Junto a Guillermo Toro-Lira, autor del libro Alas de los Querubines, recorrí con el gran fotógrafo Eric Dañino, California y sus centenarios lazos históricos con el Perú, alrededor del pisco y del Pisco Punch, celebrado cóctel recientemente descubierto.
07.11.07 @ 22:45:08. Archivado en Pisco, Crónica

San Francisco es una ciudad que causa adicción con tan sólo dar unos pasos sobre ella. Goza de un clima agradable, casi similar al de la sierra peruana, con un sol despierto y una brisa que por momentos monta de abrigo. En las últimas décadas ha crecido hacia los aires con una arquitectura de dimensiones prominentes, puntualmente en el downtown. Como ciudad no es muy extensa (abarca unos 100 km2) y se encuentra recostada sobe 43 colinas que le dan esa singular fisionomía de joroba de camello. Se encuentra apresada entre el océano Pacífico y la bahía. El tranvía es otra estampa para el recuerdo, más aún se pesca la foto en la calle Lombard. Cuenta además con edificaciones monumentales como la pirámide Transamérica o el mismo Golden Gate. Las misiones regadas en el mismo San Francisco, como La Dolores y en ciudades aledañas como Santa Clara, resaltan el pasado español y mexicano que hoy, con tantos hispanos, hacen sentir que San Francisco está retomando sus raíces de los californianos de antaño.
A San Francisco, asimismo, se le conoce por ser la meca del movimiento gay mundial. Hay una calle/barrio llamada Castro Strett, donde se concentra toda la comunidad homosexual. Es una urbe muy tolerante, de mente abierta donde la cultura está en el tope de su sociedad. Los hippies también tienen su lugar en Haight Ashbury. Acá vivió Santana e inició su carrera musical. Hay librerías por todas partes, cafés, tranquilidad y amabilidad se respira por todos sus suburbios. También hay mucho asiático y pakistaní, concentrados marcadamente en las ciudades sureñas como Sunnyvale y Santa Clara. La comunidad hispana abarrotó el barrio de Misión. En San José los mexicanos andan por toda las esquinas. Los chinos chinos, esos bien jalados, tienen su Chinatown con toda su cultura a flor de piel. Hay barrios italianos y japoneses, aunque el premio se lo lleva la comunidad asiática, se llevan el 15% de la población total en San Francisco.

En estos últimos años esta región se ha convertido en un foco gourmet, que abraza grandes chef como Michael Mina y destacados restaurantes como Delfina o Destino, de James Schenk, que ofrece platos peruanos llevados a lo gourmet (pero esto se ampliará en la próxima edición de Dionisos). Gastón Acurio está a un paso de abrir otro de sus restaurantes (La Mar) en pleno malecón de la bahía, quizás uno de los sitios más caros del planeta (las casas más baratas en plena ciudad rodean el 1 millón de dólares y el alquiler de un cuartito araña los 1,200 dólares). En San Francisco hay más de 4 mil restaurantes. Francis For Coppola, destacado director de cine, tiene su estudio de audio en los pisos superiores de un café antiquísimo que acaba de comprar a pocos metros de la pirámide Transamérica, lugar donde se levantó el Montgomery Block, edificación que albergó al famoso bar Bank Exchange, cuna del Pisco Punch, famoso cóctel que fue conocido hasta en los países más lejanos de Europa.

Para nosotros, que tenemos el criollismo y el pisco corriendo por nuestras afligidas venas, causa transparente asombro saber que esta gran ciudad, quizás una de las más bellas del mundo, tenga tanta relación con el pisco y con la peruanidad. Gracias a la investigación de Guillermo Toro Lira y su esposa Brenda Melvin, plasmada en el libro Alas de los Querubines, se destapó un velo histórico que, para sorpresa de muchos, el pisco –el único– era la bebida más fina y esperada por los grandes bebedores en San Francisco, fundada en 1833, descubierta en 1769 por el militar español Gaspar de la Pórtola y avistada por primera vez en 1603 por el navegante Sebastián Vizcaíno, aunque el primer peruano que penetró la bahía fue el navegante Francisco de la Bodega y Cuadra. Era un limeño que comando unas de las ultimas expediciones del redescubrimiento de California para la corona española.

