Para reyes
01.12.06 @ 11:30:40. Archivado en Editorial
Unos grandes almacenes están colmando los espacios publicitarios con su campaña navideña, centrada como es natural en el mundo de los niños. En la versión radiofónica del anuncio aparece la voz de un chiquillo que, tras enumerar las grandezas de un juguete, anuncia con entusiasmo: “Me lo pido para reyes”.
Como pensar bien es siempre un ejercicio positivo y más en las fechas que se avecinan, queremos creer que los expertos publicitarios no recayeron en el matiz que vamos a comentar sobre el spot. Antiguamente, los niños pedían los regalos a los reyes y no para reyes. No era un día en el calendario que se llamara “reyes” donde uno encargara los regalos y los tuviera de manera espontánea.
Sin ánimo de dramatizar ni emprenderla contra el anunciante, podemos tomar esta anécdota como un ejemplo más de cómo las tradiciones y costumbres están perdiendo el componente religioso que las creó; y de cómo los comerciantes, cualquiera que sea su dimensión, se han lanzado a la piscina de lo políticamente correcto para no ofender a nadie y para abarcar el mayor abanico posible de clientes, sin importarles otra cosa que su cuenta de resultados.
Que los niños no se bautizan porque los padres no quieren, nos inventamos el bautizo civil, una puesta en sociedad de la criatura, y así vendemos los faldones y nos quedamos con el componente estético y bonito de esa fiesta católica. Que no quieren que haga la primera comunión, pues hacemos la comunión civil, vestimos a la niña de blanco y le hacemos una comida y muchos regalos en su honor, así la pequeña no se siente discriminada respecto al resto de sus amigas católicas que tienen la ocasión de disfrutar de ese gran día. Y si uno no cree en los reyes magos y es tan progre que le parece algo terrible mentir a los niños contándoles cuentos católicos de oro, incienso y mirra, pues hacemos el día de “reyes” donde les regalamos cosas sin más magia que la que aporte la tarjeta visa.
La religión no vende; no es un producto que esté de moda, aunque las celebraciones que implica sí son rentables en muchos efectos. La Navidad, que en otro tiempo era la conmemoración del nacimiento de Jesucristo, se convierte ahora simplemente en una vorágine de compras donde el consumismo ha desplazado al componente religioso.
"Me lo pido para reyes". No señor, se lo pides a los reyes, y si has sido bueno todo el año, te lo traerán. Lástima que más de un adulto no se despierte el día seis con sus zapatos hundidos en carbón.
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