Sócrates sólo necesitaba una condición para lograr que el esclavo de Menón alcanzara por sí mismo el conocimiento y, por tanto, la libertad: saber griego, esto es, la lengua común, como recordaba el pasado 4 de julio en Gijón Pedro Insúa, en los Encuentros de Filosofía organizados por la Fundación Gustavo Bueno, presentando mi intervención en los mismos.
Hoy en España, surge un manifiesto que reclama la defensa, no del español sino de los derechos de los ciudadanos para ser educados y atendidos en la lengua común a todo el Estado y a unos 400 millones de personas (“Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas.”)
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