Bodega y Cuadra, en un pequeño botecito llamado La Sonara, se fue hasta Alaska custodiando la costa oeste de lo que hoy es Estados Unidos y Canadá por mandato de la corona española. De regreso, con una tripulación llena de escorbuto, ingresó a la bahía de San Francisco en 1775. La Baja California fue colonizada en 1600 por España. El rey de España por aquel entonces era Carlos III. Otro de los destacables peruanos que visitó San Francisco, antes llamada Yerba Buena, fue el marinero Manuel Químper, quien en 1790 fue quien realizó la primera expedición europea por Canadá. Sin duda que la ola rojiblanca fue creciendo por los años. Aunque es quizás Juan Malarín, marino mercante peruano que llegó y se afincó en Monterrey en 1820, quien empezó a desenredar el hilo histórico para que el pisco se apodere de los paladares en California.

Se viene el pisco
Guillermo Toro – Lira nos recogió en el aeropuerto internacional de San Francisco y tan sólo estar unos minutos con él, ya nos estaba trasladando al pasado, como lo plasma en su ópera prima Alas de los Querubines (crónica novelada del redescubrimiento del Pisco Punch, la bebida insignia de San Francisco en 1900). En su carro, rumbo a Sunnyvale, comenzó la teletransportación a los primeros años del 1800. “Juan Malarín se casó con una california (así llamaban a las mujeres que nacían en California) y tuvo cinco hijos, entre ellos Mariano Malarín, nacido en Monterrey y que fue enviado a Lima a estudiar leyes en la Universidad de San Marcos. Allí, con la Lima orgullosa de contar con libertad por ser un país soberano, el joven californio, en una de esas tertulias juveniles a las afueras de San Marcos, conoció a James Lick (1796-1876), oriundo de Pennsylvania y que se encontraba en la ciudad de los reyes (Lima) aperturando su negocio de pianos. Los hacía y los vendía. El taller del joven Lick se encontraba en la calle Mercaderes en el mismo centro de Lima. Lick, quien posteriormente entró en la historia de San Francisco por construir el renombrado observatorio Lick (donde se encontró la quinta luna de Júpiter), ambicioso como él sólo y gracias a noticias que trajo el padre de Mariano desde California, se animó a visitar esa ciudad joven y curiosa llamada San Francisco”, comentó Toro Lira.

Al siguiente día visitamos el observatorio Lick. El paisaje es agradable y pisar lo que este ingenioso personaje creó, genera un curioso salto al pasado. “…Ya con buen dinero (50 mil pesos en oro peruano por la venta de sus vienes en la capital peruana) y unos 300 kilos de chocolate de su amigo Domingo Ghirardelli, un italiano afincado en Lima, el curioso Lick llegó en 1847 para hacer historia. En 1873 James Lick se convirtió en el hombre más rico de San Francisco. Lick, incitó a Ghirardelli a venir a radicar a San Francisco por el éxito que tuvo sus chocolates. Aunque le costó tomar la decisión, finalmente Domingo Ghirardelli pisó California el 24 de febrero de 1849. En 1852 el bonachón Guirardelli fundó su confitería en San Francisco. Pero el destino quería más. Ghirardelli, como buen italiano, tuvo una muy buena amistad en Lima con Nicolás Larco, natural de la Liguria. Este personaje era un comerciante de mucho éxito. Llegó al Perú en 1830. Pero su futuro estaba en San Francisco. Ghirardelli también lo convenció de emigrar. Larco se convirtió, entonces, en el puente comercial entre el pisco y toda California. Inició sus importaciones en 1849 con grandes éxitos”, sumó Guillermo, al bajar en su auto.

