Pablo Morandé, el descubridor de Casa Blanca
14.05.08 @ 23:18:46. Archivado en Vinos, Bodegas

En el mapa mundial de vinos existen una diversidad de valles con características idóneas (climáticas, suelo, proceso, etc) para la producciones de vinos blancos de alta gama. Según los últimos reportes de revistas especializadas, renombrados enólogos y prestigiosos sumilleres, de todas estas posibilidades que presenta el mercado, solo quince valles sobresalen del resto por obtener vinos blancos con una complejidad tanto en aromas y sabores que no poseen vinos de otras latitudes. Uno de ellos es el valle de Casablanca en Chile. Este valle se caracteriza por ser un valle prelitoral, ubicado en la planicie costera de la V región, a 18 kilómetros en línea recta del mar hacia la Cordillera de la Costa. Antes de 1980, cuando la industria del vino en Chile iniciaba una vorágine comercial, ni se pensaba que este valle podría dar vinos de tan alta calidad. Nadie creía que en un terreno con escasez de agua, pobre vegetación, heladas en invierno y oscilación térmica extrema entre el día y la noche, se pudiera plantar viñas con éxito. Pero hubo alguien que tuvo esa visión y que apostó por Casablanca. Hoy el éxito le sonríe y es considerado como el descubridor de Casablanca, su nombre: Pablo Morandé. Ingeniero agrónomo de la Universidad de Chile con mención en viticultura y enología, Pablo Morandé pertenece a una cuarta generación de productores de uva de su familia. Eso lo llevó a ingresar de muy joven a Concha y Toro (Publicado en la edición 65 de la revista Dionisos).
“Ingresé por relaciones familiares a una bodega que tenía grandes metas y que buscaba gente joven para emprender su propio camino. Hoy por hoy, Concha y Toro es un mounstro de la viticultura en Chile y tengo el orgullo de decir que yo estuve durante todo su proceso de crecimiento. Allí aprendí mucho y tuve grandes maestros, pero todo tiene su momento y luego de veinte años de ser el enólogo principal de esta viña, el destino me llevó a Casablanca y de ahí nunca más volví a salir”. Pablo Morandé recuerda estos momentos en el salón Vitrales del Hotel Country Club, donde Dionisos se sentó con él para ingresar en sus memorias sobre cómo descubrió este valle, qué lo impulsó a apostar por él y sobre la bodega que levantó allí.
A finales de la década del setenta a Pablo Morandé le encargaron en Concha y Toro que se dedique a tiempo completo en la búsqueda de nuevos valles para ampliar la gama de propuestas de la bodega. Es así que durante dos años se paseó por toda la cordillera chilena en busca de tierras y climas idóneos para la siempre de vid. Pablo Morandé lo que realmente buscaba eran tierras similares a la región de Carneros (baja Sonoma) en California. El enólogo considera hasta la fecha que la presencia de las neblinas provenientes del océano y suelo arenoso son características claves para que una viña coja cualidades que las distingan de las demás. Esto lo aprendió en sus reiteradas visitas a California y a Europa.
Empieza la búsqueda
Chile para esos años estaba destacando por sus recios cabernets y carmeneres, aunque cojeaban en lo que era los vinos blancos. Por ello estaban emprendiendo esta búsqueda, querían que sus blancos lleguen a estar a la par con sus tintos. Es así que Morandé, tras veinticuatro meses de caminatas, experimentos y largas noches de insomnio, llega a la conclusión que tres valles en la costa chilena reúnen las condiciones necesarias para la plantación de cepas para vino blanco: San Antonio, Mulchén y Casablanca. De estos tres Morandé optó por Casablanca, por su similitud a Carneros. Pero en Concha y Toro le dijeron que estaba loco por querer plantar en un valle muy cercano al mar. Pero él siguió su destino.
Tras renunciar a Concha y Toro, Pablo Morandé decidió que ya era hora de iniciar su propio camino. Así que en 1982 plantó tres variedades (Chardonnay, Sauvignon Blanc y Riesling) en las 20 hectáreas que adquirió junto a la carretera en el Valle de Casablanca. En 1986 hizo su primera vinificación, con resultados más que satisfactorios, con lo que fue atrayendo lentamente a empresarios dispuestos a invertir en su descubrimiento. En 1989 entraron a invertir en el Valle las dos primeras viñas grandes: Santa Emiliana y Santa Rita, lo que marcó el despegue definitivo de Casablanca como la mejor zona vitivinícola de Chile para la producción de cepas blancas.

