Entre el Cielo y la Tierra

VIERNES DESPUÉS DEL MIÉRCOLES DE CENIZA /CICLO B/16-02-2018

13.02.18 | 21:51. Archivado en Sobre el autor

VIERNES DESPUÉS DEL MIÉRCOLES DE CENIZA /CICLO B/16-02-2018

Hoy celebramos el Viernes después del Miércoles de Ceniza. Avanzamos en este tiempo Cuaresmal.
El programa de tu vida en Cuaresma debería decidirse en un si y en un no: No al egoísmo; No a la injusticia; No al placer sin reglas morales; No a la desesperanza; No al odio y a la violencia; No a los caminos sin Dios; No a la irresponsabilidad y a la mediocridad.
Sí a Dios, a Jesucristo, a la Iglesia; Sí a la fe y al compromiso que ella encierra; Sí al respeto de la dignidad, de la libertad y de los derechos de las personas; Sí al esfuerzo por elevar al hombre y llevarlo hasta Dios; Sí a la justicia, al amor, a la paz.

En el Evangelio de este Viernes después del Miércoles de Ceniza leemos el Evangelio según San Mateo (Mc 9,14-15). Jesús y los discípulos de Juan discuten sobre el ayuno. Jesús propone el ayuno como preparación para ir al encuentro de cada ser humano.
Para Jesús, la práctica del ayuno está ligada estrechamente a la conversión del corazón y a la práctica del amor fraterno y solidario con los hermano.

Danos otra vez tu Espíritu, Señor, para que nos volvamos un sólo corazón y una sola alma en tu nombre. Amén.

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PEDIR A GRITOS EL CONSUELO DIVINO

13.02.18 | 21:49. Archivado en Sobre el autor

PEDIR A GRITOS EL CONSUELO DIVINO

Y dijo el profeta: No huyas a la fuente donde brota la apariencia y el engaño. No te ancles sin desmayo en el egoísmo que rompe los arpegios del amor. Pide a Dios que destruya la hipocresía que trepa como yedra por las paredes del corazón y los muros del mundo.
No te encierres a tu propia carne porque entonces la maldad devorará la inocencia y se anclarán en tu puerto los enemigos del bien.
Pide a gritos que el vendaval divino se acurruque en tu herida y, entonces, de inmediato, sentirás el aroma agradable de unos buenos sentimientos.

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JUEVES DESPUÉS DEL MIÉRCOLES DE CENIZA /CICLO B/15-02-2018

13.02.18 | 17:22. Archivado en Sobre el autor

JUEVES DESPUÉS DEL MIÉRCOLES DE CENIZA /CICLO B/15-02-2018

Hoy celebramos el Jueves después del Miércoles de Ceniza. La Cuaresma es un tiempo propicio para que los cristianos renovemos nuestra adhesión a Jesucristo muerto y resucitado y nos guiemos por el camino de una profunda y progresiva reflexión. En los primeros tiempos, la Cuaresma era un período de preparación intensiva al Bautismo, que se celebra en la noche de Pascua. El ser bautizado exige una coherencia y un cambio de mentalidad. El cambio que queremos es pasar del "hombre viejo“ al "hombre nuevo".

En este Jueves después del Miércoles de Ceniza leemos el Evangelio de San Lucas (Lc 9,22-25). Jesús propone unas condiciones para seguirle. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” Jesús acepta fracasar como Mesías e identificarse como el Siervo Sufriente. La Gloria de Cristo pasa primero por la cruz. Y pasa por la cruz como consecuencia de su manera de vivir la misión.

Dirijámonos al Padre: Abre nuestros corazones a tu Palabra, sana nuestras heridas del pecado, ayúdanos a hacer el bien en este mundo. Amén.

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MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2017

13.02.18 | 17:20. Archivado en Sobre el autor

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2017
La Palabra es un don. El otro es un don

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).
La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.

1. El otro es un don

La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.
La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).
Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.