Pero Larco, que ya era el hombre del pisco por la década de los años cincuenta en el siglo diecinueve, tuvo un problema legal con los federales americanos, que ya habían tomado a California como suya en 1846. Según un fiscal americano, Larco no estaba cumpliendo una ley dictada en 1799, que impedía que los licores destilados ingresen a suelo americano en embase menores a 90 galones. Pero el pisco llegaba en pequeños piskos de 4 galones. Esa ley tenía un acápite. Se podía ingresar el producto en cajas, cosa que a Larco le pareció tirada de los pelos, ya que corría mucho riesgo de que se rompieran los envases. Por ello hizo caso omiso y siguió importando pisco a California. Hasta que en 1862 se le entabló un juicio y se le incautó 200 botijas llenas de pisco tipo Italia. En ese entonces cada botija tenía el precio de 22 dólares (al precio actual serían 400 dólares por cada botija de cuatro galones). En total y pensando en el cambio actual, a Larco le embargaron casi 100 mil dólares en piscos.

“El pisco era un licor de lujo en San Francisco. Tenía un costo mayor que el reputado brandy. Mucho más caro que el whisky. Costaba alrededor de los 22 dólares por botilla de pisco Italia. Si querían un galón de whisky o de ron, pues sólo pagabas 3 dólares. El galón de brandy si estaba un poco más cotizado, alcanzaba la suma de 6 dólares. El galón de pisco se llevaba el mejor precio con 7 dólares. Ese fue el precio que le puso el buen negociante Nicolás Larco, ya que afirmaba que el sólo hecho de elaborarlo era de por sí muy caro”, advierte Guillermo Toro Lira, egresado de la Universidad Nacional de Ingeniería y que en 1881 emigró a California para crecer profesionalmente en la rama de la ingeniería electrónica. En 1998, por curiosidades de la vida, decidió realizar investigaciones sobre la presencia peruana en California; y los resultados fueron más que inesperados.

“¡Señor, deme más pisco!”
El sistema de transporte en San Francisco es singular. El ciudadano común y corriente tiene varias alternativas para llegar a su destino. Puede usar un taxi (carísimo), tomar un bus (algunos toman la energía para desplazarse por cables que aéreos que delinean la ciudad), subirse al cable car o usar el tranvía. Los domingos los habitantes de la bahía suelen relajarse sobre el litoral, caminar por el Golden Gate o darse una vuelta por Sausalito, balneario exclusivo donde una casa, pequeña y con vista al mar, no baja de los 10 millones de dólares. Aunque la propuesta gourmet, como mencionamos líneas arriba, es variada, a los californios de hoy en día es difícil poder olvidar sus mariscos y carnes. En el muelle 39, uno de los más visitados de toda la bahía, los turistas están en su salsa. Lobos marinos regados por el centro del muelle, alternativas para darte un paseo por toda la bahía a 80 dólares por persona y varias tiendas de recuerdos del viaje. Este muelle recibe más de 40 millones de turistas al año. El Perú atrae menos de dos millones. Para tomar en cuenta.

Pero Guillermo Toro Lira, con las pestañas a punto de quedar en el recuerdo por las largas horas investigando en la biblioteca de San Francisco, ubicada a un paso de la Municipalidad de la ciudad, se topó con una serie de publicaciones en la primera mitad del siglo diecinueve que lo hicieron llegar al punto de partida. Camino al centro de San Francisco, para estar sobre la historia, Guillermo comenzó a relatar parte de su investigación. “Descubrí la primera referencia en un libro americano donde ponen claramente que en un barco trajo aguardiente del Callao. Es un manuscrito que se encuentra en la Universidad de Beckley. El documento es del capitán Henry Fitch en 1830. La segunda es la del navío Daniel O’Connell que llega a Yerba Buena en 1839 con un cargamento de aguardiente grande. Este barco partió de Paita. Éstas son las primeras pruebas documentadas de que el pisco llegaba a San Francisco desde 1830. Es muy posible que desde mucho antes el pisco ya estuviera en San Francisco. Hay que recordar que el virreinato del Perú mantenía relaciones comerciales con California”, remarca Guillermo Toro-Lira, quien este año ganó el premio Gourmand en China como el mejor libro hispanoamericano de literatura de vino.

