Otra vez Ripa
16.02.07 @ 11:46:30. Archivado en Editorial
No hacía falta ser un lince para darse cuenta, dos años atrás, que Vicente Ripa no estaba a la altura de la responsabilidad que el Gobierno le había concedido. Si le hubieran nombrado otra cosa, defensor del pueblo por ejemplo, sus faltas habrían quedado diluidas y habrían pasado casi inadvertidas por la escasa relevancia del puesto. Pero una delegación del gobierno, esto es, representar las distintas competencias del Estado en una comunidad autónoma, supone una tarea compleja que tiene una incidencia directa en la vida de los ciudadanos. Se trata, por tanto, de un puesto para el que es necesario, no sólo una cualificación personal y formación indispensable, sino también un aplomo, saber estar y un dinamismo especial. Lamentablemente, nuestro querido Vicente Ripa no reúne ninguna de dichas cualidades.
Su actuación a lo largo de este tiempo ha sido vergonzosa. Las únicas fotos que se ha hecho han sido junto a algún mando de la Guardia Civil y varios kilos de droga incautada, pues parece la única lucha en la que se ha metido el personaje.
Pero cuando realmente se le ha necesitado, cuando la ciudadanía más requería un Delegado fuerte e inflexible, Ripa parecía perderse en su delegación, emitiendo alguna tímida instrucción recibida desde el Ministerio. Y es que su actitud en la lucha contra ETA y sus distintos entramados es una auténtica vergüenza. Se ha posicionado hasta tal punto a favor del proceso de paz de Zapatero que ha sido capaz de desatender incluso sus funciones en aras al resultado final. De esta forma, el personaje fue incapaz de llamar atentado al ataque de la ferretería de Barañáin, se escondió ante las cartas de extorsión a los empresarios navarros, soltó excusas ante cualquier ataque de kale borroka y un largo etcétera de actuaciones que, o bien están movidas por la negligencia, o bien por una falta de escrúpulos que le lleva a hacer cualquier cosa con tal de salvar la cara a Zapatero y su proceso.
Pero el delegado tiene dos capítulos para olvidar, que seguramente marcarán su mandato para el futuro. El primero se produjo el 12 de octubre, cuando la Falange convocó una manifestación y la Kale Borroka respondió tomando el centro de Pamplona. La falta de previsión del delegado, que no fue capaz de tomar las medidas policiales oportunas para evitarlo, tuvo como consecuencia que en pleno mediodía de un domingo festivo y durante más de dos horas, los contenedores ardieran a diestro y siniestro ante la atónita y asustada mirada de los viandantes.
Y el segundo episodio lo acaba de protagonizar. Los etarras callejeros atacan el Ayuntamiento y, en lugar de montar todo un dispositivo para dar con los terroristas, no se le ocurre mejor cosa que echar la culpa a la Policía Municipal, como si éstos tuvieran por misión la lucha contra el terrorismo (cosa que él sí que tiene). La elusión de responsabilidad es una de las prácticas preferidas del señor Ripa, y cuando falla, siempre queda el argumento de la estupidez, y cuanto más cruda mejor. Y es que al Delegado se le ocurrió decir que no se había detenido a nadie porque en las imágenes aparecían todos con el rostro encapuchado. Todo un genio de la lucha antiterrorista. ¿Acaso esperaba que fueran a quemar el Ayuntamiento a cara descubierta, con el DNI colgado del cuello y mirando sonrientes a la cámara?
Si al señor Ripa le quedara un mínimo de dignidad asumiría su incapacidad para dirigir la responsabilidad que le han asignado y se marcharía a casa; los ciudadanos a los que ha jurado no tenemos por qué aguantar ni padecer su incompetencia personal.
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