La esencia de lo religioso hoy
25.03.09 @ 19:14:40. Archivado en La política desde fuera
La esencia de lo religioso no reside en la existencia o inexistencia de Dios o de los dioses. Lo religioso se constituye en la liturgia, en el ceremonial que, independientemente de que la entidad trascendental a la que se implora exista o no, anuda, liga a los fieles entre sí con la cadena que es ese Absoluto escenificado en el ritual. El Absoluto (el Acto Puro de Aristóteles, la Substancia Infinita de Spinoza) es impermeable a las tribulaciones, deseos o esperanzas de los mortales. Es imposible que los entes finitos afecten en nada a lo Infinito. Ante semejante imposibilidad, no le queda más margen de acción a lo finito que afectarse a sí mismo a través de lo religioso, formado, como decimos, por lo sacral, cuyo carácter divino no le viene dado propiamente sino de lo litúrgico. Es la liturgia lo que simula una ilusión de eternidad basada en la repetición, ese simulacro de inmortalidad. De ahí que la pretensión de demostrar o no la existencia de dios en nada afecta al sistema de creencias que conforma una fe:
“Nada de lo que tiene de positivo una idea falsa es suprimido por la presencia de lo verdadero, en cuanto verdadero. (...) Por tanto, las imaginaciones no se desvanecen ante la presencia de lo verdadero, en cuanto verdadero, sino porque se presentan otras imaginaciones más fuertes, que excluyen la existencia presente de las cosas que imaginamos.”
(Spinoza, Ética, IV, proposición I y demostración)
En ese territorio, el creyente se encuentra en un remanso de paz, aplacadas las dudas, las incertidumbres, el menor desasosiego ante la aceptación de una Verdad Absoluta, a salvo de cualquier conjetura, de cualquier mínimo estremecimiento provocado por la racionalidad, ese aparato de combate dialéctico. De ahí que el sujeto humano se encuentre en cada fase histórica sujeto, atado a diversas creencias, que reproducen la esencia de lo religioso, ya sea asumiéndolo, ya sea rechazándolo, como parece suceder en nuestros días (hecha la salvedad del islam). Hoy, la esencia de lo religioso aflora en cualquier utopía que cancela la posibilidad misma de la contradicción permanente, de la batalla sin solución. El ámbito de las creencias se ancla en la simulación escénica de la eternidad, donde ningún argumento o irrupción conceptual puede hacerla tambalear. Diseña un mundo impasible, incorruptible, perfecto, definitivo, ajeno a la condición constitutivamente efímera de lo real, en constante fluir (Heráclito).
Humanismo, socialismo, nacionalismo, son algunos de las formas que adopta en la actualidad lo religioso.
Ahí, fuera de toda duda, de toda imperfección, se erige el monumento de la utopía, la ceguera identitaria, grupal, inmutable. Es utópica toda concepción estática de la realidad, impermeable al campo de batalla que no puede dejar de ser en momento alguno el territorio de la racionalidad, de la guerra dialéctica nunca resuelta definitivamente, sacudida constantemente por las diatribas, las contradicciones, la disparidad de jucios e ideas que sólo es posible en base a un idioma común, universal. En el mundo de lo perfecto, lo imperfecto sobra. Lo que pueda poner en duda los cimientos de la utopía es barrido, negado, “aniquilado”, convertido en “nada”, “nihilizado”: Vernichtung (los campos de exterminio nacionalsocialistas reciben el nombre de Vernichtungslager).
De no ser así, la utopía sucumbe o deja de ser utopía. Y ése es un riesgo inasumible para el verdadero creyente de cualquier dogma.
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José Sánchez Tortosa
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