Entre el Cielo y la Tierra

TENGO EN MI CASA UN SAGRARIO VIVIENTE

01.06.18 | 04:52. Archivado en Sobre el autor

TENGO EN MI CASA UN SAGRARIO VIVIENTE

Un matrimonio cristiano tuvo una hija y vino con dificultades psicológicas y fisiológicas. La niña quedó gravemente dañada.
Sin embargo, el padre repetía continuamente: “Tengo en mi casa un sagrario viviente”.
Aquella niña, toda dependiente del cariño de los demás, sus sentimientos se expresaban nada más que con la sonrisa y el llanto. Aquella niña, sin malicia alguna, necesitaba el amor de su familia para seguir viviendo, sentada en su sillón.
Aquella niña, que para muchos no debería de existir, era un sacramento de Cristo en aquella casa cristiana.
¡Si eres cuidador de enfermos repite sin cansarte: “Tengo en mi casa un sagrario viviente”

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SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI/ 3-06-2018

01.06.18 | 04:41. Archivado en Sobre el autor

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI/ 3-06-2018

EVANGELIO DEL DÍA: Mc 14,12-16.22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?" Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

COMENTARIO:

En este Domingo la Iglesia celebra la Solemnidad del Corpus Christi. En esta fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo la Iglesia honramos la presencia real de Jesucristo en la eucaristía. Y nos viene a la mente de todos nosotros el mandato del Señor en la última cena: “Haced esto en conmemoración mía”.
La Eucaristía es exigencia de comunión con los hermanos, especialmente con los que sufren. Por esta misma razón, hoy es el día de la Caridad. Cáritas nos invita a los que celebramos la Eucaristía a tres exigencias, que son esenciales: servir a los demás frente a la exclusión social y situaciones de soledad, compartir nuestros bienes y nuestras cualidades para potenciar la comunión, e integrar a los otros rompiendo los muros que dificultan la integración.
En el Evangelio de este Domingo del Corpus Christi leemos el Evangelio de San Marcos Mc 14,12-26).
Jesús ha hecho con nosotros una nueva alianza. La sangre de esa alianza no es la de animales ni víctimas. Es la sangre del hijo de Dios, derramada en la cruz.
Queremos en este día pedirte por los jóvenes que buscan trabajo y no lo encuentran, y por los que tienen que trabajar en condiciones precarias y poco dignas. Por los empresarios que se esfuerzan por mantener y crear puestos de trabajo. Por Cáritas para que su labor de sensibilización, denuncia y ayuda a los más necesitados de nuestra sociedad sea más eficaz y más auténtica. Amén.

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BASADOS EN LA SANTIDAD DE DIOS

01.06.18 | 04:30. Archivado en Sobre el autor

BASADOS EN LA SANTIDAD DE DIOS

Toda la Historia de la Iglesia debe ser debe ser leída desde la llamada a la conversión que nos lanza el evangelio a todos.
Reconozcamos que la Iglesia es Santa y pecadora.
Santa, basada y anclada en la acción salvadora y redentora del Dios, Uno y Trino, el Dios Amor, el Sólo Santo. Santidad respaldada y alentada por el Espíritu Santo desde el principio hasta el final de los tiempos.
Pecadora, fruto de las acciones y las faltas de cada uno de sus miembros, también de los nuestros.
Realmente la Iglesia como grupo humano tiene una larga historia llena de virtudes y almas grandes pero también tiene páginas tristes y oscuras, escandalosas y atroces.
Siente que la Iglesia no se tambalea por los fallos, sino por la falta de fe, y que Dios nos llama a construir una Iglesia más fraterna, solidaria y evangélica.

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VIII SÁBADO DEL TIEMPO ORDINARIO/ CICLO B/2-06-2018

01.06.18 | 04:21. Archivado en Sobre el autor

VIII SÁBADO DEL TIEMPO ORDINARIO/ CICLO B/2-06-2018

EVANGELIO DEL DÍA: Mc 11,27-33.

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»
Jesús les respondió: «Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contestadme.»
Se pusieron a deliberar: «Si decimos que es de Dios, dirá: "¿Y por qué no le habéis creído?" Pero como digamos que es de los hombres...» (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta.)
Y respondieron a Jesús: «No sabemos.»
Jesús les replicó: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»

COMENTARIO:

Celebramos el VIII Sábado del Tiempo Ordinario. Decía Madre Teresa de Calcuta que “el fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”.
En el Evangelio de este Sábado de la Octava Semana del Tiempo Ordinario leemos el Evangelio de San Marcos. Jesús tiene una controversia con distintos representantes de la autoridad judía, y, preguntado sobre su derecho a actuar como lo hace, les pone a su vez en un aprieto: “el bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres” (Mc 11,27-33).
Ante el gesto profético de Jesús al expulsar a los mercaderes del Templo, las autoridades, alborotadas por un gesto tan provocativo, envían una delegación a pedirle cuentes de con qué autoridad ha hecho eso. Su respuesta es una pregunta, que desenmascara sus faltas intenciones.
¡Oh, Señor, con Tomás te invocamos: "Señor mío y Dios mío". Con la mujer Cananea acudimos diciendo: "Señor, ayúdame". Y con Pedro en el lago: "Aparta de mí, Señor, que soy un gran pecador". ..Y con el Centurión: "¡Verdaderamente éste era el Hijo de Dios!". Amén.

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