El vermouth
20.05.08 @ 22:55:00. Archivado en Sobre el autor
Nuevamente, como si hubiese recuperado fuerzas para odiar más, para causar más dolor y sufrimiento, ETA ha vuelto a hacer de las suyas, es decir, ha vuelto a asesinar a un ciudadano. Si llevaba uniforme o de qué color era no tiene la menor importancia. Y nuevamente se suceden otra vez las imágenes tantas y tantas veces repetidas. Repudio, unidad frente al terror, promesa de penas de cárcel para sus autores. Pero eso no basta. Ya no bastan las palabras, los discursos, los ritos, las condecoraciones y las coronas fúnebres. Ya no son creíbles las caras compungidas, las visitas a la capilla ardiente. Rechinan los homenajes a las víctimas cuando se hacen desde un planteamiento sectario e inmoral. Sobre todo cuando, con el cuerpo de un guardia aún caliente, se acusa a un Estado democrático en un Parlamento de permitir a las Fuerzas de Seguridad y casi amparar las torturas de manera sistemática. No es tortura vivir bajo la opresión del miedo, no es tortura el poner trabas para hablar la lengua común de todos los ciudadanos. No es tortura no poder vivir y trabajar en libertad, ejercer el mínimo derecho de cualquier ser humano. No. Eso no es tortura. Cuando uno se estruja las meninges intentando comprender el comportamiento esquizofrénico que demuestran tantos dirigentes y ciudadanos aparentemente normales y no lo logra, hete aquí que una imagen, una instantánea recogida en la prensa viene a mostrar sin palabras, sin sesudos razonamientos, tanta cotidiana irracionalidad. Se trata de una concentración en la plaza de Mondragón, localidad tristemente famosa desde que asesinaron en vísperas electorales a un convecino, al día siguiente del asesinato del guardia civil en Legutiano. Pocas personas, diez, quizá veinte. En silencio. Y justo al lado, las terrazas de la hostelería. Llenas. La hora del vermouth. El poteo, los pintxos. El desdén hacia los que se concentran en repulsa por un asesinato. Se está mejor al solecito. Menos riesgo, más a gusto. Total, ¿qué podemos hacer? Mejor no meterse. A lo mejor igual hasta se lo merecía, pensarán algunos, Brindis por los gudaris. Uno menos. Txakurra kampora (“Perros fuera”). Las víctimas han dejado de ser iguales a sus verdugos. Son inferiores. Por dejar, hasta han dejado de ser personas. Son cosas. Inútiles. Estorbos que hay que apartar, sin ningún remordimiento. Maketos, españoles. Nadie les echará de menos en esta tierra sagrada. Y así se vive, o mas bien se sobrevive .O se muere para que, mientras, erre que erre, unos sueñen con la Tierra Prometida y otros toman el vermouth. Con aceituna. Tranquilamente. Disfrutando incluso, ajenos al dolor, ajenos a todo que no sea la hora del aperitivo. De “su“aperitivo.
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Angel Garde Lecumberri
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