El suelo de Blanco
27.04.07 @ 12:40:12. Archivado en Editorial
El famoso programa de Televisión Española donde los ciudadanos preguntan a los líderes políticos sobre las cuestiones que realmente les afectan, tuvo como último protagonista a Mariano Rajoy. Así como de la intervención de Zapatero nadie recuerda otra cosa más que el precio del café, del líder popular se destacó sobremanera la pregunta acerca de su sueldo. Aunque no parece que realmente sea la gran preocupación de los ciudadanos, lo cierto es que no dejó de ser la gran noticia y titular de la información al día siguiente.
Ya hemos hablado mucho en esta sección de Pepe Blanco, seguramente más de lo deseable. Pero las declaraciones que hace día tras día no dejan otra opción. Blanco, el inteletual, salió a la palestra para exigir a Rajoy que dijera cuál es su sueldo. Él, para demostrar su transparencia, tuvo la osadía de declarar el suyo: 6.000 euros al mes más dietas y algún plus que no concretó. A más de uno se le tuvo que atragantar el almuerzo cuando comprobó lo que gana. Todos los diputados ganan lo mismo, pero precisamente es bueno que cuenten con una alta retribución para que los grandes profesionales, aquellos que triunfan en la actividad privada, puedan pasarse a la actividad pública sin que ello suponga un sacrificio excesivo; esto es, que los ciudadanos podamos contar con los mejores para que nos representen y gobiernen.
Pero este planteamiento choca cuando lo oímos en boca de Pepe Blanco. La idea de parlamentario respetado, de hombre culto, preparado, bien formado y dotado de cierta oratoria se disuelve cuando aparece en escena el personaje.
Rajoy es registrador de la propiedad. De haber ejercido su profesión todo el tiempo que ha dedicado a la política, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que sería un hombre con una estimable fortuna. Blanco, por contra, es un hombre cuyo currículum laboral podría escribirse en una servilleta de papel, y que tiene la terrible osadía de contar a todos los españoles que gana el mismo salario que el directivo de una gran empresa. El gran intelectual gana lo mismo que cuatro científicos juntos, que cuatro policías juntos, que cuatro médicos juntos, y que tanta gente junta que trabaja de sol a sombra, ganándose el pan mientras aportan al desarrollo de la sociedad.
El desacertado populismo sudamericano triunfa gracias a una masa de gente ignorante, personas que no han tenido la posibilidad de acceder a una buena educación y cultura, que creen ciegamente en las promesas del primer charlatán de turno, llámese Morales o Chavez, que pase por su aldea. El zapaterismo no lo tiene tan fácil en un país occidental y desarrollado como el nuestro, y por ello el socialismo, cada vez que ocupa el poder, se empeña en reformar y denigrar la educación para producir pepiños como churros.
La ley del mínimo esfuerzo, de la picaresca, la falta de sacrificio y estudio… valores que el socialismo quiere inculcar a los jóvenes de nuestra sociedad, a juzgar por un plan educativo donde el que suspende cinco asignaturas pasa de curso casi hasta con premio. Blanco, por su parte, sigue en primero de carrera de Derecho a la espera de mejor suerte. Cuantos más Blancos por el mundo, más calado tendrá el mensaje vacío y demagógico del Zapatero de turno.
Lástima que no inviten a Blanco al programa de TVE. La pobre mujer que el otro día le preguntó a Rajoy bien podría replantear al socialista la pregunta: Y usted, ¿qué ha hecho para ganar 6.000 euros al mes?
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por favor: no confundan el sueldo con el SUELO del señor blanco...
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