Francisco de Javier, un santo
08.12.06 @ 11:20:25. Archivado en Sobre Época Navarra, Editorial
Atribuirle carta de ciudadanía a un santo puede parecer una tarea contradictoria, además de vana y falta de interés. El valor universal de la vida y ejemplo de quien entrega su vida a Dios trasciende a una determinada localidad o región, pues la santidad no es sino el reflejo humano del Hombre más apátrida de la historia: Jesucristo.
Atribuir a un santo una determinada nacionalidad no puede tener más significado que el orgullo que sentimos sus compatriotas de compartir pueblo con un gran hombre, pero nada más.
Pero ello no obsta para que tengamos el deber de defender la verdad y la historia frente a quienes quieren utilizar incluso los propios santos con fines políticos. La figura de Francisco Jatsu de Xabier, como ahora quieren encumbrarle los independentistas vascos, es uno de los ejemplos más miserables y mezquinos de utilización política al que hemos asistido en los últimos años. Un intento repugnante de utilizar la admiración y devoción internacional hacia San Francisco como altavoz del fanatismo nacionalista. En definitiva, otro desafío a la verdad que no podemos ni debemos tolerar.
El bueno de San Francisco de Javier, para quien las personas no se dividían bajo banderas sino bajo el manto universal de Dios, no llevó por el mundo mensajes políticos sino la predicación de la palabra del Evangelio. No era un cooperante de ONG sino un misionero de la Iglesia, que se jugaba la vida (hasta la extenuación, como demostró) por llevar el mensaje redentor de Jesucristo hasta los rincones más inhóspitos. La atención a los enfermos, la ayuda al desatendido, la entrega absoluta y sin contraprestación al prójimo, fueron valores que manifestó San Francisco de Javier con el ejemplo de su vida, pero que no son sino la expresión última del mensaje de Jesucristo: amar al prójimo. Y son los mismos valores que, siguiendo su estela, cumplen hoy con terribles penurias y sacrificios miles y miles de misioneros de la Iglesia junto a los más desfavorecidos.
Pero ahora, quinientos años después, no sólo le llaman Francisco Javier, eliminando el calificativo de Santo que le hizo grande y único, sino que intentan encumbrarlo como personaje estrella en su lucha delirante contra el estado español. Un despropósito histórico más de quienes tienen adquirido el vicio de la mentira y la difamación en sus diatribas políticas.
Decíamos al inicio que atribuir ciudadanía a un santo era un ejercicio vano y sin interés. Y es así, porque quien lo hace no ha entendido en absoluto el mensaje que aquel quiso transmitir a lo largo de su peregrinaje: amar al prójimo, al ser humano, a las personas y no sólo al que tenga un RH negativo.
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