Igualdad de lenguas o de individuos II
01.11.08 @ 12:10:30. Archivado en La política desde fuera
En respuesta a un amable lector
“Llamamos nacionalistas con desprecio a aquellos que no aceptan nuestro ultranacionalismo, o, dicho de otro modo, a aquellos que prefieren su nacionalismo a nuestro ultranacionalismo.
Me parece bien que practiquen ustedes la autocrítica, aunque sea sin saberlo.”
(Jonathan Sebastian 30.10.08 @ 23:14)
y a modo de comentario de texto:
¿Llamamos? ¿Quién? Yo (pero ¿qué significa realmente yo?), cuando escribo, trato de analizar la realidad, poniendo en el análisis lo menos posible de mi yo. Por eso, si proyecto mi persona, con todas sus limitaciones e imperfecciones, sobre el discurso, el que lo lee está obligado por la lógica a decirlo. Si no es así y el autor es irrelevante y lo que hay que discutir es la verdad o falsedad del discurso mismo, acusarme a mí de ultra-lo-que-sea es perder el tiempo (y no haber entendido nada del texto).
¿Llamamos? ¿A quién? Cuando empleo el término nacionalismo o nacionalista, una vez más, no estoy haciendo un juicio de valor. Es un concepto político, definido y que, además, no adjudico, en principio, a nadie que no lo reivindique como propio.
¿Con desprecio? Nacionalista no es un insulto, es la categoría política asumida explícitamente por determinados agentes políticos.
¿Ultranacionalismo? El uso del prefijo ultra es problemático pues puede plantearse la cuestión acerca de si implica una simple diferencia de cantidad o una diferencia cualitativa. ¿Cuál es la diferencia entre nacionalista y ultranacionalista? Sencillamente, la diferencia estriba en el efecto negativo que la partícula genera inmediatamente en el lector desprevenido, en el espectador acrítico. ¿El ultranacionalista es un nacionalista que grita más de lo debido? ¿Es un nacionalista extraparlamentario? ¿Se puede ser nacionalista pero ser ultranacionalista es ya lindar con el fascismo? ¿El nacionalista se limita a defender su patria mientras que el ultra la impone? ¿Nuestro ultranacionalismo? ¿El de quién? Si la referencia es España, resulta tan nítido que aburre recordarlo (y, sin embargo, no podemos dejar de hacerlo): España es un Estado que integra a diversas provincias y regiones, incluye sus particularidades culturales, sean la lengua, el lanzamiento de piedras, los símbolos respectivos o sus partidos políticos (salvo los ilegalizados por financiar actividades terroristas). Esa integración está sustentada por la financiación económica de cada autonomía y por la (catastrófica) transferencia de competencias, sobre todo, en educación. Los nacionalismos denominados periféricos se alimentan del impulso estrictamente opuesto, como la imposición a sus ciudadanos de la ignorancia de una lengua que les permita comunicarse no sólo con los 40 millones de ciudadanos españoles sino con unos 400 millones en todo el mundo, un idioma que es el tercero en importancia; la manipulación sistemática de la historia, en particular, en las escuelas (esto tiene un nombre en política: fascismo, y no es insulto, es descripción, puro rigor terminológico); exclusión de los símbolos que no son excluyentes (los españoles), etc.
Cuando se habla de lo común frente a lo idiota es elemental advertir dónde hay que aplicar cada categoría. Si un nacionalista catalán, uno vasco y uno gallego se reúnen para hablar, compartiendo sin duda su odio a la entidad común que les da cobertura política, jurídica y económica lo quieran o no, ¿en qué idioma hablarán? ¿en qué lengua común? (Y dudo mucho que esta lengua sea el inglés, dado el nivel académico de nuestra casta política…)
Muchas gracias al lector por su comentario
Comentarios:
Habría que estudiar la parte de culpa que tiene Felipe González en esto, no se le va a cargar toda a Clavero.
Saludos
A ver si lo entiendo. Hay un nacionalismo incluyente (español) y un nacionalismo excluyente (catalán, vasco, etc.). Ejemplos de nacionalitas incluyentes fueron Napoleón y Hitler, que intentaron incluir a media Europa. O, en nuestros días, Putin, que pretende incluir a Chechenia,Osetia, Abjasia y lo que se presente. Ejemplos de nacionalismos excluyentes fueron la España de 1808, que no quiso ser incluida por Francia, o el México o Argentina de principios del XIX, que no quisieron ser incluidos por España. ¿Va por ahí la cosa?
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José Sánchez Tortosa
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