El primer bar en San Francisco abrió sus puertas por iniciativa de Jacques Vioget, un suizo aventurero que piso estas tierras en 1837. “Es más”, subraya Brenda, “Vioget viajó al Perú en 1838 como capitán del barco Delmira, con Don Miguel de Pedrorena como sobrecargo. Este último personaje, español de nacimiento, fue uno de los firmantes de la primera constitución de California”. El bar de Vioget aún por estos días se mantiene en pie, aunque ya no venden pisco ni ningún tipo de licores, es más bien una lavandería. Se ubica en el Portsmouth Square (cruce de las av. Kearny y Clay), corazón del Chinatown. Unos años más tarde, en 1849, John Brown, quien tenía un hotel bar llamado el City Hotel, compró el bar a Vioget, que se encontraba al lado, e inició un pequeño monopolio con el pisco. Era uno de los principales lugares para encontrar el solicitado aguardiente en la región.

Ello hasta que el Bank Exchange abrió sus puertas en 1853. Bank Exchange era la denominación de un bar al que sólo entraba gente de alcurnia, distinguida, respingada. El más famoso sería el que se encontraba entre Montgomery y Washington, a los pies del Montgomery Block. P.D. Kilduff & Co. Fue el primer dueño del bar en 1853 a 1854. “Se vendía vino, pisco –ya había en la ciudad–. Habían juegos de dados y un billar para los más entusiastas. Cuadros con escenas de la revolución francesa. La pintura de Sansón y Dalila, era quizás una de sus mejores pertenencias. “Con el tiempo el Bank Exchange fue pasando de dueños. John Torrence & Thomas B. Parker lo tomaron en 1855 al 1859. Luego quedó sólo en manos de John Torrence hasta 1861, año en que George F. Parker entró como socio. Un año después y hasta 1875, el Bank Exchange estuvo a cargo de George Parker. De 1876 y por once años, este bar lo manejaron George A. Brown & George F. Perkins. Todo el 1886 George A. Brown se quedó sin socio”, indica Guillermo, acompañado de Brenda, a unos pasos de la pirámide Transamérica.

Pero la suerte del Bank Exchange cambió cuando Duncan Nicol, un bartender investigador, decidió apostar por este local y participó como socio de George A. Brown & Duncan Nicol de 1887 al 1892. El año siguiente Nicol compró las acciones de Brown y fue el único dueño hasta 1919. Nicol murió en 1926 y se llevó la receta a la tumba, seis años después de que se decretara la Ley Volstead, que prohibió la venta de licores en San Francisco. Es más, se casó con una ciega, pero dicen que fue sólo por amor. Lo que sí se esmeró en buscar, era un bartender sordomudo para proteger la receta original de este ponche, el que preparaba en el sótano del Bank Exchange. John Lannes, quien trabajaba con Nicol como bartender, compró el bar en 1920 hasta que cerró definitivamente. Pero en esa época que Nicol comandó los licores y las cocteleras, nació el Pisco Punch. Pisco ya había en este bar desde hace mucho, se servía puro y en cócteles, pero el Pisco Punch fue algo que tiró a todos de espaldas. Rudyard Kiplin, un intelectual de la época, decía que ese cóctel tenía “polvos de alas de los querubines”.