2. El pecado nos ciega

La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013).
El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.
La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).
El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación.
Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).

3. La Palabra es un don

El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7).
También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.
El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.
La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31).
De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor ―que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador― nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana.
Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.

Papa Francisco
Vaticano, 18 de octubre de 2016
Fiesta de san Lucas Evangelista.

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MIÉRCOLES DE CENIZA /CICLO B/14-02-2018

13.02.18 | 17:17. Archivado en Sobre el autor

MIÉRCOLES DE CENIZA /CICLO B/14-02-2018

Hoy comenzamos uno de los momentos litúrgicos más importantes: La Cuaresma. La Cuaresma, no lo olvides, es: mirar bien a Jesús, hasta que te lo aprendas, hasta que lo veas con los ojos cerrados. Seguir los pasos de Jesús, hasta alcanzarlo, y correr y contárselo al hermano. Salir al encuentro del hermano y ponerte a su servicio.
Hoy la Iglesia celebra a los hermanos San Cirilo y San Metodio, y a San Valentín. San Cirilo y San Metodio eran dos hermanos, considerados los dos grandes apóstoles de los países eslavos. Ejercieron su misión evangelizadora en el Imperio de la Gran Moravia en el siglo IX.
San Valentín era un médico romano que se hizo sacerdote y casaba a los soldados, a pesar de que el Emperador Claudio II, “El Gótico”, lo había prohibido. Esta oposición de Valentín a las órdenes imperiales le llevó a ser decapitado en el año 270. La Fiesta de San Valentín fue declarada por primera vez alrededor del año 498 por el Papa Gelasio I.

El Evangelio de San Mateo en este Miércoles de la Ceniza nos presenta en las tres prácticas fundamentales que deben extenderse la conversión: la limosna, la oración y el ayuno . Prácticas que deben hacerse no para que los vea la gente, sino para que los vea el “·Padre que ve en lo escondido” (cf. Mc 6.1.1-6.16-18)

Pidamos a Dios que nos ayude a vivir con intensidad esta Cuaresma en clave de conversión y de misericordia al estilo de Dios, compasivo y misericordioso. Amén.

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LA SED INTERIOR DEL ETERNO

12.02.18 | 11:45. Archivado en Sobre el autor

LA SED INTERIOR DEL ETERNO

“Hay algo en el hombre que supera al hombre mismo: un reflejo con algo de misterioso, algo de divino” (Pablo VI). ¡Efectivamente, hay algo en cada uno de nosotros que nos remite a lo Eterno, al Misterio!
El ser humano tiene necesidad de plenitud en su vida. Nunca sabemos a ciencia cierta quiénes somos pero lo cierto es que el hombre es “un ser relacional”, que sólo encuentra su satisfacción vital en la cercanía del Misterio, que le hace percibirse como pequeño y acogido en su ego.
La sed interior de todo hombre no es sino evidencia de esa búsqueda del Santo, del Creador que sustenta todo lo existente y da alas a la esperanza.
Perdido en lo tangible y cansado en sus pequeñas batallas para satisfacer su seguridad en riqueza, el hombre olvida su gran batalla, aquella que le hará encontrarse consigo mismo, porque en el fondo la identidad misma humana está más allá de su realidad finita.
Si miramos hacia dentro descubrimos que necesitamos un Dios y que tenemos necesidad de un Dios que de razones para vivir, para esperar, para confiar y para luchas.
En nuestra andadura histórica necesitamos apoyos para caminar y no naufragar en nuestros pasos.
No son suficientes “alforjas materiales” que dan seguridad y estabilidad pero que no satisfacen de manera plena al alma.
Cuando parece todo tranquilo y la satisfacción se ancla en nuestro entorno, aparece la sombra del temor.
¡Qué cercano tiene el hombre la debilidad y la fragilidad! ¡Qué pequeño es el hombre en su grandeza y qué grande es el hombre en su pequeñez!
Y aunque en el horizonte se vislumbra el “ocaso de Dios”, en el fondo en el corazón del hombre afloran deseos de bondad, de belleza, de justicia y perfección; elementos que hablan por sí mismos de que el hombre busca a Dios, el Totalmente Otro, sin saberlo ni esperarlo, porque “ante Dios nada está vacío. Todo es señal de Él” (San Ireneo).

