El concepto de lo laico
25.11.08 @ 22:44:29. Archivado en La política desde fuera
España es un Estado aconfesional, según la Constitución. No laico. Aconfesional significa lo siguiente: "Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones" (artículo 16.3 de la Constitución española).
Laico hace alusión a la estricta separación entre lo público (en griego, koinon) y lo privado (en griego, idion).
Nos guste o no, por tradición y rasgos culturales del “pueblo” español, la religión católica es reconocida oficialmente por el Estado como un componente sociológico mayoritario.
La alternativa es, por tanto, Estado aconfesional o Estado laico.
Si se opta por la primera, no parece que un crucifijo en un colegio sea más que un símbolo cultural que no tiene por qué ofender a nadie, bien entendido que tal símbolo no tiene vocación de excluir a nadie (la religión católica es ecuménica, esto es, universal).
Si se opta por la segunda, el crucifijo no tiene cabida en ningún edificio público. Pero tampoco el velo musulmán de una mujer, joven o adolescente (que sí tiene vocación excluyente, pues excluye, para empezar a la mujer que lo lleva, degradada en un 50 % con respecto a un varón, según la ley coránica). Y, para ser estrictos, un Estado laico debería dejar a la elección del contribuyente en su declaración las aportaciones a ongs, confesiones religiosas, sindicatos, lenguas locales (que, como en Francia, no sólo quedarían fuera de la enseñanza pública, sino que no serían sufragadas por el Estado central) y someter a referéndum o a debate parlamentario cada partida que vaya destinada a un “artista” con una ideología partidista declarada.
Por si es de interés, yo, por fidelidad a la razón, juzgo más civilizado y democrático el Estado laico, con todas sus consecuencias.
Pero ¿estamos dispuestos a asumir la verdadera laicidad del Estado?
Comentarios:
Lo que el diablo no parece entender es que democracia no es algo que el tirano disfrazado de demócrata debe dirigir (Duce) según su criterio, sino el egregor de un sistema caótico que debe obedecer el buen gobernante. Si el egregor del sistema caótico llamado España es 78% católico (PSOE) y 90% (PP), el buen gobernante deberá respetarlo. El necio tirano intenta gobernar el caos, conducirlo, pero como decía el niño "potencial" de la cuchara a Neo en Matrix: "Eso es imposible".
Me permito arriesgar la lectura, no demasiado osada a mi juicio, de ver como privado lo eclesiástico, yendo más allá que la estrecha definición del diccionario, y extenderlo a otros componentes dogmáticos, relativos a creencias con mayor éxito en la actualidad que la religión (si descontamos la joven fe coránica), como esa religión de raíz romántica y burguesa que es el nacionalismo. Lo laico, así, sería la garantía de que se preserva un ámbito público, que, por serlo, no hace distinciones partidistas, que sí se dan necesariamente en los asuntos privados, por mucho que la religión y otras creencias no dejen de ser asuntos que, al discurrir en el ámbito social, afectan a lo público, a lo político. Ésta es la hipótesis que habría que discutir, en luga...
Perdón, pero "laico" no tiene nada que ver con una distinción entre público y privado (¿qué pinta aquí "koinon"?). Laico (del latín laicus, del griego laios, pueblo) significa "no eclesiástico", como su pariente no culto "lego".
¿Qué es esto, don José? ¿Ignorancia? ¿O manipulación descarada de palabras y conceptos? Ambas cosas están muy feas en un señor profesor.
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José Sánchez Tortosa
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