A lo Sherlok Holmes
El Pisco Punch fue, en la época que Duncan Nicol tenía el Bank, el ponche más popular de la costa Oeste. Es más, se dice que hasta en Europa cuando escuchaban el nombre, pues decían al unísono “intersección de Washington y Montgomery”. Esto fue lo que a Guillermo lo entusiasmó y por cinco años fue la piedra angular de su vida. ¿Cuánto tiempo te tomó investigar y escribir el libro Alas de los Querubines? “La curiosidad comenzó hace mucho tiempo, en la década de los 1990. La investigación en bibliotecas desde fines del 2000. Escribir el libro desde el 2001, donde escribí un primer manuscrito”.
- ¿Cómo así decidiste sumergirte en la historia para buscar la receta del Pisco Punch?
Mi libro originalmente se iba a tratar de las relaciones peruanas en la historia de California y “Pisco en San Francisco” iba a ser tan solo un capítulo. Me topé con muchas recetas distintas del Pisco Punch y los que habían escrito acerca de él presentaban muchas contradicciones con respecto a su historia y recetas. Decidí tomar el tema desde cero sin tomar ningún resultado de otros investigadores como una verdad. Fue un trabajo que evolucionó a través de los años. Usamos fuentes originales, como avisos en los periódicos antiguos, artículos escritos por personas que visitaron el Bank Exchange, publicaciones distribuidas por el Bank Exchange, etc. Cuando todo estuvo listo, al final decidimos juntar todo el resultado de la investigación (de peruanos en California) con el núcleo central del pisco y del Pisco Punch y así nació Alas de los Querubines.

- ¿Cuál fue el momento más crítico de la investigación?
Hubo muchos momentos. El primero fue la primera evidencia documentada de 1839 donde se decía de la primera importación de pisco Italia proveniente de Pisco, Perú, a San Francisco, cuando la ciudad tenía sólo 6 años de existencia y sus pobladores se contaban con las manos. Otro, que el primer barman de SF, John Vioget, vino de Lima comandando un barco con bandera peruana. Uno más, que el pisco era el licor más caro de San Francisco en 1849, excediendo a los brandis importados de Europa. Y sigo: descubrir los primeros avisos publicitarios de venta de pisco en un bar, publicados por el Bank Exchange en 1859. Creo que ni en el Perú hay de esa fecha. Otra más, el que la receta mas creíble de todas, la de John Lannes, estaba equivocada en muchos aspectos. También descubrir la exacta cadena de dueños del Bank Exchange desde su creación en 1853 hasta cuando cierran sus puertas debido a la prohibición de 1919. Descubrir por qué llamaban “Pisco John” a Duncan Nicol también fue muy importante. En realidad hubo muchos momentos críticos y cada que vez aparecía otro hacía al conjunto total aún más asombroso.

- ¿Cuál o cuáles fueron los momentos de mayor satisfacción?
Varios, algunos ya enumerados en la pregunta anterior. Otro fue el momento cuando Brenda encuentra en la biblioteca de Sunnyvale el famoso artículo de William Bronson donde se describe por primera vez en 1973 una receta de Pisco Punch. Eso fue en el 2001. El Internet todavía no tenía indexado ese artículo. Yo estaba leyendo artículos históricos que hablaban acerca de la vida de californios peruanos y Brenda, sentada en el suelo estaba revisando uno por uno, todos los journals de la California Historical Society con mis instrucciones de pasarme la voz si encontraba algo con la palabra “Perú” o “pisco”. Como después de un par de horas de búsqueda se para y me grita “¡mira lo que encontré!”. Era el artículo de Bronson de 1973. Regresamos a casa y nos pusimos a buscar los ingredientes para hacer el Pisco Punch. La goma arábica tomó una semana en obtenerse. Al final lo preparamos en una fiesta el 2001 y fue un gran boom. Esa fue la primera probada de Pisco Punch. Con el paso de los años y usando nueva información histórica llegamos a encontrar la que considero es la receta correcta de Duncan Nicol y es la que publicamos en el libro.

- ¿Qué hecho relacionado al pisco te causó mayor asombro descubrir?
No se si realmente fue asombro, pero si mucha emoción. Fue que la historia de California indicaba que el pisco era de origen peruano. Algo que realmente todos sabemos, pero que no se había sido probado usando documentación histórica de un país imparcial en la materia, como es los EEUU.
- ¿A qué lugares acudiste o visitaste para reunir información?
Uff. Vamos a ver: las bibliotecas públicas de Sunnyvale, San José, San Francisco y Sacramento. Los archivos de las sociedades históricas de Monterrey, de la California Historical Society, de la Society of California Pioneers, la institución histórica Bancroft de la Universidad de Berkeley y de los National Archives de San Francisco. Revisamos una innumerable cantidad de documentos originales, periódicos de la época y libros que trataban del tema. También visitamos muchos “pueblos fantasmas”, revisamos sus centros históricos, hablamos con sus residentes. Hicimos lo mismo en las misiones de San Francisco (Dolores), Santa Clara, Sonoma, Santa Cruz, San Juan Bautista, San Luis Obispo, Santa Bárbara y San Diego. También visitamos los presidios (asentamientos militares españoles) de San Francisco, Monterrey, Santa Bárbara y San Diego. Estoy seguro que me olvidado de algo.

