Martini, plateada tentación
14.05.08 @ 23:15:22. Archivado en Coctelería, Bares

Sería un crimen etílico, una sentencia a cadena perpetua sin goce de libar, a los implicados en el delito al buen beber al dejar de lado de cualquier carta de coktails - en offside si nos gusta el fútbol-, a uno de los cócteles internacionales por excelencia, hablamos del Martini. Señor de señores es este cóctel que rebasó las fronteras de San Francisco. Investigaciones señalan que nació entre los años 1880 y 1920 en la cuna del Golden Gate, en pleno boom de la bohemia (según el libro Bartender’s Manual, editado en Nueva York en 1882 del bartender newyorkino Harry Johnson). Siguiendo con el nombre, los relatos que pasan de generación en generación (¡claro, con sus respectivos Martinis!), aseguran que el nombre y la invención del cóctel en mención se da por un antiguo trago, popular en el pueblito del Martinez, que justo queda unos pocos kilómetros al norte de la ciudad de la Gran Bahía. Dicen por allí que “en 1874 un minero ingresó al salón del barman francés Jules Richelieu, en la calle Ferry, y este le preparó un cóctel especial al que bautizó con el nombre de “Martinez Special”, el que después se convirtió en Martini”, palabras de José Antonio Schiaffino, notable historiador. (Publicado en la edición 65 de revista Dionisos)
No hay registro de cuál fue la fecha exacta en que el Martini piso por primera vez Lima, pero se calcula que fue entre las dos primeras décadas del siglo pasado por la venida de barmans americanos, quienes ya tenían en sus genes la preparación del Martini. Según Jesús Ávila, bartender del restaurante Malabar, el Martini “siempre será un clásico de clásicos en las barras. Es cierto, es un trago fuerte, con mucho cuerpo, por eso los entendidos, los que saben lo que beben, lo piden sin dudarlo. Ahora se ha puesto de moda los cócteles Martinis, como dicen las cartas, aunque lo único cierto es que llevan tal nombre solo por la copa en que se sirve.

El Martini es único, sus escasas variantes son el Vodka Martini, el Gibson Martini y el Martini Sucio”. Contundente Jesús, quien lleva veinte años agitando cocteleras y alegrando la vida a cientos de clientes. A mi percepción, el Martini es elegante porque se viste con su misma prenda todas las noches, con 3 buenas onzas de gin (seco francés de preferencia) y unos besos (gotas) de Noilly Prat vermouth, como para no romper la magia.
Aunque el Martini tiene hermanos como el colorido Manhattan y hasta por allí algunos sueltan el nombre del etiqueta Capitán, lo cierto es que el Martini villa con luz propia, así nos lo hizo notar Jesús Ávila, quien nos describe las tres únicas variables del Martini. “El clásico es el de gin con un toque de vermouth, puro, limpio, como tiene que ser. Luego está el vodka Martini, que en vez de gin lleva vodka, también con aceituna. El Gibson Martini lleva gin, lo único que se acá es reemplazar la aceituna por una cebollita perla. Por último está el Martini Sucio, tan simple como echarle al cóctel ya servidos dos cucharadas del jugo de la aceituna”. Hay que reconocer que las nuevas tendencias en coctelería, logrando que los cócteles puedan cambiar de ingredientes y buscar nuevas sensaciones, llevaron al Martini un paso mas allá. Es cierto, no son Martinis, pero tienen ese espíritu del cóctel de San Francisco que los hacen ricos. Allí entran las frutas, que le han dado una gama casi interminable a este cóctel.

Confusión
1 ½ oz vodka
½ oz Drambuie (licor de whisky con miel y hierbas aromáticas)
1 ½ oz jugo de aguaymanto
¾ oz sour mix (como una limonada concentrada)
Tukini
1 ½ oz jugo de tuna
1 ½ oz pisco quebranta
½ oz licor de kiwi
¾ oz sour mix
Una cereza
Martini
3 oz gin
¾ Noilly Prat vermouth
Aceitunas
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