El discurso hegemónico y su retórica o el monopolio de la opinión
13.11.08 @ 20:48:36. Archivado en La política desde fuera
El discurso hegemónico está dotado de una retórica pacifista a conveniencia que resulta altamente rentable y eficaz en términos mediáticos. Como sabemos desde la resistencia crítica de Sócrates frente al imparable avance de la retórica sofística, la eficacia del discurso reside en el grado de certeza que el hablante aparenta, en lo atractivo del lenguaje empleado (cargado de tópicos, adjetivos, lemas fáciles de recordar y con los que identificarse inmediatamente por no ser excluido o sentirse un canalla integral ante los demás) y en el nivel de consonancia del mismo con los deseos del auditorio. A todo ello se añade, en el caso de la autodenominada izquierda (oficial) española, la ausencia casi total de una oposición real dotada, a ojos de los consumidores de opinión, de igual legitimidad moral y política. Esto permite, sin el menor sonrojo, defender una cosa y su contraria, infringiendo flagrantemente el principio de no contradicción. En el caso de Afganistán, el discurso no resiste el combate analítico que la lógica de la interrogación impone: ¿Por qué no Irak? Pero el conflicto no se dirime ahí realmente, sino en las terminales mediáticas colmadas por ese discurso hegemónico que permite contener los sentimientos de culpa de una sociedad opulenta y acobardada. La ideología bienpensante no parece dispuesta a admitir que la democracia se defiende con las armas frente al totalitarismo en acción y al fanatismo armado. Y que el verdadero trabajo de la democracia consiste en defender sus estructuras de poder y garantías ciudadanas cuando éstas se ven amenazadas. Véase El hombre que mató a Liberty Valance.
En un mundo global, Irak y Afganistán, así como la defensa de Israel, son los puntos en los que se juega la posibilidad misma de detener el avance de la jihad, son los diques de contención a los que la civilización no puede renunciar sin riesgo de ser exterminada (y todos nosotros con ella). No hay ayuda humanitaria posible por parte de ningún ejército en esas zonas del planeta que no tenga necesariamente que ser protegida por las armas y, como recuerda con descarnada lucidez el general interpretado por Jack Nicholson en Algunos hombres buenos dirigiéndose a Tom Cruise, “Me desprecias mientras gozas de una libertad que yo te garantizo. En el fondo, me quieres a este lado del muro.” Es muy fácil jugar a las misiones con la ventaja de contar con una imagen depurada de hábitos monacales y crucifijos y adornada con el aspecto y la indumentaria más a la moda de la juventud comprometida.
Resulta irritante tener que recordar la maraña de mentiras sobre las que el PSOE en particular y la izquierda española oficial en general han construido su poderoso imperio. La táctica invencible de apropiarse del título de antifranquista por parte de quienes formaron parte del franquismo o de los contubernios que gestionaron su dulce extinción facilitando, en realidad, su tránsito casi intacto y sin ruptura ha tenido un éxito indudable. A ello se suma la demostración de falta absoluta de escrúpulos a la hora de sepultar o manipular a conveniencia la figura y la memoria de quienes sí lucharon contra el franquismo y a los que, en no pocos casos, se eliminó o abandonó en aras de la realpolitik o las subvenciones. Y la táctica no menos exitosa de proclamarse anticapitalistas (moderados), sin la cual no hubiera sido posible edificar ese conglomerado de empresas y terminales mediáticas, sin mencionar que gracias a las concesiones del antiguo régimen se pudo producir tal crecimiento. En fin, la jerga y la retórica más blanda, moldeable, adaptable, capaz de encubrir y embellecer lo más reaccionario, se imponen a través del monopolio de la opinión.
Comentarios:
Estimado Profesor:
Gracias mil por su penetración y agudeza... Sepa, don José, que está conquistando las Américas... En mi escuela de Miami nos vamos pasando sus entradas y las discutimos.
Me encantaría conocerle.
Un rendido admirador.
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José Sánchez Tortosa
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