medida que tenía como objetivo establecer un Bachillerato más flexible que facilitara la permanencia de los jóvenes en el mismo. ¿Quién tiene razón? ¿La flexibilidad propuesta con esta norma facilitaba la consecución del título de bachiller a los alumnos con más dificultades o por el contrario favorecía un Bachillerato a la carta carente de nivel y exigencia?
Ante todo es preciso desmontar la idea de que con esta medida se organizaba un Bachillerato encubierto de tres años. No es cierto, pues con la normativa antes existente (estos alumnos debían repetir el curso completo), la rechazada por el Tribunal Supremo (debían repetir las materias suspensas de 1º y podían cursar algunas de 2º) y la que finalmente habrá que aplicar (deben cursar las suspensas de 1º, pero no las materias de 2º) el alumno con tres o cuatro suspensos emplearía al menos tres años para hacer el Bachillerato, (la LOE permite hasta un total de cuatro años).
Pero de la misma manera y con la misma honradez tengo que decir que no acabo de ver con claridad las ventajas que supondría para estos alumnos el poder cursar junto con las materias suspensas de 1º otras de 2º, tanto más cuanto que estas materias no podrían ser calificadas si se diera el caso de que no se aprueben todas las pendientes de 1º. ¿No es igualmente razonable pensar que es mejor que el alumno centre todos sus esfuerzos en recuperar las materias suspensas para llegar a 2º con mejor base? Porque lo que no establece el fallo de la sentencia es que el alumno con tres o cuatro suspensos deba repetir el curso completo, más bien lo contrario si nos atenemos lo que dice el 14.1 del Real Decreto del Bachillerato, que no ha sido anulado por la sentencia.
Todos estamos de acuerdo en la necesidad de incrementar notablemente el número de bachilleres graduados, pero este aumento no puede alcanzarse a expensas de una bajada del nivel de calidad. ¿Quién tiene la fórmula mágica? Quizá sea este un buen momento para realizar un debate sereno sobre cómo mejorar nuestro actual Bachillerato. Me atrevo a adelantar algunas propuestas, tales como convertir sin complejos 4º de la ESO en un verdadero curso de Bachillerato para quienes van a caminar por esta vía, elevar el nivel de exigencia en cuanto los objetivos a conseguir y prestar todas las ayudas necesarias a quienes tienen más dificultades para superar estos estudios.
Manuel de Castro Barco
Secretario General de Escuelas Católicas
A propósito de la sentencia del Bachillerato
La Sentencia del Tribunal Supremo sobre el Bachillerato ha sido un éxito de FERE-CECA que refuerza, más si cabe, su independencia contrastada y su buen criterio jurídico sobre los asuntos específicos de la educación.
Quienes han pretendido presentar a FERE-CECA como una organización “vendida” al Gobierno se han quedado sin argumentos. Hasta resulta cómico comprobar cómo alguno parece atribuirse el resultado de la Sentencia, casi ocultando quién ha sido el promotor del recurso porque, evidentemente, este “pequeño” dato se sale del guión preestablecido.
Desde el Ministerio se ha afirmado que el Supremo tomó su decisión por una cuestión de forma y que no ha entrado en la cuestión de fondo, que era si la medida beneficiaba o no a los alumnos. La afirmación resulta sorprendente, pues a un Tribunal se acude a “hablar de derecho” no de pedagogía. El Real Decreto fue recurrido porque la medida de permitir cursar asignaturas de 2º a quién no ha promocionado a dicho curso era contraria a la LOE. Ésta era la cuestión de fondo “fondísimo”. ¿Es o no es una cuestión de fondo, en un Estado de Derecho, saltarse el principio de jerarquía normativa consagrado en el Artículo 9.3 de la Constitución? Se ha argumentado a favor de la medida la desmotivación que produce al alumno tener que repetir las materias aprobadas. ¿Y que pasaría con aquel alumno que hubiese aprobado esas dos o tres asignaturas de 2º con matrícula condicionada y suspendiese las de 1º? Pues que sus aprobados de 2º no computarían. ¿Y qué hubiese hecho el Ministerio con la frustración de ese alumno? ¿Y los centros? Afortunadamente ya no tenemos que preocuparnos por la respuesta. Se mire como se mire, la medida, con la LOE en la mano, carecía de cobertura legal. No toda medida pedagógica resulta jurídicamente posible ni organizativamente viable.
En descargo del Ministerio de Educación conviene señalar que remitió el proyecto de regulación al Consejo de Estado y que la redacción final del Artículo 14.2, ahora anulado por el Supremo, fue sugerida por el máximo órgano consultivo del Estado. En su informe sobre el proyecto de Real Decreto avisaba sobre la ruptura de la estructura de curso y de la promoción encubierta que contenía la propuesta inicial. Pero trató de “salvar” la medida partiendo de la presunta indeterminación del concepto “promoción” y sugiriendo la “matrícula condicionada”, propuesta que a la postre se ha demostrado inviable en nuestro actual ordenamiento jurídico. Por eso el Ministerio no debería ser el único destinatario de las críticas que se han vertido contra la polémica medida.
Como señalaba al principio, si alguna conclusión cabe sacar de este episodio es la independencia de FERE-CECA, organización que ha demostrado rehusar las banderías, que busca honradamente el ansiado pacto escolar desde la defensa de una educación de calidad, en libertad y con equidad, independentemente del color político del gobierno de turno. En definitiva, FERE-CECA intenta propiciar las mejores condiciones para que la escuela católica pueda responder fielmente a su misión: la educación cristiana de los alumnos que acuden a sus centros.
José A. Poveda González
Abogado de Escuelas Católicas
Martes, 29 de mayo
Escuelas Católicas
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola