el souflé
15.06.07 @ 07:52:39. Archivado en Sobre el autor
el souflé
Mira por dónde el maravilloso pastel que el gran cocinero – timonel hacia un dorado amanecer de paz y amor universal cual neo hippy progresista ( haz el amor y la guerra que la hagan otros) - ha cocinado con tanto esmero, con tanto cariño, en el rincón de su espléndida cocina, mediante la aplicación de su más secreta receta que él y sólo él como elegido de los dioses conoce ha resultado ser como el souflé, que después de tanto afán, de tanta espera, cuando a los comensales se les hacía la boca agua, ¡pluff! se ha deshinchado de repente, dejando desconcertados al famoso chef y a su cohorte de cocineros y ayudantes que asisten boquiabiertos a este lamentable espectáculo. Yo hice todo lo que pude, exclama compungido, no es momento de reproches y sí de ayuda, dicen otros. ¡Cómo cambian los papeles en tan pocos días!. ¡Cómo interpretan a su antojo los deseos del público! . Pero la realidad es que el pastel yace impresentable, incomible en el centro del obrador. Quizá alguien creyó descubrir una nueva técnica de pastelería consistente en introducir los ingredientes en el horno sin esperar a que éste alcanzara la temperatura adecuada, o sin comprobar si estaba o no encendido. Incluso puede que se le hiciera subir mediante el viejo truco de dibujos animados, ya saben, el de insuflar aire con una bomba de bicicleta a fin de no perder tiempo y presentarlo -para ganar- al gran concurso. Sería cómico si no fuese porque la tragedia vuelve a rondarnos de nuevo, y aquellos que tanto vendían la paz, el diálogo y la cesión como una virtud se repliegan de nuevo, temerosos de que el pastel quede al descubierto y en el interior de la masa aparezcan trazas de sangre, dolor y sufrimiento.
Y se pide unidad sin desandar los caminos extraviados, sin proponer un camino claro y un objetivo común con discursos que siguen sonando huecos, vacíos. Como el souflé. Pero señores, no creo que esté el horno para bollos, precisamente, sino para pan recio, duro incluso como para aguantar las largas y tristes jornadas que nos esperan. Y recuerde el gran maestro: los experimentos, con gaseosa.
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Angel Garde Lecumberri
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