Entre el Cielo y la Tierra

MORIR CON ESPERANZA

01.11.17 | 16:07. Archivado en Sobre el autor

MORIR CON ESPERANZA

En una reunión de catequesis un joven expresó con intensidad su inquietud y su preocupación acerca de la resurrección de los muertos. Él no sabía a ciencia cierta si los muertos podían volver a vivir cuando en el cementerio sólo quedaba silencio y huesos, y cómo resucitaban los muertos.

Todos callaron de pronto porque aquella pregunta les preocupaba tanto o más que a su compañero y las miradas quedaron fijas en el catequista.

El catequista, un tanto nervioso, se alegró que saliera este tema tan importante para la fe cristiana y para el hombre. Releyó despacio el capítulo 15 de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, y contestó a los chicos: "El ser humano siempre se ha resistido a admitir que la muerte es la experiencia última de la vida y que la muerte, la injusticia, el dolor y el sufrimiento venzan en el devenir histórico. Siempre ha anhelado el triunfo de Dios sobre estas realidades y que el triunfo vendría del mismo Dios. La resurrección es el sí amoroso de Dios Padre a toda la obra y persona de Jesucristo, injustamente tratado y crucificado en la cruz.
¿Qué comparación haremos para comprender la resurrección de los muertos? ¡La que utiliza San Pablo! "Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano, de trigo por ejemplo o de alguna otra palabra. Y Dios le da un cuerpo a su voluntad; a cada semilla un cuerpo peculiar" (1 Cor 15,37-38).
Martín Descalzo decía: “Morir sólo es morir. Morir se acaba. Morir es una hoguera fugitiva. Es cruzar una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se buscaba”. No sabemos cómo resucitarán los muertos pero lo seguro es que tu identidad personal será conservada y que Dios saldrá en busca de tu humanidad, purificada y redimida".

Sirva este poema como un homenaje a todos los que mueren con el consuelo creyente de la Resurrección.

Voy a subir a ese lugar sin retorno
aquellos que se acurrucan en el corazón
desde las cavernas hasta los rascacielos.
¡Ah, sí, voy a subir a ese abrazo eterno
que traspasa el umbral de lo inmediato,
aquello que nosotros tocamos nada más mirar
pero que inmediatamente se hace grotesco!
Voy a subir al calor divino que quema
pero deja ensimismada a la escarcha interna,
aquella que se endurece en las grietas
desde la cabeza hasta las pasiones.
¡Ah, sí, voy a subir a ese lugar que baja
pero que no rompe la quietud de lo vivo,
aquello que solamente recorremos desde el alba hasta los sueños!

www.marinaveracruz.net


Domingo, 19 de noviembre

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