Entre el Cielo y la Tierra

I VIERNES DE ADVIENTO/ CICLO C

06.12.12 | 21:57. Archivado en Sobre el autor
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I VIERNES DE ADVIENTO/ CICLO C

Celebramos el Viernes de la Primera Semana de Adviento. El Adviento es un tiempo de esperanza y de conversión, y la razón fundamental de la esperanza es que Dios ama a nuestro mundo, y nos ama apasionadamente a cada uno de nosotros.
Ante ese amor desmedido de Dios para con nosotros, la respuesta debe ser la fe y la confianza del ser humano, y el crecimiento interior en la oración.
San Juan de Ávila decía en una de sus predicaciones: " Ora, hermano, pues tanta necesidad tienes y tenemos de orar, ora para comer, ora para ir donde hubieres de ir; no hagas cosa que primero no la encomiendes a Dios, pues va tanto en ello o acertar o errar... Conviene siempre orar y estar siempre delante de Él. Y en cualquier cosa que entiendes que está ya bien enhilada y acabada, no por eso te descuides de llamar al Señor para que venga su ayuda y favor, sin el cual ni se comenzara, ni se mediara, ni tuviera buen fin ese negocio en que entiendes. No penséis que cosa buena podéis hacer sin su consejo, antes sin él en todo erráis" (Sermón del Jueves de la Primera Semana de Cuaresma)

Hoy la Iglesia celebra la memoria de San Ambrosio. San Ambrosio nació en Treveris, en el año 340. Pertenecía a la nobleza romana y era gobernador de las provincias del Norte de Italia. Sólo era un catecúmeno cuando el pueblo de Milán lo eligió como obispo por aclamación en año 374. Brilló no sólo como predicador y poeta sino como defensor intrépido de la fe. Su influencia fue decisiva en la situación religiosa de su tiempo y dio el golpe de gracia al paganismo agonizante. Promovió con afán la piedad cristiana, luchó con denuedo contra los arrianos e impidió el restablecimiento de la idolatría en el senado de Roma. San Ambrosio contribuyó mucho a la conversión de San Agustín. Murió en el año 397.

En el Evangelio del Miércoles de la Primera Semana de Adviento leemos el Evangelio de San Mateo (Mt 9,27-312).
Jesús cura a dos ciegos que le piden gritando curación: “¡Ten compasión de nosotros, hijo de David!” Le piden curación desde la fe y la confianza.
Jesús continúa manifestando el Reino de Dios. Una elocuente señal será que los ciegos ven. Pero antes de recobrar la vista, ya habían visto con claridad quién era Jesús. Y el mensaje esperanzado de Isaías y el Mesías anunciado en las profecías del Antiguo Testamento se plenifican en Jesús. Si los signos de la victoria final será que los “ciegos vean”, entonces Jesús mismo irá curando a los ciegos.

Señor, cúranos de nuestra ceguera... porque hay tantos tipos de cegueras y somos tan ciegos. Ciegos de no reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros, ciegos de no saber comprender al que tenemos a nuestro lado, ciegos de saber mirar más allá de nuestra seguridades y nuestras pequeños proyectos…
¡Señor, envíanos tu Espíritu para que podamos descubrir al que se siente solo y necesitado! ¡Oh, Señor Jesús, te pedimos como los dos ciegos, que podamos ver"!
¡Señor, cúranos de nuestra ceguera y haz que podamos dejar en el armario de nuestro dormitorio los garfios del miedo, que paralizan casi sin darnos cuenta la llama de nuestra libertad, y ponnos alas de perfección en el corazón!
¡Danos, Señor de las promesas, hombres y mujeres buenos que sepan lo que es amar a Dios y a sus criaturas. Hombres y mujeres grandes que tengan fuego en el corazón y lágrimas en sus adentros. Hombres y mujeres que sepan ver la senda de tu voluntad como María!

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