Catena, el apellido del vino en Argentina
01.10.09 @ 01:55:17. Archivado en Vinos, Bodegas

“Si bien pasé por todas las áreas del vino, lo que más me gusta es generar productos. Es como una creación: así como un pintor crea cuadros, yo hago vinos. Y cuando vi que podía mezclar el arte con la industria, se me hizo un click. Yo soy el vino y quiero que refleje mi personalidad: siento que soy el producto y trato de vivir la vida y los valores que debe tener. Es elegante, se bebe despacio y a medida, por lo que trato que mi vida sea así. Es decir, que la filosofía tenga congruencia. Y también allí se refleja mi vuelco a las humanidades: que los vinos tengan un contenido estético altísimo y reflejen la visión de una vida humana, no tecnócrata, donde se priorizan las emociones más que la razón. El ir a los orígenes del vino, que es una industria milenaria”. Así ve la industria del vino Ernesto Catena, como mencionamos, hijo mayor de Nicolás Catena, uno de los hombres mas importantes de la industria vitivinícola argentina en la actualidad.
Pero Ernesto Catena no siempre estuvo ligado al negocio del vino, desde niño, luego que terminara su educación escolar en la Escuela Argentina Modelo, partió hacia los Estados Unidos. Era 1982. El destino: Tufts University, en Medford, Massachussets, de donde egresó en 1986 como bachelor en Computer Science and Economy. Se quedó un año más trabajando en California. Volvió a casa en 1987, abrió su propia empresa de computación, llamada Worknet. Durante tres años Ernesto se dedicó al mundo científico, hasta que empezó a trabajar en la industria de los jeans. Allí se interesó en crear productos con contenido imaginario y fantasía. Fue su primer contacto con el marketing. Incluso llegó a trabajar en Guess. Por casualidad se enteró de que en Milán se dictaba una maestría en Administración de Diseño. Partió. Y su vida cambió. De allí partió a Inglaterra, a estudiar historia, donde captó toda la capacidad de expresión de la literatura y la cultura inglesas.
Ernesto, con todo un cúmulo de experiencias, regresó a casa en el 1999, y en 2001, asumió la presidencia de Escorihuela Gascón, una bodega fundada en 1884 y la primera en producir, en 1940, un vino ciento por ciento malbec. “Ese mismo año, paralelamente, Ernesto decide sacar su propia línea de vinos bajo su propia firma, Ernesto Catena Vineyards. Así sale al mercado Tikal, que lleva el nombre su hijo. La línea Tikal son todos blends de malbec. En cuanto a las viñas, la bodega Catena Zapata tiene de donde escoger. Lo que hacemos nosotros es escoger las mejores viñas para los vinos de Ernesto Catena Vineyards. Luego de escoger las viñas de donde saldrá la materia prima, se trabajan los caldos por separado, cada una en sus respectivas bodegas. Así podemos ir evaluando como evolucionan los vinos para escoger los más interesantes y comenzar con las mezclas”, comenta Andrés Ridois, director comercial de los vinos de Ernesto Catena.
De esos vinos seleccionados, que son un promedio de doscientos, al final se escogen unos veinte. “Con esto lo que garantizamos al consumidor es una calidad excelente, constante y que también a ido de acuerdo al concepto que se quiere para cada vino”, agrega Ridois. “Las producciones son pequeñas para el grupo Catena. La línea Tikal produce anualmente diez mil cajas. Este es un vino caro, en Estados Unidos cuesta cuarenta dólares. Debido al éxito de Tikal, en el 2003 se crearon otras marcas, como Siesta en el Tahuantinsuyo, Tahuan y Alma Negra. Con Siesta en el Tahuantinsuyo la idea fue hacer un vino que tenga raíces sudamericanas, con un poco de cultura inca, como ícono del nuevo mundo. Todas las marcas tienen sus conceptos propios, únicos. Los Fiestas y Tahuan son vinos varietales. Todos los vinos llevan barrica entre diez a doce meses. La idea es que uno pueda degustar un vino y que no distinga las notas”, apunto Ridois.