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VI MARTES DEL TIEMPO ORDINARIO /CICLO B/13-02-2018

10.02.18 | 17:30. Archivado en Sobre el autor

VI MARTES DEL TIEMPO ORDINARIO /CICLO B/13-02-2018

Celebramos el VI Martes del Tiempo Ordinario. La vida cristiana, en el fondo, crecerá en su esencia si amamos, vivimos, imitamos y celebramos a Jesucristo, anunciado y testimoniado en la Iglesia,

En el Evangelio de este Martes de la Sexta Semana del Tiempo Ordinario leemos el Evangelio de San Marcos (Mc 8,14-21). Jesús y sus discípulos no hablan el mismo lenguaje. Los discípulos toman en sentido material unas palabras de Jesús un sentido espiritual.
En la época de Jesús, la fermentación que producía la levadura era contemplada como un proceso contaminante, como una verdadera corrupción. Esta visión negativa la aplica Jesús a prácticas no acordes con el evangelio, que personifican los fariseos y Herodes.
Jesús les hará a los discípulos dos advertencias: “Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes” (Mc 8,15).

Pedimos especialmente que nos aumente y nos fortalezca la fe, siendo auténticos testigos del Evangelio en nuestros ambientes. Amén.

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EL AMOR DE DIOS SINTONIZA NUESTRA ONDA

10.02.18 | 17:28. Archivado en Sobre el autor

EL AMOR DE DIOS SINTONIZA NUESTRA ONDA

San Agustín de Hipona en el libro “Confesiones” decía: “¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y Tú estabas dentro de mí y afuera, y así por fuera te buscaba… Tú estabas conmigo, más yo no estaba contigo”.
Dios ha encendido en nuestro corazón la llama de la búsqueda que sólo la melodía de la oración alcanza en su justa medida y el amor sintoniza su onda.
¡En este día, por favor, vuélvete hacia Dios!

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VI LUNES DEL TIEMPO ORDINARIO /CICLO B/12-02-2018

10.02.18 | 17:20. Archivado en Sobre el autor

VI LUNES DEL TIEMPO ORDINARIO /CICLO B/12-02-2018

Celebramos el Lunes de la VI Semana del Tiempo Ordinario. El cristiano es, ante todo, el que procura vivir su humanidad, su religiosidad, su relación con los demás y con el mundo, en definitiva, toda su vida, a partir de Jesucristo.

En el Evangelio de este Lunes de la Sexta Semana del Tiempo Ordinario leemos el Evangelio de San Marcos (Mc 8,11-13).
Unos fariseos discuten con Jesús y le piden una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba . Sin embargo, Jesús les advierte que no se le dará una señal a esa generación. Y se fue a la otra orilla.
Los fariseos piden a Jesús un signo del cielo, a pesar de que toda su actividad pública está llena de signos, signos a favor de los pobres y los excluidos, o impuros, de la Ley. El signo que piden los fariseos era la espectacularidad y la grandeza.
Las señales milagrosas de Jesús eran manifestaciones del Reino, e implica una adhesión y fe personal en Él. Y el mejor signo que podemos dar es el testimonio de una vida coherente según la voluntad de Dios.

Pidamos a Dios que nos aumente la fe, la esperanza y la caridad. Amén.

