Con ocasión de la muerte de Alexander Solzhenitsyn
05.08.08 @ 21:16:49. Archivado en La política desde fuera
Archipiélago Gulag es una obra capital. Y lo es por presentar a los acomodados ojos europeos una realidad brutal que sólo tras la caída de la Unión Soviética y la apertura de sus archivos no puede ser negada impunemente:

“Se cuenta que en Smolny, en la misma noche del 25 al 26 de octubre [del 7 al 8 de noviembre según el calendario actual, es decir, la noche siguiente a la Revolución en la que los bolcheviques toman el Palacio de Invierno], surgió una discusión sobre si uno de los primeros decretos no habría de ser la abolición de la pena de muerte por siempre jamás. Lenin ridiculizó entonces el idealismo utópico de sus camaradas, pues sabía que sin pena de muerte sería imposible dar un solo paso hacia una nueva sociedad. Sin embargo, como formaba un gobierno de coalición con los socialistas revolucionarios, hubo de ceder ante sus erróneas concepciones y, a partir del 28 de octubre de 1917, la pena de muerte quedó, por fin, abolida. (…) A principios de 1918, Trotski ordenó que se juzgara a Alexéi Schastni, recién promocionado a almirante, por haberse negado a hundir la flota del Báltico. El presidente del Tribunal Revolucionario Supremo, Karklin, sentenció rápidamente en su imperfecto ruso: “fusilar en 24 horas”. Agitación en la sala: “¡La pena de muerte está abolida!”. Pero precisó el acusador Krylenko: “¿De qué os inquietáis? Pues claro que está abolida la pena de muerte. A Schastni no le vamos a aplicar la pena de muerte, lo vamos a fusilar”. Y lo fusilaron.”
(Alexander Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag, 1ª parte, capítulo 11)
“A partir del último mes de 1917 empezó a verse claro que sin cárceles no se iba a ninguna parte, que ciertas personas no podía estar más que entre rejas, sencillamente porque en la nueva sociedad no había lugar para ellas.”
(Alexander Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag, 1ª parte, capítulo 12)
La mitología política europea de los años 70 recibió como un impacto este testimonio descarnado. La mayoría de los intelectuales europeos prefirió mirar para otro lado para seguir refugiados en la placidez pequeñoburguesa de la retórica revolucionaria sin revolución que ataca el sistema pequeñoburgués que los ampara. Y mientras estos intelectuales de salón jugaban a una rebeldía anticapitalista de hijos de buena familia, el disidente ruso ofrecía desde lo más profundo del sistema de campos soviéticos (la caverna platónica del siglo XX, de la que Solzhenitsyn sale sin salir, escribiendo desde su interior) la verdad sin concesiones:
“Vigilar y castigar, quizá la obra menos lograda de Foucault, ha sido en Estados Unidos la más influyente gracias a sus alusiones al “poder oculto” que con tanta justeza reflejan el estilo paranoico de la política estadounidense. (…) No obstante, en Francia la recepción fue muy diferente. A pesar de que al aparecer en 1975 se publicaron extensas y respetuosas reseñas, un año antes se había conocido una obra sobre la prisión moderna llamada a adquirir mayor resonancia: Archipiélago Gulag, de Solzhenitzsin. El contraste entre ambos no puede ser más claro, y neutralizó cualquier efecto que Foucault hubiese imaginado para su propio trabajo. Ante el impresionante relato de la tortura física y mental de la cual era responsable un régimen que todavía los grandes intelectuales franceses consideraban como la vanguardia del progreso social, era difícil seguir afirmando que las aulas occidentales eran prisiones. Poco después, desde Camboya y Vietnam empezaron a llegar los refugiados que huían en barco, y casi de inmediato los principales pensadores franceses se declararon contrarios a toda cuestión que tuviese relación con el marxismo. Si antes las acerbas bromas de Foucault sobre el dolor y la crueldad provocaban nerviosos estremecimientos, ahora ya nadie reía.”
(Mark Lilla, Pensadores temerarios. Los intelectuales en la política, Debate, Barcelona, 2004, p. 135)
Pero Europa parece no aprender. Una patología semejante le impide hoy ver desde el cómodo hogar defendido por el presupuesto militar de otros, la amenaza para su mundo que el Neofeudalismo islamista representa.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
José Sánchez Tortosa
autor
Contacto


