Arena entre tus manos (Parte 2)
13.04.06 @ 19:13:38. Archivado en Crónica

Por las tardes, a la hora del almuerzo, siempre se invita sola mi tía Gloriana. Ella es maestra y tiene un nido a pocas cuadras de mi casa. Me muero por vivir solo, lástima que no soy muy ahorrativo que digamos y juntar dinero para mí es una utopía. La tía mete su hocico donde no debe. Siempre me cayó mal tenerla cerca, y si me dirige la palabra mucho peor. La veo y dentro de mi una sensación de asco, odio y pena confabulan para no decirle nada explosivo.
Aunque me muero por hacerlo. Ella no se da cuenta, o al menos se hace la loca porque la comida de Paola, mi hermana, es sumamente deliciosa. Por algo no es chef. Los tallarines los sentí como heces con su voluminosa y adiposa figura a mi lado. “Ese gerardito siempre atento con su tía querida me va a servir, y en plato hondo por favor, mis ricos tallarines rojos”. Sus labios exageradamente rojos emitiendo esa orden me dejo perplejo. Esa sonrisa fingida, hipócrita y conchuda me calentaba los porongos y cuando estaba a punto de decirle su vida con puntos y comas mi hermana, la dulce Paola (¡Qué no haría sin mi hermana!) se adelantó a los hechos… “No te preocupes tía, yo te lo sirvo. Gerardo está con dolor de cabeza”. “Lo siento hijito, tu siempre tan estresado con el trabajo. Sabes, de joven yo quise ser periodista, como tú y tu padre, Que Dios lo tenga en su misericordia, pero como sabrás, al final me decidí por la educación y aquí me ves toda hecha una maestra”. Aggg. No sé que como se atreve a seguir hablándome. Esta vieja ya me tiene loco, descompuesto. Dejé la comida a la mitad y me escondí en el baño hasta que se fuera. Su presencia me enroncha. Pero allí, la chismosa esta, dijo algo que me hizo quererla… al menos eso sentí allí sentado en el water y con los jeans a los tobillos. “Paolita, acércate”. Nunca olvidaré ese gesta de conversación. “No pienses que soy chismosa hijita, pero tengo que contártelo porque soy buena gente. Mira, el otro día cuando me fui a cortar el cabello, porque sabes, tengo que verme bien ya que el Sr. Godoy está que me invita a salir y tiene mucha plata. Que buen mozo…. Pero a eso no voy. Te cuento hija, al salir, me fui a comprar una Coca Cola y no sabes a quien vi con estos ojos azules. ¡A la Arena esa, la enamorada de Gerardito! Eso no es todo querida. Sírveme un poco más de tallarín por favor para contarte todo bien…. Uhmmm, que rico preparas hija… Bueno, como te estaba contando, la chica esta estaba toda hecha una puta. Con una minifalda que se le notaba hasta el calzón. ¡Esta juventud de ahora ha cambiado mucho!, ya no es como en mis tiempos. A lo que iba. La chica esta estaba con un pata. Era un negro, ¡qué asco! Andaban de la mano y entraban a un hotel. Ese que está entre Aviación y Javier Prado. Como yo soy buena familiar, me senté en un restaurante que queda al frente y me pedí un Lomo Saltado que estaba para chuparse los dedos y así esperar a que salgan. Y a qué no sabes qué” “Qué tío, qué pasó”. “Después de tres horas salieron con una persona más. Era un gringo, pero gringo de verdad. No de esos blanquitos que hay en Miraflores o La Molina. No, era un gringo de verdad. Subieron a un auto negro, hasta apunté la placa DJ-506”.
Salí del baño con la cara de cojudo y los pantalones abajo: “! Gracias tía! ¡Siempre fuiste mi preferida! Pese a que era mi día de descanso, volé al auto y enrumbé al Diario. En el camino, tras comprar una cajetilla de cigarros, me comuniqué con Jaime de la Hoya, el Editor de la Sección de Policiales para pedirle información de la placa que la gorda esa de mi tía había apuntado. Su vida chismosa sirvió en algo, al fin. “Alo, Jaime… Como estás, te saluda Gerardo… Mira, necesito un favor… Si, después te la pago. Esto es importante… apunta esta placa DJ-506.”.
Estaba con un lápiz Mongol en la meza de la sala y un cuadernillo pensando las preguntas que mañana le haría a Pepe Puertas. Las mismas interrogantes cojudas de todos los colegas fue lo primero que se me ocurrió. ¡Qué asco! No puedo creer que me haya convertido en un periodista del montón. De esos que solo se contentan con llenar sus páginas diarias para irse volando a su casa y echarse en la cama, con las medias apestosas, esperando que la esposa (infeliz desde el quinto día que se casó) le caliente la comida. Eso es mediocridad. Esta profesión está dirigida para la investigación, la exploración de la curiosidad personal. Muchas aristas que los periodistas de hoy no las ven. Nuevas generaciones, otros cerebelos y ríos de flojera. No soy tan viejo, tengo 35 años y no he dado, aún todo de mí. Pero hoy no me reconozco conmigo mismo. Me miro al espejo y las ojeras y el look desgarbado que luzco me manda a la mierda todas las mañanas. En la sala de mi casa lucen orgullosos y olvidados los premios y diplomas que recibí cuando tenía la sangre periodística corriendo por mis venas. Hoy ya no es así. Solo espero el pago de fin de mes para irme a juerguear con el Trompo, Hesitar y el “Loco” Jiménez. Este último, lamentablemente, se está perdiendo en los brazos de la iglesia. Su madre, la Tía Eugenia, piensa que parar con nosotros lo está llevando al reino de la perdición. No comprende, esta reliquia de Odría, que la amistad es algo fundamental en las relaciones alcohólicas/confesiones/arrechuras. Es verdad, lo sé. Las amanecidas tan continuas como los días nos han hecho una mala fama en San Jesuita, el distrito donde vivimos. Eso no me importa, porque vivo solo en una casa de tres pisos que está habitada por mi hermana en el primer, yo en el segundo y en el tercer es de mis patas cuando, cada quincena, armamos una parrillada juerga.
(Continuará)…
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
John Santa Cruz Manco
Contacto