- ¿Con quiénes te contactaste para reunir los datos que te faltaban?
Con las personas que administraban las instituciones mencionadas en la pregunta anterior. Todos fueron de gran ayuda. Una fuente de mucha ayuda fue la sociedad voluntaria llamada Los Californianos. Es un grupo de descendientes directos de los californios y que se dedican a estudiar la historia de sus ancestros. Fue por correo electrónico. Nadie sabía lo que era pisco o que había existido en California. Luego que les expliqué se pasaron correos entre sus decenas de miembros y se pusieron a buscar. En un par de semanas la información me inundó. Lo más interesante fue un artículo escrito en San Diego algunos años atrás donde se relata la primera importación de pisco a California, en 1830 o tal vez unos años antes. El norteamericano que escribió el artículo para la Sociedad Histórica de San Diego escribe “aguardiente” pero felizmente dio la referencia a la fuente histórica. Encuentro el manuscrito citado original, escrito en castellano, en la biblioteca de Bancroft y veo que decía “en el Callao cargamos gran cantidad de azúcar y piscos de aguardiente de Ica”. Es entendible que el escritor no sabía qué eran un pisco y qué era Ica y se limitó sólo a escribir “aguardiente”. O sea que también aclaré un tema que no se sabía mucho en estos lares.

- ¿Cuál fue el momento más difícil de tu investigación?
Hubo varias situaciones complicadas, como por ejemplo encontrar las primeras publicidades de pisco en los diarios de la época. Junto a Brenda nos quedábamos horas y horas buscando en los microfilmes hasta que dábamos con alguna. Otro de los puntos agudos en la investigación fue dar con la receta. ¡Eso sí que fue titánico!
Gran descubrimiento
El Carmel es delicioso y queda a dos horas y media al sur de San Francisco. Es una ciudad que bordea los acantilados que marcan los límites del océano Pacífico con California. Parados allí, saboreando el paisaje con las caricias del viento sobre nuestros rostros, es inevitable imaginar como disfrutaron el padre Junípero Serra y Gaspar de la Pórtola cuando decidieron fundar en ese lugar la segunda Misión de California. Las misiones eran asentamientos humanos comandados por militares mexicanos a órdenes de la corona española y sacerdotes que llevaban el catolicismo con ellos para convertir a los nativos de las regiones tomadas. Siguiendo los mapas crudos dejados por Vizcaíno por los 1600, el rey de España Carlos III ordena colonizar la zona norte de California. La primera misión fundada fue la de San Diego de Alcalá.
El padre Serra, de origen español, dedicó su vida a las misiones. Fundó doce misiones en 25 años, pero su centro de operaciones siempre fue la Misión El Carmel. Estas fueron: Juan Diego de Alcalá, El Carmel, Misión Dolores, San José, Santa Clara de Asís, San Antonio de Padua, San Luis de Dolosa, Santa Bárbara, Santa Buena Ventura, San Gabriel Arcángel y San Juan Capistral. El resto de las misiones las levantaron los siguientes sacerdotes que lo sucedieron, como el padre Fermín Francisco Lasuén. Las misiones en cuestiones de arquitectura estaban centradas en una gran iglesia. Alrededor se armaban los soldados y en ocasiones se llevaban colonos, la mayoría mexicanos, para dar vida a las tierras conquistadas.
