Barcos y la desobediencia civil
25.05.07 @ 13:01:37. Archivado en Editorial
En una entrevista publicada por Diario de Navarra, Uxue Barcos destapaba, por fin, una actuación concreta que estaría dispuesta a desarrollar en caso de que accediera al Ayuntamiento de Pamplona: va a quitar todas las banderas del edificio consistorial, a excepción de la pamplonesa y la navarra (aunque esta última tampoco la tenía muy clara). Para la independentista vasca, que en un municipio ondee la bandera española e incluso la europea le parece un absurdo y un despropósito.
Desgraciadamente, como buena nacionalista, padece el terrible mal de no haber salido de nuestras fronteras para conocer algo de mundo, pues de lo contrario se habría dado cuenta de que hasta en el último pueblo del último rincón europeo ondea la bandera de la ciudad, la del país y la comunitaria (no tiene más que visitar, incluso, cualquier ayuntamiento de Iparralde, ese pequeño rincón euskaldún que resiste la terrible y despiadada represión francesa).
Es verdaderamente grave que una aspirante a alcaldesa se vanaglorie y proclame que, en caso de ser elegida y acceder al cargo público, no piensa cumplir la ley de símbolos aprobada por el parlamento foral. Esto de las normas y las leyes a ella le da igual. Ése es su nuevo estilo, su nuevo talante, su nuevo glamour consistorial. No en vano, es una candidata cuya mayor preocupación, su propuesta más lograda que repite en cada entrevista, es que no le gusta el color de Pamplona y quiere cambiarlo, darle otras pinceladas al mobiliario urbano para adaptarlo a su estilo fashion y moderno. Para la independentista éste es el mayor problema de los ciudadanos, la razón última por la que debemos darle nuestro apoyo. Pintar de otro color las farolas y bancos. Que Dios nos pille confesados.
Bromas aparte (y es que el programa electoral que Barcos presenta es una auténtica broma, aunque excesivamente pesada y de mal gusto), es muy grave que alguien se vanaglorie de incumplir la ley cuando precisamente aspira a desarrollar una responsabilidad pública. Barcos demuestra ser uno de esos políticos que se creen por encima de la ley, del bien y del mal, en cuanto acceden a un coche oficial, con chofer y escolta. Sin embargo, bien podría haber algún ciudadano que se animara y contagiara con este nuevo estilo de hacer política, con esta “nueva frontera” del incumplimiento y desprecio al ordenamiento, y decidiera no pagar una sola multa, tasa ni impuesto municipal en cuanto Barcos pisara la alcaldía. Si ella tiene derecho a ningunear el BON, nosotros no vamos a ser menos. Abre una peligrosa veda la nacionalista vasca.
Pero en fin, estos sobresaltos no son sino los inconvenientes de contar con la peor clase política, con el nivel y preparación más bajo de toda la historia de la democracia navarra.
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