VI MIÉRCOLES DEL TIEMPO ORDINARIO /15-02-2012
El Evangelio de San Marcos en este Miércoles de la Sexta Semana del Tiempo Ordinario , nos habla cómo Jesús cura progresivamente la vista a un ciego en Betsaida (cf. Mc 8,22-26).
El Evangelio nos relata un nuevo encuentro. Jesús desembarca en Betsaida, a orillas del lago de Galilea. Allí le presentan un ciego suplicándole que lo toque. Este hombre aparece inicialmente sin voz, sin voluntad propia y depende de otros para acercarse a Jesús. Jesús le toma de la mano, le saca del pueblo, pone saliva en sus ojos, le impone las manos, le pregunta... En definitiva, Jesús le acompaña en su proceso.
En un segundo momento, el ciego aparece con voz pero no recupera del todo la visión: expresa su falta de claridad pues ve a las personas como seres lejanos con quienes no puede entrar en relación. Finalmente vemos a un hombre sano, muy diferente al que Jesús encontró: ve claramente y puede regresar a casa por sí mismo. Seguir a Jesús es disponerse a caminar, acompañar procesos que les posibiliten a las personas ponerse en pie, caminar por ellas mismas y ver la vida con esperanza.
Usemos este precioso Himno de la Liturgia de las Horas para dirigirnos a Dios y suplicarnos que nos conceda ver con claridad: “Libra mis ojos de la muerte; dales la luz que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte.
Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva; cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos. Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede; que el corazón no se me quede desentendidamente frío. Guarda mi fe del enemigo (¡tantos me dicen que estás muerto!) Tú que conoces el desierto, dame tu mano y ven conmigo”.
Martes, 29 de mayo
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola