La frágil consistencia de las democracias II
22.09.08 @ 19:45:00. Archivado en La política desde fuera
En respuesta a un lector:
No se trata de que haya que ser una cosa u otra. Los doloroso pero inexorable es que cualquier Estado, y los Estados democráticos también, se erige necesariamente sobre una base consolidada en la fuerza y no en la superioridad moral. Lamentablemente (o no, allá cada cual), los aliados vencieron al nazismo en la Segunda Guerra Mundial gracias a diversos factores, pero la legitimidad moral de las democracias no podía ser uno de ellos, teniendo en cuenta el papel decisivo de la Unión Soviética. O, por poner un ejemplo deliberadamente controvertido, Israel sobrevive en mitad de un desierto poblado de teocracias que, en mayor o menor grado, aspiran a su destrucción, gracias a su potencia militar y no a causa de su innegable superioridad política, desde el prisma de la democracia liberal o parlamentaria occidental. La presunta superioridad moral a la que el lector alude no deja de ser un concepto algo vaporoso. Prefiero categorizar, de una manera más neutra, como más racional el sistema basado en derechos individuales que el basado en entelequias metafísicas como Patria, Pueblo o Raza, potencialmente homicidas en todos lo casos. En caso de conflicto, esta diferencia no es decisiva, sino que lo decisivo resulta la fuerza (“Entre dos derechos, vence el más fuerte”, que diría el Marx más spinoziano), con el matiz, señalado en la entrada anterior del blog, de que, por sus características, el sistema garantista ofrece unas posibilidades que sus enemigos no dudan en aprovechar, que sistemas autoritarios o totalitarios no presentan y que, eventualmente, pueden poner dicho sistema en peligro, por más que constituyan parte de su esencia teórica y política.
Comentarios:
Espero que pueda ver mi dirección de e-mail. Sería un placer poder servirle de ayuda. Un saludo, otra vez, desde Alemania.
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José Sánchez Tortosa
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