Cuando Platón narra el mito de la caverna, lo hace en el marco de dos temas centrales, y relacionados entre sí, dentro del pensamiento filosófico: el conocimiento y la enseñanza. Allí se plantea la escena alucinatoria e inquietante de unos esclavos que ven sombras emitidas sobre la pared de su prisión. Esas sombras son para ellos la realidad misma. El conocimiento y la enseñanza consisten en salir de esa cárcel que es la ignorancia. Hoy día, los medios de comunicación de masas son lo más parecido a esa caverna. Desde ese púlpito mediático, los nuevos sofistas alimentan los deseos y las convicciones de las masas, ajenos a la racionalidad política. La voz de la caverna resuena, con la fuerza proselitista de las sombras, de la falsedad, de los tópicos, de las consignas, en las pantallas de esa prisión catódica que emite desde el privilegio que su universalidad virtual otorga.
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