Fiesta en el Tahuantinsuyo, Alma Negra y los Tahuan, como comentó Andrés Ridois son varietales de Malbec, Syrah, Cabernet Sauvignon y Bonarda. “La diferencia en estos vinos viene desde las viñas y de la cantidad de uva que se usa para elaborarlos. Los Tahuan, por ejemplo, son vinos que vienen de viñas que rinden nueve mil kilos por hectárea. Los Alma Negra pasan a seis mil kilos por hectárea, esto hace que los vinos sean mas concentrados, con mayores taninos, mas complejos”, comenta Ridois, que también es artistas plástico. El arte y la singularidad en la personalidad de Ernesto Catena siempre están presentes en si día a día. Para la presentación de Alma Negra realizó un viñedo con forma de laberinto y una fiesta de máscaras. Es que, ya desde el vamos, la línea es novedosa dado que incluye, por ejemplo, espumantes rosados o de malbec. Hace poco inauguró una galería para la fotografía contemporánea que lleva su nombre en su propia bodega.
Todas las líneas de Ernesto Catena Vineyards tienen el respaldo enológico de Catena Zapata. “En realidad, son varios los enólogos que apoyan a Ernesto con sus vinos. El actual enólogo de Alma Negra y Tikal es Alejandro Vigil, que también ese enólogo de Catena Zapata. Hay otros enólogos como Gustavo Marín, que es muy reconocido en Argentina, el también apoya mucho en los líneas de Ernesto Catena. Esto sin contar al staff de quince enólogos que tiene la bodega Catena Zapata. Lo interesante, como te dije, es que los enólogos tienen la posibilidad de escoger los mejores vinos de las bodegas que pertenecen al grupo para la elaboración de estos vinos”, dice Ridois. Los vinos de Ernesto Catena Vineyards se encuentran en los mercados competitivos como Canadá, Estados Unidos, México, Colombia, Perú, Paraguay, Uruguay, Brasil, República Dominicana, Dinamarca, Suiza y Noruega. En el Perú los pueden encontrar en los mejores restaurantes.
“La línea Tikal produce unas diez mil cajas al año. Alma Negra ha sido el de mayor crecimiento, actualmente sacamos al mercado doce mil cajas, cuando en el 2007 solo se elaboraron setecientas. También tenemos, en los Alma Negra, una línea de unos espumantes buenísimos, un blanc de blancs 100% Chardonnay y también un espumante rosado de la cepa Malbec. Por ello estamos construyendo una bodega solo para espumantes, ya que hemos tenido una gran acogida en el mercado argentino”, apuntó Ridois. Actualmente la compañía Catena Zapata factura anualmente US$ 61 millones y produce unos 9,2 millones de litros a través de sus 250 hectáreas propias en Mendoza (ubicadas en Agrelo, Alta Mira y Vista Flores). De ellos, el 50% se envía al exterior. Estamos ante una de las compañazas vitivinícolas más importantes de Argentina, reconocida en varios países y que marca la pauta del vino en ese país.
El bisabuelo de Ernesto, Nicola Catena, llegó a Argentina desde Italia, hacia fines del siglo XIX, con el conocimiento del oficio del buen vino. Se instaló en Mendoza, donde en 1902 plantó su primera viña de Malbec. Subido a su carreta cargada de barricas de vino, Nicola producía, vendía y distribuía su vino. Luego, cada uno de los hijos mayores de las generaciones que le siguieron tomó al vino como parte de su vida y le agregó un diferencial. El hijo de Nicola, Domingo, se dedicó a expandir la producción y mejorar las tierras. Nicolás, el nieto de Nicola, fue el gran visionario que decidió instalarse en Buenos Aires y mejoró la comercialización dando el salto cualitativo al producir un vino de mayor calidad. Llegó a tener 20 marcas de vinos y ahora reparte su tiempo entre su bodega del alma Catena Zapata y resto de las bodegas del grupo. A sus 39 años, ahora el peso de la historia recaen sobre los hombres de Ernesto Catena, el bisnieto, y sus vinos.
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John Santa Cruz Manco
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