Intipalka, los vinos del Valle del Sol
14.10.09 @ 19:58:59. Archivado en Vinos, Bodegas

Faltaba una apuesta de tal magnitud para recuperar el terreno perdido en la elaboración de caldos de primer orden. Como el buen vino nace en la tierra, la familia Queirolo, en el marco de un proceso de renovación total, decidió en el 2003 adquirir 160 hectáreas cuidadosamente escogidas en el valle de Ica para iniciar el proyecto Intipalka, que hoy, ya en el mercado, esta gama de cinco vinos varietales se presentan como la nueva apuesta de los vinos peruanos de alta gama hacia el mundo. Los Varietales son Chardonnay, Sauvignon Blanc, Malbec, Syrah y Tannat. Para el próximo año se esperan los Reservas, que están esperando en sus barricas de roble francés reunir todos los elementos organolépticos para ser descorchados. Con esta línea de Intipalka, que significa Valle del Sol en quechua, se espera dar el primer paso para colocar nuevamente al Perú como un país que también es tierra de vinos, no solo de piscos. Un esfuerzo que ya está dando sus frutos.
Este proyecto se dio inicio en el año 2000 y tardó más de un año en encontrar el terroir ideal para plantar las cepas bordelesas adquiridas al Grupo Mercier, que es un prestigioso vivero internacional con plantaciones en Francia y California, ellos sugirieron y suministraron las variedades mas adecuadas para el terruño escogido. Para el tema enológico se apoyaron en todo el conocimiento y experiencia de los enólogos Jacques Blouin y Edmundo Bordeu. Ya en el 2003, se hacen las plantaciones y así nacieron los viñedos San Jerónimo y Márquez. En la actualidad, la bodega Santiago Queirolo cuenta con más de 400 hectáreas en el valle de Ica, dedicadas exclusivamente al cultivo de uvas viníferas y pisqueras. Estos suelos permiten que las cepas puedan desarrollarse a su plenitud. Los viñedos se sitúan al pie de los primeros contrafuertes de la Cordillera de los Andes, a 500 m.s.n.m. y a más de 40 kilómetros de la costa de la que es separada por el desierto sureño.
Los viñedos cuentan con suelos francos, profundos, ricos en magnesio, todos con riego tecnificado. En cuanto al clima cave señalar que es desértico, predilecto para cepas finas, con inviernos frescos a fríos sin riesgos de heladas, y veranos especialmente soleados y calurosos. La ausencia de lluvias y
humedad favorecen la floración y maduración de las vides, preservándolas de enfermedades y hongos. La gran amplitud térmica diaria, que en algunos casos alcanza diferencias de hasta 20 grados entre el día y la noche, permiten que en las uvas se concentren las cualidades aromáticas y gustativas, que darán al vino un singularidad única, con notas delicadas y un sabor permanente en boca. Las temperaturas promedio del invierno permiten el reposo vegetativo de las vidas, con inviernos fríos, mientras que en épocas de verano, el sol y la falta de lluvias logran una maduración tranquila y pausada de la uva. Todo a la medida para las vides que trajeron desde Francia.

El nombre, asimismo, fue bien escogido, teniendo un trasfondo netamente peruano. Los Incas llamaron Intipalka a la conjunción permanente que existe entre el dios Sol y el valle de Ica, tal es así, que la leyenda cuenta (complementado la tradición de Don Ricardo Palma: La Achirana del Inca) que cuando Pachacutec mandó construir el gran canal de regadío a pedido de su bella, amada e inalcanzable Rumi Ñahui, le reconfortó el saber que al darle agua a uno de los valles preferidos del dios Sol, estaba sembrando beneficios para cosechar bendiciones. Por ello se escogió el nombre y el lugar. Punto aparte merecen los vinos que ya están en el mercado. Sorprende, para muchos, que en Ica se puede producir un malbec con personalidad propia. No es igual que un malbec argentina, porque la vid llegó directamente de Francia para que se adapte al terruño peruano, y como resultado dio un vino fino, amable y conservador.
Lo mismo sucede con el syrah, que es una variedad llena de historia, y que ha encontrado en Ica un terruño que hecho para esta cepa, obteniendo notas nunca antes vistas en los vinos de syrah en otras partes del mundo. También es el caso del tannat. Aunque, para algunos, como dijo la enóloga española María Isabel Mijares, que el Perú tiene un gran potencial para las cepas blancas. Los resultados de los vinos Intipalka Sauvignon Blanc, con sus intensos aromas frutales y el Intipalka Chardonnay, con su fina frescura, son sencillamente para respirar con orgullo, ya que esta propuesta de la familia Queirolo está marcando un despegue de los vinos peruanos. Está claro que esto es un trabajo a largo plazo, pero esta primera entrega de Intipalka deja tranquilos, y con ganas de probar los Reservas que esperan ser descorchados con ansias. Por ello, a los consumidores de vinos foráneos, solo queda recomendarles que no duden en catar estos grandes de vinos Intipalka.
*Este es un artículo del periodista John Santa Cruz, publicado en la edición 76 de la revista Dionisos (Lima, Perú)
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