Las lentejas
25.05.08 @ 23:37:54. Archivado en Sobre el autor
“Esto son lentejas, si quieres las comes y si no las dejas”. Algo así me imagino que habrá tenido que escuchar María San Gil más de una vez esta temporada. Quizá no tan claramente, pero sí convenientemente envuelto en palabras como tesis, estrategias, tácticas etc.….De autocrítica creo que nada de nada. Hace falta comer muchas, muchas lentejas para sobrevivir en el País Vasco, para expresar en voz alta lo que muchos otros callan, incluidos aquellos a quienes se pretende rondar. Será quizá por su aporte de hierro, necesario para resistir en condiciones extraordinariamente difíciles y mantener la voz y la palabra en un terreno donde lo que falta es hierro para denunciar y resistir y sobra plomo para morir.
Cuando se vive en territorio comanche hay que tener las ideas muy claras y una gran fuerza de voluntad para seguir defendiendo los principios democráticos en medio de una sociedad anestesiada, en el mejor de los casos indiferente, cuando no abiertamente hostil hacia todo lo que pueda recordar, siquiera vagamente a una nación, a un Estado que no sea el imaginado por los nacionalistas bucólicos e irredentos.
Yo comprendo el interés de buscar en nuevos caladeros los votos que son imprescindibles para alcanzar el poder. O al menos eso es lo que esgrimen los asesores, espléndidamente remunerados, que se mueven alrededor de los políticos. Claro que el riesgo de ampliar horizontes en nuevos sectores es altísimo si no se tiene claro de dónde se parte y a dónde se quiere llegar. A ver si al final va a ser como el chiste del pintor, agarrado a la brocha cuando le quitan la escalera.
A ver si va a resultar que tanto vivir como una diana andante, tanto referente moral y ético, tanto insulto, tanto desprecio, tanta sangre no sirve para nada. Es mejor rebajar la tensión, tragar, hacerse más amable para ser aceptado por el club exclusivo y excluyente de los nacionalistas, en espera que alguno tenga a bien relacionarse e incluso votar a este nuevo Partido Popular. Buenos chicos, en definitiva. De ilusión también se vive.
Probablemente a más de cuatro inspiradores de cambios aventurados y entusiastas arribistas les vendría mejor un acta de concejal en cualquier pequeño municipio del País Vasco antes que una de diputado o senador en Madrid .Y quizá les convendría conocer el olor del odio, el sabor del dolor, la visión de la indiferencia o de la soledad más absoluta. Claro que a lo mejor de lo que se trata es de saciar el hambre de las ambiciones personales aun a costa de vender la primogenitura, cambiar principios por cargos, prebendas, status, vanidad de vanidades. En definitiva: un simple plato de lentejas.
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Angel Garde Lecumberri
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