Entre el Cielo y la Tierra

BIENAVENTURADOS LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ

13.11.18 | 23:18. Archivado en Sobre el autor

BIENAVENTURADOS LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ

La auténtica paz debe ir unida necesariamente a la solidaridad y a la preocupación por el bien de los demás, en especial de las grandes masas de pobres que se hallan dispersos por el planeta. ¡Y cómo bien decía Antoine de Saint-Exupery: “Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”.
La paz no es solamente ausencia de guerra, sino que la verdadera paz se cimenta en la justicia y en la solidaridad. Desde este planteamiento ético, la desigualdad socio-económica entre las distintas partes del planeta y la división entre países desarrollados y países en vías de desarrollo son un atentado contra la misma existencia de la paz. ¡Cómo resuena las palabras de Cristo en esta época tan sellada de violencia: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9)!

Alber Einstein decía: “Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica yo sugerí la mejor de todas: La paz”. La aspiración para conseguir la paz entre los pueblos ha sido uno de los ideales y utopías del hombre. Sin embargo, esta misma aspiración contrasta con la realidad mundial y con la misma memoria histórica de la existencia humana en nuestro diminuto planeta.

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XXXII MIÉRCOLES DEL TIEMPO ORDINARIO/ CICLO B/14-11-2018

13.11.18 | 23:02. Archivado en Sobre el autor

XXXII MIÉRCOLES DEL TIEMPO ORDINARIO/ CICLO B/14-11-2018

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 17,11-19.

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»
Al verlos, les dijo: «ld a presentaros a los sacerdotes.»
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»
Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»

COMENTARIO:

Celebramos el Miércoles de la Trigésima segunda Semana del Tiempo Ordinario. Cada día amanece para que vida se convierta en una oportunidad para llegar a la perfección, a la madurez humana y al conocimiento pleno de la realidad.
En el Evangelio de este Miércoles de la Trigésima Segunda Semana del Tiempo Ordinario leemos el Evangelio de San Lucas (Lc 17,11-19).
Jesús va camino de Jerusalén, y pasando entre Samaria y Galilea, vienen a su encuentro diez leprosos.
Ellos les piden que tenga compasión a gritos, y Jesús les manda ir a presentarse a los sacerdotes.
En el camino quedan todos curados, pero sólo uno vuelve para alabar a Dios y darle gracias a Jesús. Y éste era un samaritano.
Jesús reconocerá que sólo el samaritano, este extranjero, ha alcanzado el fin último del milagro: entrar en una nueva relación con Dios.
Pidamos a Dios que nos conceda tener entrañas de misericordia ante el sufrimiento del prójimo y vivir en una actitud de agradecimiento permanente. Amén.

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Martes, 11 de diciembre

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