Hoy la misión El Carmel está rodeada por un valle bello y una urbanización exclusiva con casi todas las cosas de las mismas características fabricadas con madera. La iglesia está bien conservada y se puede hacer un tour por ella pagando 4 dólares. El padre Junípero Serra se encuentran enterrado en el corazón de la iglesia. En vida fue un seguidor de la santidad peruana. En el pasadizo principal decora un gran cuadro de Santa Rosa de Lima, encomendada al pintor mexicano José Páez, en 1773. Fue sorprendente durante el tour que seguimos descubrir en una de las reliquias de la época, en una cruz de madera muy fina, un pequeño hueso de Santa Rosa de Lima y parte de su ataúd. Es más, el padre solicitó personalmente a sus pares en Perú que le envíen en un baúl también peruano, además, parte de los huesos, un hilo de su túnica y pedazos del ataúd de San Francisco Solano, apóstol de Sudamérica y el santo favorito de Serra.
“Francisco Solano nació en España. Fue un misionero que recorrió todo el Perú. Igual que Santo Toribio de Mogrovejo. La última misión que se fundó fue en 1810, casi antes de la independencia”, caminando por el frontis de la iglesia de El Carmel, Guillermo sigue recordando: “Acá hubo pisco de todas maneras. Pero donde llegaba el delicioso destilado peruano era en Monterrey, media hora más al norte. La bahía de Monterrey fue avistada el 17 de noviembre de 1542. Pero fue Sebastián Vizcaíno el primero en tocar tierra en diciembre de 1602 y la reclamó para España. Allí todos los barcos tenían que detenerse para ser revisados por la aduana. En aquella aduana encontré documentos donde se acredita que el pisco llegaba allí en las primeras décadas de 1800”.
El aguardiente de Sutter
Sacramento es ahora la capital de California. Es una ciudad tranquila con un centro atractivo. Casas antiguas y mucha historia hay en Sacramento. Pero acudimos allí para conocer el lugar donde se intentó hacer un destilado semejante al pisco. Johan Augustus Sutter (1803-1880), un suizo aventurero, es famoso por su relación con la fiebre del oro de California durante el siglo diecinueve. El oro que trajo miles de personas a Sacramento y puntualmente a San Francisco (Sacramento está a dos horas al este de la gran ciudad) se descubrió en su propiedad Sutter’s Mill, gracias a James Marshall en 1849. Sutter’s, quien fue la primera persona en construir en Sacramento, era un amante del licor y decidió, por su afición al pisco, construirse un alambique para destilar unas uvas nativas de Sacramento.
Obviamente nunca saldría algo tan perfecto como el pisco y por ello, la popularidad del aguardiente de Sutter’s sólo llegó a los indios que vivían a las afueras de su fuerte, que construyó para defenderse de los posibles enemigos de la zona.
Actualmente en San Francisco se puede encontrar Pisco Punch en una decena de bares. Sus sabores están reconquistando a los habitantes de hoy. De eso se encarga Guillermo Toro Lira y su esposa Brenda, siempre hacen degustaciones en bares y a los gringos los vuelven locos. Dicen que tomarse dos copas de ese cóctel es algo muy peligroso, ya que lleva a hacer cosas de las que luego es posible arrepentirse. En suma, el Pisco Punch sirvió para enlazar destinos y pasado, con un poco de presente para mirar al futuro. Esperamos pues que este cóctel, con el espíritu del pisco, termine por conquistar su lugar de origen.
Publicado en Revista Dionisos, Lima-Perú
Comentarios:
De lucio padres de mi tarabuelo, gracias por tù menciòn puès pues orgulloso estoy de èl por què contribuyò a la exportaciòn de nuestra bebida de Bandera y salud por ello.
Que gran aporte haces al Perú con tu libro, desde el punto de vista histórico, económico y social.
Ya tenemos un hito más en nuestra aldea planetaria incertando el conocimiento del pisco del Perú que salió desde nuestro querido puerto del Callao al mundo. Ahora el mundo conoce que el Pisco es Peruano.
Saludos
Ursula Toro-Lira Pardo
Lima Perú
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