Europa, entre la burocracia y la metafísica
08.06.09 @ 19:12:47. Archivado en La política desde fuera
En España, la vocación democrática es la reacción a 40 años de dictadura. Por este motivo, se fundamenta en un aparato retórico y acrítico que blande los vocablos “democracia” y “demócrata” como entidades taumatúrgicas que supone sacrilegio tener que definir. Como se trata de una suerte de respuesta pavloviana al largo periodo de régimen autoritario, no está construido sobre fundamentos sólidos (como una tradición parlamentaria, prensa independiente, división de poderes…), sino sobre el tabú del Franquismo y el carácter sagrado de la Transición y la Democracia, y en este contexto, resulta no ya irrelevante definir qué se entiende exactamente por democracia, sino que resulta sospechoso el empeño por definirla, por someterla a crítica. Por ello, es posible en España una presunta “democracia” basada en un bipartidismpo cerrado y corrupto, con una casta privilegiada que ocupa el lugar de la antigua aristocracia, un poder judicial designado por los partidos políticos, una burocracia hipertrofiada que multiplica los mecanismos de perpetuación de esa casta política y que obstruye el acceso de los ciudadanos a esa esfera intocable, la voladura de la más mínima isonomía (igualdad ante la ley), tanto por el sostenimiento de la monarquía y de la verdadera clase privilegiada de hoy (los altos funcionarios políticos del Estado) como por los privilegios de determinadas comunidades autónomas, etc.
En Holanda, Inglaterra o Francia, por su parte, la gestión democrática de la sociedad responde a siglos de democracia instaurada. En estos países, resulta mucho más difícil encontrar desviaciones del sistema garantista tan flagrantes como las enumeradas. Y es que la democracia no consiste en poder votar cada cuatro años en la liturgia electoral que es remedo de las liturgias sacramentales. Hay infinitamente más democracia en la abstención (aun en la que procede de la mera indiferencia) que en el voto convencional y gregario. No son casuales los índices de abstención en Holanda (63%) o Francia (60%), por poner dos ejemplos significativos, en las elecciones europeas.
Europa es la vieja carcasa dependiente de la cobertura militar y económica de los Estados Unidos de América, inane ante la estructura despótica y corrupta de la ONU, cuya base no es más que los sueldos de los europarlamentarios, única entidad tangible de lo que llamamos UE. ¿Qué se vota cuándo se vota Europa? Por mucho que la vista se fije (papeleta en mano) en una “Europa Unida”, idea metafísica que la Historia ha reducido a la burocracia sin poder ejecutivo con sede en Bruselas, al abrigo de las notas de la Novena Sinfonía y con el euro en el bolsillo, lo que se elige es a quién van a ir destinados en los próximos años los sueldos de los eurodiputados que sostienen la escenografía de la Unión Europea.
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José Sánchez Tortosa
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