Limarí, la tierra prometida para las cepas blancas
24.09.09 @ 18:22:56. Archivado en Vinos, Bodegas

Las últimas décadas del siglo XX fueron transcendentales para que la industria del vino en Chile goce de un punto de quiebre que condujo a que esta industria, para entonces modesta, se convierta en una que mueve actualmente miles de millones de dólares al año. Por los años de 1960 a 1980, los viticultores en Chile, que venían de familia con aquella tradición, veían que sus vinos tenían cierto respeto en sus tierras, pero que fuera de sus fronteras no eran conocidos. Y allí estaba el negocio, en la exportación. Entonces decidieron muy inteligentemente incorporar a sus técnicas de conducción de las vides y vinificación, que las aprendieron de sus padres y abuelos, toda la experiencia centenaria de los franceses, así como la modernidad de los viñateros californianos, que por aquellos años ya sonaban en el firmamento de los vinos por la famosa Cata de Paris en 1976. Hoy los resultados están a la vista de todos, los vinos chilenos tienen ya su espacio ganado.
Luego de la mejora en los procesos de vinificación y del control de las vides en los campos, la tarea fue identificar a los valles con las mejores condiciones para el cultivo de la vid. Por ello se apostó por seis zonas que reunían todos los requisitos. Estos fueron el Valle de Casablanca, Valle del Maipo, Valle del Maule, Valle de Curicó, Valle del Rapel y Valle de Colchagua. Desde esos años, estos valles fueron poblándose de uvas bordelesas y europeas en general, pero no se apostó por otros valles. Recién en los últimos años han aparecido nuevos valles como el de Limarí, que se encuentra en Coquimbo, la zona de producción de uvas para el destilado chileno, mal llamado pisco. Limarí tiene un clima templado que hace que en verano las temperaturas bordeen los 24º a 26 º centígrados. Las precipitaciones registran 100 milímetros anuales como promedio, esto ayuda a una maduración tranquila, pausada y prolongada de la uva, permitiendo unos vinos singulares.
“El Valle del Limarí tiene características excepcionales como ningún otro valle en Chile. Tiene un frescor único, además de una mineralizad que se palpa en los vinos y una luminosidad 35% más que cualquier otro valle. En cuanto al frescor, este se da por la gran influencia marítima que posee, porque justo en el lugar donde se encuentra ubicado este valle, la Cordillera de la Costa es más baja, lo que permite que la influencia marítima penetre dentro del valle. Esto logra que los vinos se sientan mucho más frescos que los demás. La tercera característica es la mineralidad, eso quiere decir que tenemos carbonato de calcio presente en el suelo, reposando entre la arcilla. Esto es un factor importante, ya que le dan ese toque mineral al vino que lo hace único, es una de sus principales características”, comenta Francesca Perazzo, enóloga chilena de Maycas del Limarí, que hace poco estuvo de paso por Lima dando charlas sobre esta joven bodega sureña.
Francesca, en su corta experiencia ya que terminó hace solo dos años la universidad, tiene claro el actual panorama del vino en su país. “El Valle del Limarí estaba siendo dejado de lado porque la atención de los viticultores y bodegueros estaba en los valles tradicionales y establecidos, por ejemplo, el valle para los vinos blancos era Casablanca, pero cuando salieron los primeros blancos en Limarí todos se quedaron sorprendidos. Yo diría que la estrella de este valle es el Chardonnay y el Sauvignon Blanc, porque en sus vinos hay notas minerales que los diferencian de los demás. Esto sin desmerecer a los tintos, como el Cabernet Sauvignon o el Syrah. En los tintos, por otro lado, tratamos de arrancar la influencia marítima para evitar cualquier nota vegetal que pudieran tener por problemas de maduración”, agrega Francesca, que ingresó a Maycas de Limarí a hacer sus prácticas hace dos años y que a pedido del enólogo Marcelo Papa, ingresó a Concha y Toro.
