19.05.09 @ 00:32:33. Archivado en Gastronomía

La vida es un cúmulo de placeres y responsabilidades que los hombres y mujeres sabemos manejar de acuerdo a nuestros gustos y obligaciones. Uno de estos imperdibles placeres, que en determinados casos se convierte en pecado, es el disfrute de la comida. Uno puede dejar de comprarse una joya, quizás obviar un viaje, pero dejar de comer en el restaurante de su preferencia es prácticamente impensado. Pero en estos tiempos, como lo sufren los gourmets en todas partes del mundo, con una ola creciente de desempleos y falta de liquidez por la crisis financiera mundial, la responsabilidad económica del hogar impide a estos aventureros gastronómicos en gastar más de lo debido en sus restaurantes preferidos. Y los más avezados, aquellos gourmets que escapaban los fines de semana en busca de nuevos sabores, probando por aquí y por allá, se han quedado, literalmente, con la boca cocida y los bolsillos raquíticos.
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