No hay atajos
05.01.07 @ 12:12:16. Archivado en Editorial
Finalmente, lo que muchos pregonábamos que desgraciadamente iba a ocurrir ha terminado pasando: ETA volvió a hacer lo único que sabe y lo que lleva 40 años haciendo, matar. Las bellas palabras, los discursos esperanzadores, los mensajes sentimentalistas de nuestro presidente han sucumbido a la explosión atronadora del aeropuerto.
El presidente del diálogo y el talante debe dar paso ahora al presidente de la lucha contra el terror, de la guerra abierta contra quienes pretenden destruir nuestro sistema democrático matando ciudadanos, y ese traje no le sienta muy bien a nuestro mandatario. Tras su comparecencia en la Moncloa, donde fue incapaz de dar por rotas las conversaciones, fuimos muchos los españoles que advertíamos la falta de capacitación de Zapatero para afrontar la situación: un presidente dubitativo, sin rumbo, perdido, absolutamente sobrepasado por los acontecimientos, daba una imagen nada esperanzadora para el conjunto de la ciudadanía que, en los momentos de crisis más que nunca, ansían un dirigente que sepa llevar las riendas de los acontecimientos por muy complejos que éstos sean.
El proceso será largo, difícil y duro, nos dijo entonces. La realidad ha sido más bien otra. No ha sido precisamente muy largo, con los nueve meses que ha durado. No sabemos si ha sido difícil o no, a juzgar por la falta de información que el ejecutivo ha mostrado ante la opinión pública; no sabemos cuántas veces se han reunido, entre quién, dónde, para hablar de qué, cuáles son los compromisos que el gobierno adquirió con ETA y tantas otras cuestiones que deberán revelar ahora. Y en cuanto a ser un proceso duro, lo que no cabe duda es que ha sido verdaderamente duro para las dos personas desaparecidas bajo los escombros y sus familias, en el trágico punto final que ETA ha puesto a la tregua.
El proceso de paz ha sido un terrible error. Reunirse con un grupo de asesinos para negociar concesiones políticas va en contra del más elemental principio en un estado democrático: sólo con la palabra se pueden construir alternativas y la violencia no puede conducir a otro lugar que a la cárcel. La sociedad entera lo sabía y aceptaba, pero nuestro presidente tenía otros planes.
Desgraciadamente, muchos son los que piensan que, más allá de la contundencia del ministro Rubalcaba al dar por roto el proceso de paz (unas declaraciones movidas únicamente por la repulsa que la tibieza de Zapatero tuvo ante la opinión pública), el gobierno seguirá intentado una paz dialogada y paccionada con el terrorismo de ETA. Y la razón es muy simple: en el desorden institucional y político en el que gobierna Rodríguez Zapatero, con los estatutos rompiendo la cohesión nacional y abriendo brechas en nuestro sistema solidario, con ministras que pretenden decirnos lo que debemos comer, fumar y beber, con una política de inmigración dramática y sin rumbo alguno, con una presencia internacional tan ridícula como el titular de su cartera… con todo ello, el único eslogan que Zapatero podía ondear en unas elecciones es el fin de ETA, conseguir a cualquier precio (¡qué más da unas pequeñas concesiones si se logra que dejen de matar!) que los terroristas terminen con su actividad criminal. Era su cartel electoral y el empeño irracional que ha mostrado por conseguirlo, dando una carta de naturaleza a los terroristas como interlocutores legítimos como nunca antes la habían recibido (metió a ETA incluso en el Parlamento Europeo), ha llevado a la lucha antiterrorista a una situación lamentable.
Ante la gravedad de la situación, desde Época Navarra queremos hacer un llamamiento para que nuestro presidente del Gobierno responda ante la opinión pública, pues tal es su obligación moral y legal, una pregunta simple y clara: por qué en nueve meses de tregua la policía no ha detenido un solo terrorista.
Nos dicen que no se ha bajado la guardia en la lucha contra ETA a pesar de la tregua, pero lo cierto es que el atentado les pilló por completa sorpresa (en otro tiempo, la policía tenía buen nivel de información dentro de ETA como para tantear la posibilidad de un atentado cerca), que todos los atentados de Kale Borroka han sido mitigados y relegados a la categoría de meros accidentes, y que es un hecho incuestionable que en todo este tiempo no se ha detenido ni un solo criminal. ¿Va a ser esta su lucha contra el terrorismo? ¿Será esta la contundencia con la que actuarán a partir de ahora contra ETA?
El ejecutivo de Aznar detuvo cientos de etarras, desarticuló cientos de comandos y se incautó de toneladas de explosivos y armas. Una lucha policial y judicial sin cuartel llevaron a ETA a dar los últimos coletazos de un pez que muere. Y en lugar de asestar el golpe definitivo, en lugar de haber seguido la senda del Pacto por las Libertades que él mismo promulgó, Zapatero optó por una vía alternativa, por tomar un atajo de consecuencias impredecibles, cuyo resultado son catorce mil escombros y dos desaparecidos. Y esto ocurre cuando la imprudencia gobierna la lucha contra el terrorismo y cuando se persiguen tras ella otros fines distintos a la mera detención de criminales.
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