“Para esos años tenia juventud de sobra para hacer locuras, ya que estaba convencido que en Casablanca se podían hacer grandes vinos pese a la negativa de muchos. La información que había era muy modesta. Por lo tanto la tarea era manejar investigaciones, observaciones del terreno, de pastos, de flores, de árboles autóctonos. Así decidí entonces invertir en este valle, porque no sentía el respaldo de mi empresa. Los primeros años fueron de mucha confianza y fe, siguiendo el crecimiento de las vides y haciendo muchas pruebas, pero todo esto tuvo un final feliz. Mis vinos, al ser distintos que los demás, brillaron con luz propia y otras bodegas y empresas comenzar a apostar por Casablanca, hoy es toda una realidad”, agregó Morandé.
Actualmente el valle alberga más de 4.500 hectáreas de plantaciones, las cuales cuentan con la más alta tecnología existente hoy en día, torres de control de heladas, riego por goteo certificado y un exhaustivo manejo del viñedo que otorga uvas de primer nivel. De este modo el Valle de Casablanca ha logrado posicionarse tanto en Chile como en el extranjero, como el mejor valle de Chile para los vinos blancos, en especial, Sauvignon Blanc y Chardonnay y, dentro de los tintos, el Pinot Noir. Tiene una clara influencia marítima, clima más bien frío, presenta neblinas matinales y una amplitud térmica entre el día y la noche que favorecen la lenta maduración de la uva.
La temperatura media del verano es de 25°C y la anual es de 14,4°C, las precipitaciones se concentran entre los meses de mayo y octubre, con una media anual de 450 mm, los meses amenazantes en heladas son septiembre y octubre, de noviembre a abril se considera más bien seco. La vendimia, a diferencia de otros valles, se desarrolla más tarde, desde 15 de marzo hasta fines de abril. Sin duda, estas características climáticas nos brindan vinos de calidad superior, con alta concentración de fruta, muy buena acidez y un final chispeante. Casablanca se caracteriza porque más del 70% de sus plantaciones corresponde a cepas blancas: Chardonnay y Sauvignon Blanc.
Bodega Morandé
La lluvia cae entre Mayo y Octubre en Casablanca, con un promedio de 450mm al año. El resto del año es seco. Comparado con el resto de los valles centrales, una de muchas diferencias, es que Casablanca tiene temperaturas no superiores a los 25ºC durante el mes de Enero. Esto hace que el tiempo de maduración de la uva se alcance entre Septiembre y Abril, lo que es bastante lento. Esto explica porqué en Casablanca la cosecha es llevada a cabo un mes después que el resto de los valles en Chile. Estos son detalles que hacen posible un gran equilibrio de azúcar y acidez en las uvas, lo que al mismo tiempo resulta en un vino con las mismas connotaciones.
“Recién en 1996 pude cristalizar el sueño de la bodega propia. Adquirimos dos campos (100 hectáreas cada uno) en los valles del Maipo y Casablanca. En Casablanca trabajamos con las cepas Chardonnay, Sauvignon Blanc, Pinot Noir, Pinot Gris y Risling. En Maipo contamos con variedades bordelesas como Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc y Shiraz, Son viñedos de alta tecnología, con conceptos bastante revolucionarios dentro de la viticultura chilena. Plantamos viñedos de alta densidad, hablamos de muchas plantas por hectárea (un promedio de mil vides). Esto porque el sistema fisiológico de una vid pequeña hace que su producción sea en menor cantidad pero con alta calidad”, asegura Morandé.

Y agrega: “A mi concepto una planta no puede producir mas de una botella. Esto es fundamental para lograr vinos de lata concentración en color, aromas y sabor. Actualmente producimos un promedio 500 mil cajas al año, te hablo de seis millones de botellas, una cantidad alta para el mercado exclusivo donde Morandé está presente. Estamos en mercados importantes como el americano y el europeo. Lo interesante es que desde nuestras primeras cosechas conseguimos obtuvieron muy buenos comentarios, y eso marcó el destino de nuestra marca. Morandé es sinónimo de vinos de alta calidad.
Las líneas de Bodega Morandé son las siguientes: House of Morandé, que es un vino ultra Premium; Morandé Edición Limitada, que son vinos especiales de calidad gran reserva; Morandé Vitisterra, vinos catalogados como gran reserva; Morandé Terrarum, vinos reserva y Morandé Pionera, que son vinos varietales. A estos se suman las especialidades de la casa, como el Morandé Late Harvest, un vino Premium; Morandé Goleen Harvest, en edición limitada; Morandé Golden Reserve, también en edición limitada y Morandé Orgánico.
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