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COGER LA CRUZ DE CADA DÍA Y SEGUIR A JESÚS

02.02.18 | 06:20. Archivado en Sobre el autor

COGER LA CRUZ DE CADA DÍA Y SEGUIR A JESÚS

Jesús invitaba a sus discípulos a coger la cruz de cada día y seguirle. No nos engañemos. La cruz es “nuestra compañera de viaje” en el peregrinar de esta vida. No nos imaginemos cruces raras y aparatosas. La cruz aparece de mil maneras en nuestra vida diaria.
La verdadera cruz cristiana tiene un tramo hacia Dios como ofrenda y donación “a lo que falta a la pasión de Cristo”, y un trazo horizontal como tensión para mejorar este mundo.
La respuesta a la cruz y al sufrimiento está en la esperanza en la resurrección y en el triunfo de Dios.

Sólo el que es capaz de unirse a Jesucristo en su sufrimiento, será capaz de redimirse en el sufrimiento y sus penas serán causa de purificación y transformación, porque como bien decía Madre Teresa de Calcuta: “el sufrimiento tomado en sí mismo no vale nada, pero si es compartido con la pasión de Cristo es un don maravilloso”.
Esta esperanza debe alentarnos a los creyentes a no caer en el desaliento y a luchar para transformar las estructuras a favor del hombre y a trabajar para construir un mundo más de acuerdo al “proyecto de Dios”, aunque broten en nuestro interior lágrimas fuertes.

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VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO /CICLO B/11-02-2018

02.02.18 | 06:16. Archivado en Sobre el autor

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO /CICLO B/11-02-2018

Celebramos el Domingo de la Sexta Semana del Tiempo Ordinario y el Día de la Campaña contra el Hambre en el Mundo. Hoy la Iglesia celebra la memoria de Nuestra Señora de Lourdes. Esta fiesta hace referencia a las 18 apariciones de la Virgen María que Bernadette Soubirous (1844-1879) afirmó haber presenciado en la gruta de Masabvielle, a orillas del río Gave, en las afueras de la población de Lourdes (Francia) en 1854. El Papa Pío IX autorizó al obispo local para que permitiera la veneración de la Virgen María en Lourdes en 18652, unos 17 años después de la muerte de Bernadette. Fue proclamada santa por Pío XI el 8 de Diciembre de 1933.

El Evangelio de San Marcos en este Sexto Domingo del Tiempo Ordinario nos presenta cómo Jesús cura a un leproso. Jesús sigue manifestando su poder ante el mal que destruye a la persona (cf. Mc 1,40-45).
La lepra era considerada un castigo de Dios por el pecado. El enfermo era culpable de un pecado, y tenía que llevar los vestidos rotos, rapada la cabeza y cubierta la barba. Y si alguien se acercaba, debía gritar: “Impuro, impuro. Además, debía vivir fuera de la ciudad.
Sin embargo, Jesús, ante la súplica del leproso, que se pone de rodillas ante Él, le cura. El leproso cree y confía en Jesús. Y Jesús le ofrece la salvación y el verdadero rostro de Dios, que no quiere exclusiones ni marginaciones.

Pedimos especialmente hoy a Dios por todos los enfermos de nuestras familias y de nuestros. Pedimos por la erradicación del hambre en el mundo. Amén.

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VASIJA EN MANOS DEL ALFARERO

02.02.18 | 06:13. Archivado en Sobre el autor

VASIJA EN MANOS DEL ALFARERO

Dijo el profeta: Tú eres una vasija en manos del alfarero. Pero solamente seremos purificados si tratamos a los demás como queremos que nos traten.
Sabemos que el árbol se conoce solamente por sus frutos y que la medida que usemos la usarán con nosotros. Tu barro es quebradizo y solamente descubrirás que lo santo está al servicio del hombre, y no viceversa.
Días vendrán en que desearás no haber nacido pero te pediría que busques el Reino de Dios y su justicia, y todo se nos dará por añadidura.
No olvides que donde están tus riquezas estará también tu corazón. Pues yo os digo que "no amontonéis riquezas en la tierra, donde se echan a perder, porque la polilla y el moho las destruyen, y donde los ladrones asaltan y roban. Acumulad tesoros en el cielo, donde nos se echan a perder, la polilla o el moho no las destruyan, ni los ladrones que asaltan o roban" (Mt 6,19-20).

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