“Lo que estamos haciendo con Maycas es algo muy interesante. En el caso de los Sauvignon Blanc, tratamos que tengan las tres características esenciales de esta cepa, como lo cítrico, lo verde y los minerales. Este valle tiene las características para que esta uva pueda alcanzar esos niveles de calidad. Los vinos de Maycas son Premium, ya que nosotros hacemos nuestros vinos no pensado en el consumidor, sino en expresar el terroir de Limarí”, comenta Francesca, quien se considera amante de esta cepa. Los suelos de Limarí son de dos tipos: el aluvial y el aluvio–coluvial, en ambos lechos de suelos existe un elemento común, el carbonato de calcio que otorgan acidez y aromas suaves y aportan mineralidad a los vinos. Otra de las características es la luminosidad, los cielos más diáfanos de la región estimulan la brotación temprana, esto a ayuda a que los vinos blancos se den de mejor forma siendo los Chardonnay y Sauvignon Blanc los más beneficiados.
Concha y Toro apostó por Limarí en el 2005, cuando fundó Maycas de Limarí. “Soy asistente de Marcelo Papa, uno de los enólogos estrella de Concha y Toro en Maycas, si no hubiera sido por él, el Limarí hubiera seguido sin descubrirse. Recién en el 2008 estoy en el staff de enólogos de Concha y Toro, tras terminar mis prácticas en Alma Viva. Si bien es cierto veo parte de los blancos en Maycas, también veo los vinos Magnificum de la bodega Canepa, que está ubicada en Peralillo. Canepa es una bordea que siempre ha primado por su tradición e innovación, cuando llegó a Chile fue la primera bodega que trajo tanques de acero inoxidable. Y ahora la innovación viene de la mano con un nuevo equipo enológico y comercial, para potenciar la marca. Tenemos nuevas cepas por ejemplo, estamos incorporando uvas italianas como la Pinot Grillo y repotenciando también a la Sangiovese, así como la Carignan para el Genovino”, sostuvo Francesca.
Francesca, como miembro del staff de enólogos de Concha y Toro, también ve la elaboración de vinos de la bodega Palo Alto. “Es una viña nueva ubicada en la región del Maule, es muy fácil de entender. El primer vino es un ensamblaje, llamado el Tinto, ha sido destacado a nivel mundial por la calidad que tiene. Es un vino que tiene un ensamblaje como los grandes vinos franceses, lo conforman un Cabernet Sauvignon, que aporta la fruta, Syrah y Carmenere, que hace una unión con sus taninos suaves. También está el Blanco, que viene de una zona cordillerana, es mucho mas fresco con una acides muy rica, y el Rosé, y todos con una buena relación calidad precio. Esta bodega se llama Palo Alto por los árboles que hay en la región”. Francesca dice que pasa más tiempo en la bodega Canepa, pero que en vendimia o en podas se muda para Maycas o Palo Alto a supervisar el trabajo y aportar lo suyo, aunque se hablamos de gustos, prefiere quedarse en Limarí.
Forjarse una carrera como enólogo en Chile es muy complicado por la competencia. “Las caras visibles de los enólogos ya están, para ganarse un cupo entre los tops hay que ser muy buenos. Lo importante es que los jóvenes tenemos buenos referentes para crecer. Me gusta el trabajo de Marcelo Papa porque es un enólogo capaz de producir vinos de gran volumen con mucha calidad, como lo hizo con Casillero del Diablo, hasta vinos Ultra Premium como Maycas. También me gustan los enólogos que laboran en el Maule, como Javier Solari. Yo ahorita me encuentro peleando una oportunidad para hacer espumantes, que es lo que me apasiona, porque los espumantes es una línea muy poco explotada en Chile”, cuenta Francesca, que llegó a Maycas para hacer unas prácticas de follaje de la viña y al final se quedó en la empresa. Dice que quería hacer su carrera en todo lo que es la fruticultura. Ahora es una promesa de la enología chilena.
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John Santa Cruz Manco
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